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Menos mal que no son peronistas, y mucho menos K

El conflicto entre Nación y las provincias vuelve a ser la escena política nacional. Los actores y los contextos. 

La intensidad en la confrontación que imprime el Presidente con sólo apelar a un teléfono móvil quizás sea un hecho único en el planeta. Se desconoce si hay un caso en el que un jefe de Estado tuitea y retuitea como un chico que parecía haber tenido los dedos atados durante años. 

Si se toman las declaraciones de Javier Milei desde el viernes pasado a este lunes por la mañana, podría arriesgarse que la relación Nación – provincias no tiene vuelta atrás. Durante el fin de semana los portales parecían pintar un país incendiado. 

La última vez que se vivió una cosa así fue a mediados de marzo de 2008, cuando Cristina Kirchner, a instancias de su ministro de Economía Martín Lousteau, pretendió implementar la Resolución 125, un sistema de retenciones móviles a las commodities según el precio. Con el tiempo los pequeños productores reconocieron que no estaba mal la medida, pero antes el país se vio sometido durante meses a un enfrentamiento que no se había registrado durante el último período democrático. Una presidenta dispuesta a no dar el brazo a torcer en una medida recaudatoria que impactaba a un sector. 

La insistencia presidencial terminó por quebrar al peronismo -muchos de sus líderes ya eran empresarios agrarios- y la política dio inicio a un intenso proceso de reorganización de fuerzas. Allí nació Cambiemos. En Entre Ríos. La cuna de esa coalición había sido, antes, el epicentro de la rebelión agroexportadora que logró sumar a comerciantes, docentes, monotributistas, estatales, cuentapropistas. Un frente policlasista dispuesto a defender el federalismo que se reclamaba desde una “mesa de enlace”. 

El país ardía. Cristina Kirchner implementó el Fondo de la Soja, técnicamente llamado Fondo Federal Solidario, que implicaba la distribución del 30% de lo recaudado por las retenciones a las provincias para llevar adelante obras sanitaria, educativa, hospitalaria, de vivienda o vial en ámbitos urbanos o rurales, con expresa prohibición de utilizarlo para el financiamiento de gastos corrientes. Se veían beneficiados, incluso, municipios que ni siquiera tenían la más mínima pertenencia a un éjido rural. 

Rutas cortadas en todo el país y supermercados con góndolas vacías como saldo del impedimento a circular era la crónica diaria.  “La mesa de los argentinos” estaba en peligro por esas retenciones que -sus detractores- daban como el final del federalismo.  

La política se moldeó en un reclamo federal. La palabra federalismo se convirtió en bíblica. Jorge Busti armó su partido Frente Entrerriano Federal; el radicalismo entrerriano ofreció en las siguientes elecciones al conflicto (2009) los tres primeros lugares de la lista a empresarios agrarios: Atilio Benedetti, Hilma Re y Jorge Chemes. 

Luego llegaron Mauricio Macri con la palabra “federal” en punta de lengua en su trastabillado castellano y el “más federal de los porteños”, Alberto Fernández. 

La quita del Fondo de Incentivo Docente (Fonid) ejecutada por Milei, además de violar una ley, exprime las arcas de un Estado federal preexistente a la Nación. 

El final del subsidio al transporte no impacta sólo en las arcas estatales y en una empresa que presta el servicio, sino que golpea al comerciante que debe sacar cuatro boletos (turno mañana y tarde) para abrir su negocio. Lo mismo el empleado de ese comercio ¿Estará previsto en la paritaria ese costo adicional? Lo mismo corre para docentes y estatales. 

El alineamiento de Sergio Urribarri con la Presidenta durante lo que fue la “lucha agraria” en “defensa del federalismo” le valió calificativos tales como “arrastrado”. 

Rogelio Frigerio está alineado al gobierno nacional en el plano general. A la ley ómnibus la calificó de “norte”, pese a algunos reparos. 

En la inauguración del ciclo lectivo, el mandatario entrerriano decidió no confrontar, sino dar otra señal de pertenecer a una misma cosa. “Nación y provincias tienen que ser un solo equipo”, dijo en la inauguración del ciclo lectivo, luego de un fin de semana en el que logró amalgamar a todo el arco político de la provincia que se solidarizó y se expresó tras el destrato presidencial. 

Los entrerrianos debemos conformarnos con poder salir a la calle, circular por cualquier ruta y encontrar, aunque sea muy caro, el producto que busquemos en un supermercado, despensa o quiosco. El peronismo, y mucho menos el kirchnerismo, no está en el comando nacional ni provincial. 

Fuente: Página Política

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