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La sustitución de importaciones muestra signos de agotamiento

El informe que elaboran los economistas del Banco Santander Río coloca a la oferta total de bienes importados en 20,1 %, igual nivel que antes de 2002, por lo que se estarían perdiendo las ventajas que sostenían este esquema. En

El nuevo escenario, con el colosal cambio de precios relativos, producto del colapso del régimen de convertibilidad, “estimuló la demanda de bienes producidos internamente, lo que se conoce comúnmente como sustitución de importaciones. Como resultado, la participación de las importaciones industriales en la oferta total de bienes manufacturados cayó al 10,9 % en 2002, desde un promedio de 20 % registrado entre 1996 y 2001. A pesar de la prevalencia de un tipo de cambio real alto (54 % por encima del nivel pre-devaluación), en 2006 este cociente rebotó al 20,1 %, por encima del promedio observado entre 1996 y 2001. A causa de ello, nos permitimos postular que las ventajas que impulsaron el proceso de sustitución de importaciones estarían disipándose nuevamente”, asegura Martín Mansur en el newsletter de economía que irradia los viernes el Banco Santander Río en la Argentina.

Es que desde 2002, la participación de las importaciones industriales en la oferta total de bienes manufacturados se había incrementando incesantemente, alcanzando 20,1 % en 2006, un valor incluso superior al 20 % promedio observado entre 1996 y 2001. Es decir, a pesar de que el tipo de cambio real multilateral (medido con precios mayoristas), se situó el año pasado un 54 % por encima del nivel registrado en 2001 (y un 66 % por sobre el promedio observado durante la década pasada), advierten los profesionales. Así, el proceso de sustitución de importaciones estimulado por el incremento de la rentabilidad empresaria (producto de una fuerte caída de los costos internos medidos en moneda dura), se habría prácticamente agotado, según esta medida.

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Como soporte, en el paper del Banco se precisa que en una nota publicada el pasado jueves 13 de septiembre en el diario Buenos Aires Económico, su director editorial, Aldo Ferrer, destaca que “la consecuente reapertura de espacios de rentabilidad en la producción de bienes, que habían sido sustituidos por importaciones bajo el uno a uno, impulsó la posterior recuperación de la economía nacional”.

La devaluación del peso, producto del colapso del tipo de cambio fijo prevaleciente en la década anterior, implicó una fuerte caída de los costos internos y un súbito encarecimiento de los bienes importados expresados en moneda local. Esto estimuló la demanda de bienes producidos internamente, que antes eran adquiridos en el exterior, lo que se conoce comúnmente como sustitución de importaciones.

“Sin embargo, de acuerdo a nuestros cálculos, la participación de los bienes industriales importados en el total de la oferta de bienes manufacturados se ha estado incrementando en forma constante desde 2002, alcanzando el año pasado un 20,1 %, muy cercano a 21,9 %, el máximo nivel observado durante la convertibilidad, y bastante por encima del mínimo nivel alcanzado tras la devaluación (10,9 %). Por lo tanto, siguiendo esta medida, el proceso de sustitución de importaciones, que como afirma Ferrer, fue uno de los motores de la expansión de la economía nacional después de la devaluación de 2002, estaría mostrando claras evidencias de debilitamiento.

Estos indicadores exhiben, en definitiva, que la prevalencia de un esquema de tipo de cambio real “alto” no estaría asegurando ahora una tasa de expansión de la oferta de productos industriales suficientemente elevada para satisfacer la creciente demanda, porque “una capacidad de producción que se expande más lentamente que la demanda implica que el consumo excedente es crecientemente abastecido por las compras externas. Esto podría estar mostrando que, de alguna forma, las ventajas que las empresas industriales experimentaron a partir de la devaluación de enero de 2002 estarían perdiendo vigor”, dice Mansur.

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Según el informe, el punto en cuestión se expresa más detalladamente en lo que ocurre en cada sector. El aumento de la participación de las importaciones en la oferta de bienes manufacturados se observa más marcadamente en la industria metalmecánica, la automotriz, las industrias metálicas básicas, las de caucho y plásticos y en menor medida en la refinación de petróleo y productos químicos. Opuestamente, el proceso de sustitución de importaciones se mantiene con inusitada fuerza en sectores como papel, ediciones e impresiones, alimentos, bebidas y tabaco y por último, en la producción de textiles.

“La regla cambiaria prevaleciente entre 1991 y 2001, cuyo objetivo inicial fue el control de la inflación, probó ser efectiva en un principio, pero por sí sola no fue suficiente para asegurar una senda estable de expansión de la economía, pues probablemente, también se requería un conjunto de reglas adicionales sobre otras de variables más allá del tipo de cambio que aseguraran una mayor consistencia intertemporal”. En este sentido, de la misma manera, un tipo de cambio real alto podría no ser una condición suficiente para la expansión de la oferta local a una marcha uniforme: una regla de ajustes graduales en el tipo de cambio nominal para asegurar el mantenimiento de un elevado tipo de cambio real, probablemente no garantice por sí sola la expansión de la economía en el largo plazo. Algunas condiciones, como un clima más adecuado que permita estimular inversiones y políticas que se focalicen en preservar el valor de la moneda (lo que en cierta forma podría ser incompatible con un objetivo de mantener un tipo de cambio real “alto” en un período muy extenso de tiempo) son también necesarias para lograr una expansión del PBI que presente menor volatilidad que la observada hasta ahora”, entiende el economista.

Fuente: El Diario

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