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El voto en blanco, los gremios y estudiantes

El PCR llama a votar en blanco el 28 de junio pero es a través del sufragio que gobiernan centros de estudiantes y son parte de la conducción de Agmer. Operan en la CTA, la CGT y ATE. Apoyaron al campo y son el talón de Aquiles e

El Partido Comunista Revolucionario podría aparecer como una fuerza minoritaria en cualquier proceso electoral, pero su fin, precisamente, no es hacer buenas elecciones ni meter legisladores en el Congreso. El PCR busca llegar al poder desde otro lado aunque como los otros partidos, carga con grandes contradicciones.

Para el 28 de junio, la fuerza llamó a votar en blanco o a impugnar el sufragio. La metodología la vienen implementando hace varias elecciones. Fue en 1995 la última vez que pidieron el voto por una propuesta electoral: el Frente del Sur, que encabezaba Fernando “Pino” Solanas. De ahí en adelante llamaron a repudiar, en definitiva, el sistema por el que se eligen los representantes del pueblo.

“La cuestión del voto en blanco no es que sea una vocación. Lo que vemos es que la cancha está embarrada”, dice Víctor Sartori a Página Política. “En los diferentes gobiernos sólo vemos sectores de poder que se van turnando”, agrega. Para el dirigente “la participación popular no se limita a la elección del voto. Éste te puede servir o no en determinadas circunstancias”.

Pablo Landó se suma a la charla. Hace un poco de historia y trae como ejemplo los comienzos parlamentarios del Partido Socialista. “En 1904 asume una banca Alfredo Palacios, era la primera conquista del socialismo; luego, en la próxima elección, lograron tres más. Había un avance en el cambio a través del Parlamento. En qué terminó todo eso, en el golpe del 30. Vuelven a participar, hacen buenas elecciones por la inserción de la clase trabajadora y viene el golpe del 43”, ejemplifica el dirigente para dar cuenta que todas las veces que se plantearon “cambios programáticos de fondo, como la dependencia, las tierras, el monopolio estatal del comercio exterior”, terminaron en dictaduras.

Crisis y campo

El PCR tiene sus diferentes expresiones para canalizar la militancia. Una de ellas es la Corriente Clasista y Combativa (CCC). Este brazo gremial nacido al calor de la crisis de 2001 fue sostén de relevantes procesos de lucha en los últimos tres años. Bancaron como nadie el corte en el Puente San Martín que une Gualeguaychú con Fray Bentos y se mantuvieron en la ruta como fieles soldados junto a los productores del campo.

El conflicto entre Argentina y Uruguay por Botnia no le valió tantas críticas como el haber apoyado a los sectores agroganaderos, calificados de “golpistas” por el Gobierno y sectores progresistas. Pero a las corridas por izquierda responden con más izquierda.

“La política sojera la implantaron los Kirchner en 2003 al atar el país a las necesidades de China que exportaba el grano. Así obtuvieron réditos fiscales fenomenales”, remarca Landó. “Por qué no hacen una reforma agraria”, desafía y recuerda: “Hace un año y medio llevaban a los Grobocopatel a Venezuela para que den cátedra de cómo sembrar soja”.

El dirigente, que supo ser presidente del Centro de Estudiantes en Ciencias de la Educación, deja en claro que saben “muy bien que hubo dirigentes que con el conflicto con el campo ya estaban pensando en lo electoral” y da nombres: Luis Etchevehere y Jorge Chemes. Landó insiste en que no comulga con ellos y que su referencia es la Federación Agraria que “ha decidido no participar en elecciones porque entiende que la lucha no se debe dar en el Congreso, sino desde el gremio”. Sartori, por su parte, define: “Las elecciones son un aggiornamiento para los intereses de las clases dominantes”.

Landó no cree que el Congreso o la política se hayan fortalecido luego de lo sucedido por la resolución 125 que establecía las retenciones móviles. “No fue el voto de Julio Cobos sino los cuatro meses de lucha de extensión nacional con el protagonismo de los pequeños y medianos productores, sectores de la ciudad y del movimiento obrero”, afirma para descalificar al mendocino. “Fue una lucha gigantesca y una de las más grandes de la historia: Eso fue lo que produjo que este tipo diga ‘mi voto no es positivo’”, sostiene Sartori.

Un esbozo de lo que fue un posible cambio en la nueva forma de hacer política tiene su raíz en la crisis de 2001. Allí – recuerdan – fueron las asambleas populares y las multisectoriales los espacios por los que podían canalizarse debates de fondo. “Finalmente todo fue ensillado y terminó en el kirchnerismo”, se quejan. “Cuando se decía que venía el gobierno popular nosotros decíamos que no. Que en realidad venían a apagar esas brasas”, recuerda Landó a lo que llamaron “el argentinazo”.

“El camino de los grandes cambios fueron las insurrecciones. Antes que Evo Morales llegue por el voto popular hubo un levantamiento indigenista; antes de que se establezca el proceso que lleva adelante Hugo Chávez hubo una pueblada frente a un golpe de Estado. Lo mismo ocurrió el 17 de octubre de 1945”, ejemplifica el ex presidente estudiantil. Y resume: “Hay un preanuncio de las fuerzas populares que imponen un programa de necesidades y reivindicaciones que después sí pueden terminar en elecciones”. “Nosotros creemos en las insurrecciones para cambiar las cosas, pero no por eso desechamos los procesos electorales”, aclara.

Espacios de poder

El PCR no sólo tiene su brazo gremial que se expresa en la CCC, sino también disputa poder en la universidad. Allí opera la Corriente Estudiantil Popular Antiimperialista (CEPA).

Landó cree que el sector estudiantil es un lugar donde “hay una libertad y una democracia para la toma de decisiones que no se ve inclusive en sindicatos”. “En un centro de estudiantes una asamblea con el 30 por ciento del estudiantado define la junta electoral, la fecha y la hora en que se vota. Hay otras reglas de juego”, precisa.

La CEPA gobierna hoy en tres casas de altos estudios de la UNER: Ciencias de la Educación, Agronomía y Bioingeniería. También desarrollan “un trabajo intenso” en Psicología y Humanidades de la Uader.

En las centrales estatales la CCC actúa dentro de la CTA y CGT, donde tiene representantes de jubilados y desocupados. También hay militantes en ATE, aglutinados en la agrupación 1º de Mayo. En el Hospital San Martín, lograron poner el delegado, Esteban Olarán.

Pero quizás la conquista más importante en los últimos tiempos fue haberse impuesto en las elecciones de Agmer. Allí forman parte de la Roja y Negro que gobierna el gremio mayoritario docente y que mayor dolor de cabeza le da al Ejecutivo.

Federico Malvasio
De la Redacción de Página Política

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