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Lo que se espera para el domingo

Hay un consenso casi unánime sobre quien gana la elección presidencial. Con ese escenario tan consolidado, la discusión principal de esta elección se trasladó a la pelea por el segundo lugar, que en Entre Río

La verdad sobre las elecciones presidenciales se conocerá el domingo, a eso de las 8 de la noche, cuando el escrutinio provisorio consolide una tendencia. Eso es siempre así, en toda elección. Pero la que ocurrirá dentro de cuatro días tiene la particularidad de ser la elección presidencial con el resultado más cantado de los últimos años.

Por varias razones que exceden al objetivo de este análisis (la dispersión de la oposición, la fuerte trama de apoyos al oficialismo, la percepción social de una mejoría económica a pesar de la creciente inflación) todos los pronósticos coinciden en afirmar que gana Cristina Fernández y muy pocos dejan encendida una tenue luz de alerta sobre la posibilidad de una segunda vuelta.

Esos pronósticos coinciden también en asignar el segundo puesto a la candidata de la Coalición Cívica, Elisa Carrió, por encima de Roberto Lavagna, que tiene detrás al partido radical. Esta idea instalada con fuerza en el orden nacional es la que abre en Entre Ríos el interrogante político más importante de esta opaca elección: ¿Podrá Carrió, con el apoyo en Entre Ríos de un partido tan chico como el socialista, desplazar a la UCR de su condición de principal partido de la oposición?

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Hasta hace un mes, pocos ponían en dudas que, por razones históricas y coyunturales, Entre Ríos se encaminaba a volver en octubre a su tradicional esquema electoral bipartidista.

Se decía: la desaparición de la peronista lista 100 (que encabezó Julio Solanas en marzo) y la disolución de la Concertación Entrerriana como propuesta electoral dejan el camino libre a la UCR para recuperar sin mucho esfuerzo su rol de principal partido de la oposición, que estuvo a punto de perder cuando en marzo tocó su piso histórico del 19 %, superando por apenas un punto a la lista 100.

Pero en las últimas semanas se incorporó el ingrediente nacional, como era de esperar en una elección presidencial.

Lo que hizo ruido en el plan de recuperación electoral de la UCR fue la consolidación de Carrió en el segundo lugar. La campaña dio un giro en Entre Ríos cuando la fundadora del ARI pronosticó, el 6 de octubre en Paraná: “Los radicales me van a votar a mí”.

Allí se desató la única tensión de importancia de esta campaña: la disputa por el voto radical, que podría dispararse —como en 2003— hacia los candidatos de esa extracción (Carrió y López Murphy) ante el pobre interés que despierta la figura de un peronista como Lavagna.

La primera línea de la UCR salió en bloque a tachar a Carrió de “antirradical” y se programó una vista de un emblema partidario viviente, como el ex presidente Raúl Alfonsín, con el objetivo de persuadir a los radicales sobre la conveniencia de votar al ex ministro de Duhalde y Kirchner.

El domingo, con las encuestas dando por unanimidad a Carrió en el segundo lugar y con Alfonsín en Paraná definiéndola como la adversaria, se terminaron de resolver los términos de la principal pelea electoral en Entre Ríos. Ya nadie critica al Gobierno.

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Si la elección del domingo confirmara lo que postulan las encuestas para el segundo lugar, esa sería en Entre Ríos la noticia política más importante. Estaría indicando que las estructuras partidarias han perdido su gravitación como maquinarias electorales programadas para juntar votos y, tan importante como eso, fiscalizar la elección.

La UCR es, precisamente, el único partido político en Entre Ríos —además del PJ— en condiciones de fiscalizar cada una de las 2.660 mesas que se abrirán el domingo de 8 a 18.

En comparación, el PS es un partido chico cuya capacidad propia para acumular votos no se puede medir porque en las últimas elecciones integró una coalición (la Concertación Entrerriana) que, para más complicaciones, viene en caída libre desde las elecciones de 2003: pasó del 18 % al 8 % de los votos. Es más: el PS no logró siquiera ponerse de acuerdo con sus socios radicales en la Concertación para acompañar a Carrió.

Aunque las peleas internas en la UCR son y serán tan o más importantes que la lucha por el poder real (y alguno puede suponer que no toda la minoría pondrá el suficiente empeño en la general) la dirigencia radical en su conjunto es consciente de lo que arriesga el domingo.

De cualquier modo, tanto en público como en privado exhalan confianza en el resultado favorable de la estrategia de desacreditar a Carrió en su intento por nutrirse del electorado radical más tradicional. Pero, sobre todo, en la capacidad de una estructura partidaria, con asiento en todo el territorio provincial, para cosechar y cuidar los votos.

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El grueso de la dirigencia política entrerriana separa la elección provincial de la nacional. Aunque genera expectativa, no se cree que la performance de Carrió sea tan fuerte como para modificar tan drásticamente el escenario en el que más se coincide: La expectativa de la que parten oficialistas y opositores es que el PJ, al ganar la elección llevará los dos senadores por la mayoría: Pedro Guastavino y Blanca Osuna. Y que el tercer senador será para la UCR: Arturo Vera.

Para la Cámara de Diputados, en el propio PJ se calcula que los votos alcanzarían para dos bancas (Cristina Cremer de Busti y Gustavo Zavallo). El tercer diputado sería para la UCR (Gustavo Cusinato) y el cuarto para el partido que le siga.

Para la Convención Constituyente que se reunirá a fines de enero, el PJ pretende alcanzar la mayoría. Si repitiese el porcentaje de la elección de marzo (47 %) obtendría 21 de las 45 bancas. Y, con el mismo resultado de hace siete meses, la UCR llegaría, con suerte, a 9 convencionales.

Pablo Bizai, para El Diario.

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