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Escenarios para el PJ

Con decisiones por tomar, las especulaciones alteran los círculos rojos. De qué está hablando la política. Mirar para atrás puede servir para pensar la mejor opción electoral.

El cronograma electoral es, en verdad, lo que interesa en las principales coaliciones políticas. Los nombres pasaron a ser una cuestión secundaria por obvios motivos. En la oposición, quienes trabajan para Rogelio Frigerio reina la ansiedad; en los sectores del radicalismo esperan para ver de qué manera se posicionan en el frente del que están seguros gobernará a partir del 2023. En el oficialismo ven si les alcanza para pelear o quien pone la cara de la derrota. De esto se habla en los círculos políticos que gobiernan.

Las fotos de Gustavo Bordet con Adán Bahl inaugurando la galería interna del palacio municipal se pasan de teléfono en teléfono. Llega a algunos periodistas con la pregunta ladina a continuación ¿y esto? La respuesta es “una foto más”. Pero a eso le sigue las declaraciones de Eduardo Macri diciendo que el proyecto de Bahl en la Municipalidad es de ocho años, aunque el intendente quiere ser gobernador. Toda una revelación. ¿O es para apurar al Gobernador? Sin certezas, lo que abunda es la especulación. Con celular, lo que falta es territorialidad.

¿Si se desdobla la elección se gana? Ningún escenario, hoy, garantiza un triunfo para el peronismo yendo al cuarto oscuro en abril y junio. Las encuestas tienen al oficialismo abajo en todas las mediciones. ¿Entonces para qué perder seis meses antes y aparecer en la escena nacional como el posible puntapié de un derrotero hostil para el Frente de Todos?.

Ir a octubre con la esperanza que algo cambie (o mejore) tampoco está en la cabeza de nadie en el seno del oficialismo. A Sergio Massa lo que se le pidió es que el avión siga volando y no se estrelle. La esperanza está en “que pase algo” que cambie el clima. Mientras tanto aparece la hipótesis de eliminar las PASO. ¿Querrá el kirchnerismo avanzar con eso? La escudería de Cristina Kirchner se ha beneficiado de esa herramienta no porque haya ganado internas, sino como elemento de presión para forzar negociaciones y colar nombres en las listas.

Bordet dio por terminado el kirchnerismo en 2016, construyó un liderazgo envidiable en Entre Ríos por fuera de la corporación política que le dio el triunfo más importante desde el ’83. Sin embargo en 2019 le abrió la puerta a Unidad Ciudadana cuando le hacían saber que ganaría cómodo sin ese acuerdo. Fue el primer acercamiento entre el “peronismo federal” y Cristina Kirchner. Meses después, la entonces senadora iba a detonar solo con un tuit ese dispositivo del pejotismo productivista más Massa, Roberto Lavagna y Miguel Pichetto.

El Gobernador le abrió las puertas al kirchnerismo y, a los cuatro meses, le estaban endilgando la derrota del binomio Fernández – Fernández en la provincia. Otra vez: ¿Para qué va adelantar la elección Bordet? ¿Para dejar de ser gobernador en abril? Juan Schiaretti jugó un pleno en Marcos Juárez y perdió.

Llevar a octubre la elección exige, inevitablemente, que todos trabajen para mantener a flote el Titanic, no que cada uno salga en busca de un bote.

Unificar las elecciones también deja lugar a la posibilidad de que se construya, en Entre Ríos, una tercera fuerza de derecha que le reste votos a Juntos por el Cambio en un distrito donde no hay ballotage.

La estadística indica que las veces que las elecciones se polarizaron, el peronismo perdió. En 1999 Héctor Maya fue derrotado por Sergio Montiel. En 2003 Jorge Busti se impone con una tercera fuerza haciendo ruido: la Concertación Entrerriana. En 2007 se produce un segundo desprendimiento del peronismo con Julio Solanas generando un escenario de tercera vía en una elección adelantada. En 2011 ese desprendimiento iba a estar a cargo de Busti en elección unificada. Lo mismo en 2015. En 2019 se polariza, el oficialismo gana en una disputa adelantada, pero a los tres meses el Frente de Todos pierde en un escenario de polarización nacional.

El escenario de diáspora y de cuartos, como en el 2001, sería el más apetecible para el peronismo.

 

Desde afuera

La elección que ungió a Montiel en un segundo mandato tuvo a favor la decisión de Busti de no adelantar y la ola nacional se encargue de ratificar el fin de ciclo.

El peronismo se resguardó en intendencias. Excepto Paraná, los principales distritos durante el período 1999-2003 estuvieron en manos del PJ: Hernán Orduna (Concordia), José Eduardo Lauritto (Concepción del Uruguay), Emilio Martínez Garbino (Gualeguaychú),  Eduardo Cerefino Golly que falleció y José Nogueira (La Paz), para señalar algunas ciudades cabeceras.

En la Cámara alta la mayoría era radical. Montiel obtuvo 11 senadores, mientras que el PJ seis. Sergio Urribarri conservó la mayoría cuando Busti le partió el peronismo en 2008. La única experiencia de un gobernador con minoría en el Senado es la de Busti durante el período 1995-1999.

La Cámara baja es una preocupación para Frigerio en el plano de la gobernabilidad. Convertido en el mejor elector, pero sin hombres de peso en los distritos más importantes puede encontrarse en un escenario similar al Busti del ’95. Fallecidos el ex gobernador y Abelardo Pacayut que era el presidente del bloque minoritario, el que más a mano tiene es Luis Leissa, que integró ese grupo. Si lleva adelante la idea de “recortar gastos para la política” todo puede ser más dificultoso.

La Boleta Única Papel (BUP); con Bordet como mejor elector, pero ya sin poder ser candidato y condenado a encabezar la lista de diputados; pudo haber sido un resguardo para los peronistas de gestión en el pago chico. Sin organización, al peronismo lo mató el tiempo.

Fuente: Página Política
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