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OPINIÓN

La educación es el camino

Hace muchos años que como sociedad nos debemos plantear cuál es el rumbo que queremos tomar y qué caminos nos conducirán hacia al progreso. Es imposible abordar una profunda transformación de nuestra sociedad sin tener presente la importancia de la educación como el cimiento fundamental para que, entre otras cosas, nuestros gurises y jóvenes puedan formarse con conocimientos que le sirvan para lo que viene: un mundo signado por tecnologías y con la irrupción de la inteligencia artificial.

Por Silvina García (*)

La educación, a lo largo de las últimas décadas, ha ido sufriendo un proceso de degradación que se manifiesta no sólo en los magros resultados de las distintas evaluaciones sobre el sistema sino también en la calidad de la formación. Para mencionar algunas de las causas posibles de ello, distintos especialistas coinciden en señalar la influencia del contexto socio-cultural que estamos viviendo, la desactualización de los contenidos en los planes de estudio y la preocupante carencia de una infraestructura digna, es decir, estructuras edilicias con las comodidades y servicios necesarios para el dictado de las clases.

Sólo para ponerle datos reales a las menciones del párrafo anterior, en el último informe del Programa Internacional de Evaluación de los Alumnos (PISA) que lleva adelante la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), el nivel educativo de la Argentina está entre los peores rankeados: de 79 países evaluados, la Argentina se ubica en el puesto 63 en lectura, en el 71 en matemática y en el 65 en ciencias.

En este punto, cabe preguntarnos las razones de cómo llegamos a este lamentable estado de situación. Y la respuesta es bastante simple, tenemos un combo de problemas que comienzan en la irresponsabilidad, por parte de los Estados, de encarar un proceso transformador que nos permita dar un salto cualitativo con la educación. En este sentido, influyen los alarmantes y tristes niveles de pobreza (Entre Ríos tiene a Concordia como la ciudad más pobre del país), la carrera interminable que cada docente tiene que hacer a diario trasladándose de escuela en escuela para poder alcanzar un salario digno y las malas condiciones edilicias en la que se encuentran los colegios.

Frente a esta evidencia es que, en conjunto con diferentes actores, debemos encarar un proceso de profunda transformación educativa, garantizando que ésta sea la herramienta por la cual avancemos hacia un norte más auspicioso, un futuro más alentador. Para ello es importante recuperar, entre otras cosas, una educación que estimule el valor del esfuerzo y uno de los roles fundamentales de los docentes –al decir de un viejo maestro-  es educar la voluntad de los estudiantes, ayudarlos a desarrollar el hábito de estudiar.

También debemos ofrecerles a los docentes la posibilidad de una formación permanente donde puedan actualizar sus conocimientos y de esta manera puedan estimular a los jóvenes a formarse para el futuro. Ahí también está una de las claves fundamentales.

Muy probablemente, muchas de las actividades laborales actuales en un lapso de cinco años se transformen. Por ello, surge la necesidad de que los objetivos de la educación sean, entre cosas, formar en competencias y habilidades transversales a las distintas ciencias. Dotar a los estudiantes de conocimiento que les sirva para desenvolverse en el mundo laboral que se nos viene, en el que lo único permanente es el cambio.

Por otra parte, en nuestra ciudad resulta necesario recuperar la capacitación permanente del empleado municipal y poner en funcionamiento un Centro de Formación Municipal, donde se capaciten a los agentes de forma continua para mejorar su desempeño y que eso beneficie a Paraná. Hablamos no solo de conocimientos operativos sino también administrativos. Además, este espacio educativo puede ofrecer a la comunidad cursos y talleres que le permitan adquirir conocimientos en distintos oficios para insertarse o reinsertarse laboralmente.

En este siglo XXI, resulta imperioso tener una educación de calidad, que forme en buenos hábitos, donde el esfuerzo sea premiado y la dedicación junto a la constancia, sean los valores que se desarrollen en nuestros jóvenes.

Para ello, es necesario que dirigentes, profesionales y organizaciones de distinta índole nos comprometamos a abordar el tema y llevar adelante las transformaciones necesarias, de forma articulada e interinstitucional.

Todos los caminos conducen a que, si anhelamos un progreso, la educación tiene que ser el primer paso que debemos dar.

Es momento de actuar.

(*) Abogada. Ex Jueza de Faltas de Paraná. Precandidata a Intendente de Paraná – Juntos por Entre Ríos

Fuente: Página Política
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