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El sur de Gualeguaychú sería el más afectado

Investigadores de la UBA alertaron sobre los efectos que puede provocar en la región la producción de la pastera en Fray Bentos. En este sentido, advirtieron que la zona más damnificada será el sur de la ciudad.

Investigadores de la Universidad de Buenos Aires (UBA) determinaron que la zona que podría verse más afectada por la contaminación, como consecuencia de la actividad de la planta de Botnia, es el sur de Gualeguaychú, debido a la dirección dominante de los vientos en esa zona.

“Durante gran parte del año, los vientos soplan del noreste y, dada la posición de la planta, todo indica que habrá un arrastre de contaminantes hacia el sudoeste, en la Argentina”, consignó la doctora Irina Izaguirre, del departamento de Ecología, Genética y Evolución (EGE) de la UBA.

En un informe que se publica en la página web de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, la científica agregó que “por ese motivo, uno de los lugares fijos de medición de la atmósfera se encuentra al sur de Gualeguaychú, en el balneario Ñandubaysal y en la estancia La Victoria, frente a la planta”.

En este sentido, explicaron que esa es la zona que podría verse más afectada por la acumulación de contaminantes, “debido a la dirección dominante de los vientos”, asegura el informe.

Los controles incluyen también mediciones móviles en el puente internacional General San Martín y en el entorno de estos puntos fijos que consisten en acumular aire en bolsas durante dos horas y luego obtener información del mismo a través de equipos específicos que por ahora se alquilan a la Comisión Nacional de Energía Atómica.
La presencia de estos contaminantes varía a lo largo del año por las condiciones climáticas. Por ello, la estación de monitoreo está adosada a una estación meteorológica, se explica en el informe. Se estudia también la atmósfera para determinar las concentraciones máximas de contaminantes que la empresa declara emitir.

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Otro estudio es el de las comunidades acuáticas que, según explicó la científica, “actúan como sensores que van a registrar cualquier cambio que se produzca en el agua”.

“Si hay contaminación, van a cambiar los grupos dominantes y puede llegar a proliferar alguna especie resistente que antes no estaba”, precisó. Recordó que “todas las mediciones y muestreos se ejecutan ante la presencia de un escribano”, incluso las acuáticas, en las que “los investigadores van embarcados a tomar las muestras en el río en compañía de un escribano”.

En las actas se anota absolutamente todo. De forma que sirva como constancia ante un eventual reclamo. “Se trata de darle a las mediciones la mayor validez posible”, asegura.

Los estudios se realizan desde septiembre de 2006, en cuatro muestreos estacionales y en 20 sitios fijos, para cubrir un ciclo anual.

“Si no se hace un estudio dinámico a lo largo del año, no se puede afirmar nada. El Uruguay es un río muy dinámico. Por un lado, tiene la represa de Salto Grande aguas arriba, que controla el caudal. Por otro, recibe la influencia de la sudestada, y también las aguas del río Gualeguaychú”, señaló la doctora Inés O’Farrell, que participa del equipo junto a Izaguirre.

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Las condiciones del río, en general, empeoran en verano, porque aumenta la cantidad de nutrientes y también las algas tóxicas, que pueden afectar el hígado y el sistema nervioso de los peces, e inclusive pueden ser tóxicas para el ser humano.

“Esta situación podría llegar a potenciarse con la planta, si los efluentes incrementaran los nutrientes en el agua. Además, cuando hay una gran floración de algas en la superficie, si bien hay mucho oxígeno en las aguas superficiales, falta este elemento en la profundidad, porque las algas no dejan pasar la luz, y no hay fotosíntesis en las poblaciones vegetales del fondo. La falta de oxígeno en el fondo es mortal para los sábalos, que constituyen una de las riquezas pesqueras del río Uruguay”, explicó O’Farrell.

Junto a Izaguirre y O’Farrell, participan también de los equipos científicos Haydée Pizarro (del EGE), Alicia Vinocur (Biodiversidad y Biología Experimental, BBE) y las especialistas en zooplancton Cristina Marinone (BBE) y Soledad Fontanarrosa (EGE).

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