En la construcción política hacia las elecciones generales de 2015, la dirigencia entrerriana trabaja sobre la hipótesis de que podría no haber dos años entre las legislativas del pasado 27 de octubre y la votación de gobernador, intendentes, legisladores provinciales y concejales. Que el tiempo que resta para las elecciones que definen el cambio de mando en la provincia, en las intendencias y en la legislatura provincial puede ser de un año y medio, si se convoca a elecciones provinciales separadas de las nacionales, en el mes de marzo, como lo permite la legislación provincial.
Eso fue lo que pasó en 2007. El entonces gobernador Jorge Busti desempolvó una vieja ley del año 1934 que lo habilitó a convocar a elecciones provinciales por primera vez separadas totalmente de cargos nacionales. (Sergio Montiel había convocado para el 23 de noviembre de 2003, luego de las elecciones presidenciales del 27 de abril, pero se votaban también diputados nacionales).
Busti tenía una razón política: evitar que un eventual apoyo de la candidatura presidencial de Cristina Fernández potencie las chances electorales de Julio Solanas, que competía por afuera del PJ con la Lista 100, y afecte la suerte de Sergio Urribarri, a quien el tres veces gobernador sin posibilidad de reelección había elegido para la “continuidad positiva” del bustismo en el poder. En ese momento, Solanas estaba mucho más cerca de los Kirchner que Busti y Urribarri no era más que el delfín político del gobernador.
Para la siguiente elección presidencial también se especuló con la posibilidad de un desdoblamiento. Fue en la segunda mitad de 2010, cuando el gobierno nacional no lograba recuperarse lo suficiente de la crisis y el revés electoral de 2009 y el gobernador Urribarri medía mucho más en la provincia. Aunque, claro está, nunca se lo explicitó de ese modo. Al contrario: desde el oficialismo se presentaba la variante como la posibilidad de ofrendar en marzo de 2011 un primer triunfo kirchnerista que mejore el clima nacional para que, en octubre, Cristina busque su reelección.
Pero el 27 de octubre de 2010 muere súbitamente Néstor Kirchner y todo cambia: la imagen de la presidenta viuda trepa las nubes y ya nadie habla más en Entre Ríos de marzo. Con razón: un año después Cristina alcanzaría el pico del 54%, aunque Urribarri la superaría con el 56%.
Ahora, para la próxima instancia presidencial de 2015 la lógica de un desdoblamiento sigue siendo la misma de siempre: evitar posibles influencias negativas del escenario nacional que, se especula en este caso, podrían venir de parte de un frente peronista opositor que encabece Sergio Massa y que potencie a sus aliados provinciales. Rápido para ocupar esa posición, Busti hizo público su alineamiento la misma noche del 27 de octubre y su esposa reelecta acordó a los tres días integrar el bloque massista en la Cámara de Diputados.
Pero ¿qué pasa si Urribarri juega una candidatura nacional, como uno o como dos? Falta mucho. Falta la interna del PJ, ver que suerte tiene el rumbo general del país. Falta una eternidad, que podría llevarse puesto incluso al propio Massa.
Por lo pronto, el tercer domingo de marzo de 2015 se marca preventivamente en el calendario como un posible punto de llegada sobre el que debe trazarse la estrategia de armado electoral. Nadie quiere verse sorprendido con que los dos años (hasta octubre de 2015) sean en realidad un año y medio.
Por eso es que en el PJ se habla de que las reclamadas elecciones internas para alinear la tropa –con reforma de ley Castrillón mediante- deberían planearse para comienzos del año que viene. Y por eso es que en la UCR, la oposición interna no quiere esperar a que la actual conducción partidaria (que es la misma dirigencia que encabezó las listas) complete su mandato en octubre de 2014.
Como dijo Urribarri, en política dos años es una era glaciar. Y un año y medio también.

