El estreno de la BUP en las elecciones del 26 de octubre implica un cambio sustancial en el modo de votar. Y también en las estrategias que los distintos espacios políticos se dan para hacer pesar su posición.
En las filas del oficialismo hay algunos sectores que pretenden expresar su disconformidad con el armado de la Alianza La Libertad Avanza (ALLA) promoviendo el voto en blanco para la categoría de senadores nacionales, donde los dos casilleros son ocupados por candidatos libertarios.
Con el sistema de boleta sábana partidaria podrían haber militado su posición promoviendo el corte de boleta y repartiendo la boleta cortada, sólo con los candidatos a diputados nacionales, donde la alianza provincial Juntos por Entre Ríos ocupa el segundo y tercer lugar de la lista.
Pero con la BUP eso no es posible. Lo único que les queda es pedir a los votantes que no marquen una cruz junto a las caras de los libertarios Joaquín Benegas Lynch y Romina Almeida. Una misión difícil de implementar, entre otras cosas porque la lista de senadores es la primera que aparece bajo la marca de la alianza. Requeriría de un instructivo muy preciso para un electorado que por primera vez usará el nuevo instrumento de votación.
La operación se vislumbra, como mínimo, complicada. Hace juego con la situación política del oficialismo provincial, o por lo menos de una amplia franja de Juntos por Entre Ríos que va a la elección más incómoda de su historia: al mirar la BUP, hay que hacer mucho esfuerzo de imaginación para encontrar en el nombre, el color, los símbolos y los candidatos de ALLA un rastro del líder que cohesiona al frente provincial: Rogelio Frigerio.
Hay una identidad republicana, federal, democrática, de centro; crítica del “populismo” peronista/kirchnerista, pero también de la motosierra insensible y la reaccionaria batalla cultural de Milei, que no encuentra representación en esta elección. Entre otras cosas porque es imposible votar a Frigerio sin votar al mismo tiempo a Milei.
Si algún motivo faltaba para profundizar este defecto de representación, aparecieron los audios de Spagnuolo que revelaron la existencia de un circuito de sobornos con terminal en la hermana presidencial, Karina Milei.
El peronismo tiene en Entre Ríos el problema de presentarse a elecciones dividido en cuatro listas.
Aunque, tras la decepción que producen las fuertes sospechas de corrupción, esa dispersión puede ser vista también como una virtud: una red más amplia que permite pescar votos desencantados con Milei por izquierda, derecha y centro. Y que bien podría unificarse en 2027.
En el oficialismo, en cambio, el problema no es la dispersión sino el déficit de representación. No hay forma de votar a Frigerio sin votar a Milei, con todo lo que el gobierno nacional representa en este momento. Que no es el mismo momento de un mes atrás, cuando se selló la alianza electoral de JxER y LLA.
“Estoy viendo muchos radicales que no van a votar los senadores. Están planteando votar en blanco. Dudo que no hagan una campaña para eso”, comentó a Página Política -con preocupación- un dirigente del partido más grande de JxER, que impulsó en el Congreso partidario y en la interna el apoyo a la alianza de Frigerio con LLA por una razón de supervivencia política. Esto es, evitar una derrota en un escenario electoral de tercios.
Muchos de los que avalaron esa alianza esperaban un acuerdo más equitativo. Pero JxER terminó licuado en la ALLA. No hay rastros de frigerismo ni en el nombre, ni en los colores, ni en los símbolos. Y las cabezas de listas son de LLA. De entre los cinco “entrables”, Frigerio lleva dos: el segundo y tercer diputado, uno para el PRO, otro para la UCR.
El malestar, que se extendió incluso dentro del mismo espacio interno del ministro Darío Schneider –el único radical dentro de los “entrables”– llevó a que algunos dirigentes de segundas y terceras líneas proyecten el pase de factura del voto en blanco a la lista de senadores. Sería una forma, simbólica y también práctica, de no avalar un hecho histórico: que desde diciembre el gobernador de Entre Ríos carecerá de representantes propios en el Senado de la Nación, salga como salga la elección de octubre.
Pero, en los hechos, la venganza se atisba de difícil instrumentación. No sólo por la BUP, sino fundamentalmente por una crisis de representación que le ha hecho perder eficacia a cualquier operación electoral. La BUP, en todo caso, le quita aún más poder a cualquier intento por orientar el voto.
Fuente: Página Política






