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La reelección, por la puerta de servicio

Curioso ingreso fue el que tuvo la que es y ha sido la madre de todas las batallas políticas, la razón principal por la que la reforma constitucional se demoró dos décadas en la provincia. El primer proyecto de reelecci&oa

Su autora, la convencional Eda Raquel Caramelle, tiene como principal mérito político ser la madre del diputado Darío Argain.Con todo el respeto que pueda merecer su formación como escribana, no se puede pasar por alto que Caramelle es una convencional que entró por la ventana del cupo femenino.

Pasará a la historia gracias al nepotismo que primó en el PJ a la hora de hacer los ajustes en su lista de candidatos, a fin de no caer en infracción con la legislación que promueve la participación igualitaria de hombres y mujeres.
Hubo dos casos, cabe recordarlo: Argain cedió su candidatura a su madre y el escribano Francisco Gastaldi, a su hija, la doctora Laura Inés Gastaldi.

La mención no pretende abrir juicio moral sobre una decisión que asegura que la dieta de convencional quede en la misma familia, sino simplemente corroborar que Caramelle carece de peso político propio. Esa mujer, ignota para el periodismo político, tuvo el atrevimiento de presentar –por su propia cuenta, según se explica en el oficialismo- un proyecto que habilita la reelección para gobernador y vice recién para el año 2015, esto es, que le impide al actual gobernador Sergio Urribarri competir en 2011 por un nuevo mandato consecutivo.

Con un PJ cada vez más consolidado como el partido único de Entre Ríos, las principales pujas electorales –las que definen poderes ejecutivos y no sólo bancas legislativas- ya no se libran entre oficialismo y oposición, sino en la misma interna de la fuerza política en el poder. Por eso es que la reelección, y este proyecto en particular, resulta tan sensible.

No hay que olvidar que Urribarri debe su gobernación a la tozudez de la UCR de oponerse a la reelección. Fue esa resistencia radical, que tuvo un pico en el recordado congreso de marzo de 2005, la que impidió que se reformase la Constitución a tiempo para que Jorge Busti pueda presentarse en 2007 con el propósito de quedarse cuatro años más en la Casa de Gobierno. Sin reelección y tras un prelanzamiento de su esposa, Cristina Cremer, Busti recapacitó: resolvió que el dirigente que más confianza le merecía para sucederlo era Urribarri.

Pero el peronismo es el poder, su construcción política se edifica desde las decisiones que se toman para definir el destino de los fondos públicos; que ayer fuera en el contexto del neoliberalismo excluyente de la década de los 90 y hoy en el del setentismo sojero superpoderoso, es un detalle menor.
Lo importe es el poder. Y no bien el trámite de las elecciones provinciales de marzo de 2007 formalizó a Urribarri como gobernador electo, se desató una sorda pelea por la transición, que derivó en el actual escenario de un peronismo en el Ejecutivo y otro en la Legislatura y la Convención.

Busti lo negará, dirá que es temprano para pensar en 2011, que está en contra de las proscripciones, que él nunca necesitó de reelección para ocupar tres veces la gobernación. Pero en los corrillos políticos todos interpretan que la madre de Argain no hizo otra cosa que un mandado. ¿Acaso Caramelle no tenía otras prioridades en su agenda de proyectos personales?

El proyecto está ahí, y Busti tiene los recursos como para definir su aprobación por parte de la mayoría del bloque de 23, incluso mostrándose personalmente en contra ante la opinión pública.

En la lógica de la interna peronista, quitarle la posibilidad de reelección a Urribarri es restarle poder a su gestión. Se supone que este será uno de los últimos temas que resolverá la Convención, allá por mitad de año.

NNAAPablo Bizai, para El DiarioNNCC

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