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La energía va camino de ser una pesadilla

La política energética ingresará esta semana en su fase religiosa. Según los expertos, la única medida que queda por tomar es rezar para que llueva en el Comahue y para que las temperaturas se eleven un poco. De lo

Por Carlos Pagni
Para LA NACION

Lo dijeron, hace tres años, algunos entendidos: Kirchner no enfrentaría en 2007 a una oposición organizada ni a un candidato subyugante. Su adversario sería invisible, huidizo. Un enemigo que no juega con las reglas de la política. Es la energía. El gas y la electricidad. Desafiantes extraños para responderles con una estrategia electoral.

Todos los días, a eso de las 16, los principales directivos de las compañías distribuidoras de electricidad se plantan ante sus computadoras para ver, en tiempo real, el ascenso de la curva azul que dibuja en el monitor la demanda de sus clientes. Otra línea, colorada, registra la energía que ellos están entregando. Cuando una raya pisa a la otra suena un teléfono. Se oyen enseguida los ya inconfundibles gritos del secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno. O la voz dramática de Roberto Baratta, el jefe de Gabinete de Julio De Vido. Enseguida se realizan cortes sobre consumidores seleccionados de antemano según su capacidad de daño político. Nadie admitirá esto en público. Los clientes son votantes.

Las excusas para disimular la responsabilidad oficial en esta crisis son a menudo tan improvisadas como las llamadas de Moreno y Baratta. Una supuesta ola polar, la falta de lluvias o «el retraso de los deshielos», como dijo el Presidente, un poco distraído, la semana pasada. Son respuestas para sacar un cuatro. Expertos y empresarios del sector ofrecen desde hace mucho razones más aceptables: un cóctel de tarifas congeladas, aumento vertiginoso de la demanda y falta de inversión.

Kirchner pelea contra la ingeniería. La economía crece al 9% anual y a los consumidores domiciliarios se les pesificaron las tarifas del gas y la electricidad sin ajuste alguno. Para atender la demanda eléctrica que se deriva de esas variables, calculan todos los peritos, habría que incrementar la generación en, por lo menos, 800 megavatios por año. En 2007 Italia agregó a su oferta 4400 megavatios. Y España incorporó entre 2005 y 2006 unos 10.000.

Según los manuales, un parque energético funciona sin riesgo si cuenta con una reserva de 20% respecto de lo que le exigen los consumidores. En la Argentina se producen, como máximo, 18.000 megavatios. El lunes 28 de mayo la demanda fue de 18.345. Por primera vez Cammesa, la empresa que regula el mercado eléctrico, ordenó desconectar 3% de la demanda. Si las generadoras de energía quisieran producir más megavatios, aun en el límite de sus posibilidades, no dispondrían del gas necesario.

La semana pasada el irascible Moreno mandoneó al presidente de una de las dos transportadoras de gas quejándose por la escasez de ese combustible. «No tenemos nada que ver, apenas administramos un caño», le explicaron. Volvió a llamar al rato: «Ya hablé con los de Repsol y te estoy mandando el gas que te falta». Enseguida quedó vacío el gasoducto de la otra transportista. La falta de gas se explica por los precios. El mismo gobierno que está dispuesto a pagar a Evo Morales US$ 5 por un millón de BTU le reconoce al productor local US$ 1,40 por la misma cantidad. ¿Quién querrá invertir en exploración en la Argentina? Por las dudas, Moreno destacó inspectores o punteros en cada cuenca gasífera. No vaya a ser que los productores le estén escondiendo el producto.

Consecuencia de estas distorsiones: basta que baje un poco la temperatura o que llueva menos de lo que necesitan las centrales hidroeléctricas para que el sistema colapse. Hay en la actualidad 4700 grandes empresas a las que se les satisface sólo un consumo equivalente al que registraron en 2005. Si quisieran crecer, no podrían. ¿Quién pondrá plata en una economía con esta insuficiencia?

Examen en octubre

Estos datos, muy tediosos, explican la dificultad en que se encuentra Kirchner mientras se prepara para el examen de octubre. En lo inmediato, no puede aumentar la oferta energética. Es cierto que en los próximos 10 días está prevista la llegada de las dos costosas centrales compradas a Siemens. En el puerto de Campana habrá escolares con banderitas argentinas y alemanas saludando su arribo y es posible que De Vido se pasee en carroza para anunciar el final de los pesares. Pero los que saben adelantan que todavía falta más de un año para que esas usinas produzcan energía. Siempre que Electroingeniería, de Gerardo Ferreyra, el amigo de Carlos Zannini, llegue a tiempo con la obra civil. El gobierno le pidió a Siemens que durante un año esas centrales trabajen, por falta de gas, a gasoil. Está calculado que ambas podrían consumir más del 10% del que hay en el mercado.

Problemas para 2008. ¿Para Cristina? En la emergencia, Kirchner pidió «solidaridad energética» a los vecinos. Sonríe Michelle Bachelet: a Chile se le suspenden las remesas de gas cada vez que cae la oferta local. ¿Por qué Lula moderará a los brasileños en el consumo de energía para que los argentinos puedan seguir pagando el gas y la luz más barato que ellos?

Hoy Kirchner está condenado a desconectar consumidores. Es decir, votantes. ¿Cuáles? Los que menos repercusión consigan en los medios de comunicación. Se comenzó por los grandes clientes industriales. Las siderúrgicas, que demandan mucho gas, están recibiendo alrededor de 25% de su demanda corriente. Pero nadie llora por los «señores empresarios», como dice el Presidente. Ni siquiera la Unión Industrial. Aunque uno de ellos, de reconocido talento político, el jefe de Volkswagen, Viktor Klima, explicó a su amigo De Vido el martes pasado: «Si no les dan energía a mis proveedores, no puedo fabricar autos y debo licenciar trabajadores».

La embestida oficial debió cambiar de frente. Ahora Moreno y Baratta acosan a las generadoras de electricidad para que quemen gasoil o fueloil en vez de gas. Pero esos otros combustibles reducen la capacidad de las usinas en 20%, además de dañar sus turbinas. El agua escasea en los embalses de las usinas hídricas. Se gastó en el cuello de botella de fin de mayo. Conviene rezar si no se quiere racionalizar el consumo de las familias esta semana.

Capital político

Amenazado por el apagón late el corazón político de Kirchner. Temeroso de cualquier cacerolazo, signo de los tiempos en que le toca gobernar, el Presidente resolvió diseñar toda su política energética sobre una premisa incondicional: alentar el consumo barato de la clase media urbana. Allí está su capital.

Esos vecinos, que hacia las 6 de la tarde hacen subir con sus electrodomésticos la curva que miran con angustia Moreno o Barata en sus computadoras, son la viga maestra del gobierno actual. Son los que hubieran votado a Kirchner de manera abrumadora si Carlos Menem no se hubiera retirado en el ballottage de 2003. Son los destinatarios de la transversalidad y la concertación. Son la legión de independientes para la que se pensó la problemática candidatura de Cristina. Son los que insinuaron una mueca de disgusto hace dos domingos entregándose a Mauricio Macri.

¿Les explicará Kirchner que la fiesta energética acabó? ¿Será mejor hacerlo apelando a su buena voluntad o aumentándoles las tarifas? Con la vista puesta en octubre, cualquier estrategia es mejor que dejar a esa gente a oscuras.

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