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El plan maestro entra en período de definiciones

Un extensísimo listado de obras pendientes intenta ser volcado a proyectos contantes y sonantes. El Gobierno se fijó como plazo de trabajo el primer semestre de 2008.

Se trata de emprendimientos de distinto calibre, a veces ampliaciones, otras a estrenar por completo para las que, además, debe buscarse fuentes de financiamiento.

“Esperamos que a partir de junio o julio de 2008 ya tengamos estas iniciativas traducidas a proyectos y programas operativos”. La expresión pertenece al secretario de Planeamiento e Infraestructura, Guillermo Federik, está referida a un sinnúmero de planes, todos que demandan una importante erogación, vinculados al desarrollo vial, portuario, sanitario, edilicio, productivo.

La idea es que cuanto antes “entren en presupuesto”, bajo la perspectiva del diseño plurianual, con posibilidades de que incluso la fase de ejecución supere los límites de una gestión de gobierno.

“Esta área, que antes fue secretaría de Obras y Servicios Públicos, será transformada en Ministerio de Planeamiento, Infraestructura, Servicios y Ambiente, lo que nos permitirá tener una visión horizontal, completa de los temas; pero el mayor compromiso es el trabajo conjunto con los otros ministerios para armar de manera integrada un verdadero ‘tablero de comando’ que le sirva al gobernador, al propio gabinete y a la sociedad para ver el grado de cumplimiento de los objetivos que esta gestión se está planteando, en los tiempos y costos programados”.

Se refirió luego el funcionario a un aspecto central, toda vez que es un riesgo cierto, concreto, que se produzca un tsunami de proyectos en serie, todos de gran volumen, que les permita un generoso ingreso a los diseñadores, pero que no terminen plasmado en realidad, por incapacidad propia.

“Queremos controlar el cumplimiento de todos los planes, programas y proyectos, de los presupuestos, para que no pase que se llega al final de un ejercicio y se pierden las partidas asignadas porque no fueron ejecutadas por falta de ejecutividad”, señaló a El Diario Federik, al añadir que “para eso, hay que tener una planificación integrada para el gasto y un control y evaluación de los resultados”.

Fue allí cuando señaló que esas metas de máxima operatividad “deben ser alcanzadas en los primeros seis meses” de gestión. “Mi compromiso es que la sociedad advierta que la planificación sirve”, enunció el entrevistado, acaso sin saber del todo que estaba constituyendo la vara con que su propio desempeño será juzgado.

NNAAPerspectivaNNCC

“Me parece que, en este momento de consolidación de la provincia, el planeamiento es una herramienta que nos va a permitir avanzar a paso redoblado en el ordenamiento y captación de inversiones, en la credibilidad del Gobierno, en el desarrollo sustentable de la provincia y el mejoramiento de la calidad de vida”.

Ante una consulta, Federik comentó que “no hemos cuantificado las obras necesarias que se dejaron de hacer por cuestiones que cualquiera entenderá si consigno que desde los inicios de la patria Entre Ríos ha quedado marginada de los planes de desarrollo e infraestructura y que ese proceso recrudeció hacia los años 70s, cuando la hipótesis de un conflicto armado con Brasil aconsejó no producir inversiones que el vecino pudiera capitalizar para sí ante una eventual invasión”.

La construcción del Túnel Subfluvial fue, en la consideración de Federik, una bisagra, un mojón a partir del cual se intentó torcer esa historia de atraso y exclusión.

NNAADificultadesNNCC

“Para estar a la altura de las circunstancias, es decir, para producir mejoras en función del usufructo que la población argentina en general hace de las facilidades comparativas y competitivas que le ofrece Entre Ríos a las comunicaciones y al transporte, estimamos que en el transcurso de la presente gestión la Nación debiera intervenir con una inversión no menor a unos 1.000 millones de pesos en infraestructura productiva”.

El funcionario acepta las dificultades planteadas. “Por supuesto que hay que recorrer un camino llegar a la declaración de prioridad y luego a la realización efectiva de las obras”, citó al puntualizar que “nosotros tenemos mucho que hacer, no sólo para convencer a las autoridades nacionales sino para coadyuvar en el financiamiento de estos emprendimientos”.

Luego determinó un mínimo exigible. “Queremos al menos que queden programadas, para que estas obras estructurales, fundamentales, estén hechas realidad más allá de la actual gestión, en base al planeamiento y los presupuestos plurianuales; es decir, si tenemos un plan a 20, 25 o 30 años, podemos pensar en un presupuesto con el año 2015 como horizonte donde aparezcan obras que están fuera del paquete que pretendemos realizar, igualmente valiosas y necesarios, como el puente del área metropolitana Paraná-Santa Fe o el enlace vial entre Diamante y Coronda y, por qué no, otras posibles vinculaciones interprovinciales”.

Federik toma impulso y recuerda, por ejemplo, que “hay ciudades con ríos en países desarrollados que tienen tres o cuatro puentes” y que, entonces, “aunque se trate de obras onerosas y técnicamente complejas, el país y la producción lo necesitan”, por lo cual “lo mejor es que se vaya trabajando en los proyectos para que el Estado pueda analizar de qué modo estas iniciativas, debidamente justificadas, podrían ser financiadas y desarrolladas en el tiempo”.

Volvió Federik a un punto recurrente. “El mayor desafío del planeamiento es que debe tener una fuerte vinculación con la acción y la gestión, de lo contrario seguiremos acumulando estudios e ideas, buenas o malas, anteproyectos o proyectos avanzados pero no la vamos a convertir en realidad”.

Como para que no queden dudas, sentenció: “Si la obra no termina concretada, es que el planeamiento no sirvió”. La frase vale tanto que bien puede ser considerada la medida del desafío.

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