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No afectaría la composición de la Convención

Poco o nada cambiará la composición de la Convención Constituyente si para la asignación de bancas de convencionales se aplica un sistema proporcional puro o uno que asegure una mayoría. Pasa que, según las p

El árbol de la discusión legal sobre el sistema de elección de los convencionales hace perder de vista el bosque electoral, que es lo que por estas horas –a poco más de tres semanas de los comicios- más interesa a los partidos que compiten por quedarse con la mayor cantidad de las 45 bancas en juego de la Convención Constituyente que se reunirá en Paraná a partir de enero.

En términos prácticos, poco cambia que el Superior Tribunal de Justicia rechace el planteo de la UCR para que se declare inconstitucional el sistema de elección de convencionales previsto en la ley que declara la necesidad de la reforma constitucional.

Hay que recordar: para la UCR, el artículo 7 de la Ley de Reforma es inconstitucional por cuanto viola “el esquema electoral sistémico que forman los Art. 51 y 221 de la Constitución Provincial y los Arts. 114, 115, Y 117 de la Ley 2.988 de elecciones de la provincia de Entre Ríos”.

La interpretación de la ley que defiende la UCR es la que dispone que los convencionales deberán elegirse de igual modo que los diputados (art. 221 CP), lo que significa otorgar al partido que gana la mitad más una de las bancas (art. 51 CP), distribuyendo el resto de los escaños según lo disponga la ley electoral (que prevé un sistema de cuocientes que obliga a las fuerzas políticas a alcanzar un piso determinado de votos para participar del reparto de los cargos de minoría).

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Debate jurídico al margen, no hay un efecto práctico que provoque el fallo del STJ. Es más, los intereses políticos están invertidos, porque la Ley de Reforma perjudica al oficialismo y el planteo radical favorece al PJ para el caso de que no obtenga la mitad más uno de los votos.

Si se repitiesen los resultados de las elecciones del 18 de marzo, con el sistema proporcional D´Hont que prevé la ley, el PJ llevaría 21 convencionales a la Asamblea reformadora. En cambio, si se aplicaría el sistema reclamado por la UCR, con la misma proporción de votos (47%) el PJ sentaría 23 convencionales, esto es, la mitad más uno de los 45.

Pero en el justicialismo confían en obtener el control de la Convención sin necesidad del auxilio de la disposición de la Constitución que apunta a asegurar la gobernabilidad en la Cámara de Diputados. Esto es, creen poder llevar al menos la mitad más uno de los convencionales por haber obtenido igual proporción de votos.

Razonan: si en marzo, con un PJ dividido, sin Busti a la cabeza y sin Kirchner en la boleta se obtuvo el 47%, por qué no habría de superarse en octubre el 50%, ahora que esa facción (la lista 100) ha regresado al PJ y se pega boleta con la candidata a presidente que todas las encuestas dan como favorita.

Visto así, la Ley de Reforma es una concesión política del oficialismo -hecha desde la seguridad de su cómodo triunfo electoral- a algunos pedidos en ese sentido que había formulado oportunamente la Concertación Entrerriana, paradójicamente hoy fuera de la competencia electoral. Y el planteo radical no responde a otra cosa que a su tradición republicana, de apego a la legalidad (no siempre respetada en el ejercicio del gobierno, claro está), que pregona que no se puede pretender reformar la Constitución violándola.

El sistema previsto por la Constitución –el que reclama la UCR que se cumpla- beneficiaría al PJ sólo en el caso de que no alcanzase la mitad más uno de los votos. Se trata de un sistema proporcional, pero con una disposición que garantiza la mitad más uno de la representación legislativa al partido que gana las elecciones. De modo que si ese partido obtiene la mitad más uno de los votos, no hay nada que garantizar.

Aunque parezca una obviedad, no está demás repasarlo: con el sistema de la Constitución o con el de la Ley de la Reforma, si el PJ obtiene el 60% de los votos tendrá el 60% de las bancas.

La UCR obtuvo en marzo 19% de los votos, que no le alcanzaría ahora para sentar nueve convencionales. Pero, por distintas razones, los radicales poseen ahora fundadas expectativas de crecimiento. Suponiendo que la recuperación electoral de la UCR la acercarse a su caudal histórico, con un 30% habría 13 convencionales radicales.

En esa hipótesis –que confirmaría un regreso al esquema bipartidista-quedaría una decena de convencionales para distribuir proporcionalmente entre los restantes partidos.

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