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Juicio por Fernanda: salta una falsa historia

La mujer que dijo que vio cuando la secuestraron a Fernanda quedó detenida por mentir. La ex concuñada del chofer de Geuna hizo una burda exposición, se contradijo groseramente con una declaración anterior y quedó d

El tribunal integrado por José María Chémez, Hugo Perotti y Ricardo González ordenó la detención de Claudia Marcela Íbalo, la mujer que ingresó al expediente de la causa por el secuestro al decir que vio en el momento en que Miguel Lencina, Mirta Cháves y un “hombre barbudo” secuestraron a Fernanda Aguirre la tarde del 25 de junio de 2004.

Este jueves la mujer fue localizada y trasladada hasta la sede de tribunales, donde hizo un relato de lo que dice haber visto, pero con marcadas e insalvables diferencias respecto a la declaración que hizo cuando la causa estaba en poder de la Justicia Federal.

Nerviosa, insegura, imprecisa Íbalo fue ingresando en un callejón de mentiras que parecía quedar claro a todos los que se encontraban en la sala de audiencia. Tanto fue así que el presidente del tribunal debió recordarle que declaraba bajo juramento y preguntarle un par de veces si estaba medicada, con problemas psiquiátricos o de memoria. La testigo de la falsa historia dijo que era conciente y responsable de su declaración.

Según la historia dijo que vio el secuestro de una menor que vestía jean y que fue subida al auto por Lencina, luego de que se bajara de un auto Taunnus verde con una calcomanía de una calavera en el vidrio de atrás. Le tapó la boca y la subió a la parte de atrás del rodado, mientras ella miraba esa escena desde una distancia que no supo precisar y en una posición que fue modificando según el relato. Fue ahí cuando le leyeron que en su declaración inicial había dicho que la menor se arrimó al auto al haber sido llamada por Cháves. “Yo digo lo que ví” o “mil disculpas si no me explico bien”, eran las frases que usaba cada vez le hacían notar las diferencias entre testimonio inicial y el nuevo.

Aseguró que ese cuadro lo vio cuando salía del cementerio y se trasladaba en una moto junto a su pequeño hijo, según informó Cronista Digital.

Íbalo había incluso dicho que un joven vendedor de una florería era quien le prestó la llave para ajustar su manubrio. Cuando se lo presentaron en la sala a Eduardo Ledesma, empleado de la florería Dalila, de San Benito, aseguró que era quien le prestó esa herramienta y vio la misma situación del rapto. Ledesma había negado esa situación en la declaración anterior y por eso fueron sometidos a un careo.

La mujer le reclamó que diga “la verdad”, pero Ledesma sostuvo que la historia narrada por Íbalo no había ocurrido, con lo que se frustró el pulseo verbal. Entonces el menor fue desocupado y la mujer continuó prestando declaración. A esa altura de los acontecimientos, los rostros de los camaristas y la insistencia en recordar la situación a la que exponía quedaba claro que era inminente la detención.

Pero insistió con su versión. Un dato central es que esta mujer dijo que fue instada a declarar por un ex concuñado suyo, chofer del ex jefe de Policía, Ernesto Geuna. Contó que ella le dijo que había visto esa situación, y que él la instó a que declare.

Otra situación de cierta tensión para la mujer fue cuando debió responder por qué demoró tantos días en declarar. Según hicieron notar desde el estrado del tribunal, habló casi una semana después. “Pensé que era una broma” sostuvo y agregó que después conoció el caso.

También sumó una grave diferencia con la declaración anterior cuando sostuvo que no conocía a Fernanda Aguirre. Porque el defensor de Raúl Monzón, Rubén Pagliotto, le leyó su declaración allí donde decía inequívocamente que conocía a la menor y su familia y que la veía todos los domingos.

Luego de un cuarto intermedio en el que la mujer esperó sentada en la sala su suerte, el tribunal decidió disponer su detención ante “la mendacidad manifiesta” mostrada en su declaración. Así transcurrió parte de la quinta jornada del juicio por el secuestro extorsivo a la menor Fernanda Aguirre, en el que se encuentran procesados Mirta Cháves como coautora y Raúl Monzón como presunto partícipe secundario.

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