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Quién te dice

El triunfo del pragmatismo en las últimas dos décadas ha sido tan rutilante que cualquier discusión ideológica ya no define posiciones y pareciera incapaz de despertar entre los votantes más interés que el qu

De tan repetido, ya no llama la atención. Ya a nadie, o a casi nadie, asombra que los alineamientos en política poco tengan que ver con las convicciones que alguna vez movieron a la dirigencia a hacer política.

El triunfo del pragmatismo en las últimas dos décadas ha sido tan rutilante que cualquier discusión ideológica ya no define posiciones y pareciera incapaz de despertar entre los votantes más interés que el que genera algún imitador televisivo, que ni siquiera responde a un guión de humor político.

Ahí está la clave: al grueso de “la gente” no le interesa, no le importa, le da los mismo la izquierda o la derecha; lo que quiere, lo único que quiere, es tener un poco más de plata en el bolsillo; no les importa quien los gobierne o cuál sea el sistema de gobierno, les da lo mismo una monarquía que una república, una organización unitaria a una federal, si total, son todos iguales.

Los políticos son todos iguales, la política es así, repiten en la letanía que les permite irse a dormir con sus inconsciencias tranquilas.

Aunque no les falte razón, aunque la dirigencia política les haya dado en los últimos años mil motivos para alimentar ese desprecio por la política, lo que no se puede desconocer es que es justamente ese desinterés el que fortalece a una dirigencia que cada vez desecha más la discusión política, que va y viene de posiciones ideológicas porque sabe que, en esta época, no paga costos por ello.

Un caso

Estos últimos siete días ofrecieron un ejemplo bastante claro al respecto, cuando no, en el río revuelto del peronismo derrotado, ese “movimiento” que tanto puede abrazar a Rojas o indultar a genocidas, como descolgar cuadros de dictadores y enjuiciar a represores, privatizar o estatizar, adular a Bush (padre) o a Chávez.

Enmarcado en la posibilidad de retornos al PJ de sectores dirigenciales que resistieron la ola kirchnerista, hace una semana se reunía el ex senador Augusto Alasino con el ex gobernador Jorge Busti. El encuentro despertó críticas que consolidaron alineamientos dentro de la gran interna provincial: el ex senador Héctor Maya quedó más cerca del gobernador Sergio Urribarri.

El domingo último, el ex gobernador Mario Moine pidió a Busti que resigne sus aspiraciones para 2011 y deje que Urribarri busque su reelección sin tener que afrontar para su gobierno los costos de un enfrentamiento interno.

La lógica dice:

Moine apoya a Urribarri.

Moine avaló la candidatura de Maya.

Luego, Maya es un aliado de Urribarri.

El silogismo se ratificó ayer, cuando Maya dijo que coincidía en un todo con el planteo que Moine había hecho en contra de Busti, es decir, a favor de Urribarri.

Problema político: Si Busti (Reutemann) está a la “derecha” de Urribarri (Kirchner), Maya está a la ultraderecha del Gobernador, porque Maya siempre estuvo en contra de Kirchner, expresó el menemismo residual.

Es más, Busti y Maya tienen la misma referencia nacional: Reutemann. Pero Maya –a diferencia de Busti- se alinea también con Ramón Puerta y con los hermanos Rodríguez Saá (ya del pobre Carlos nadie se acuerda).

Se podría decir, entonces, que Busti está a la “izquierda” de Maya, pero Maya apoya a Urribarri, que está a la “izquierda” de Busti.

Un sentimiento

Tal vez, todas estas aparentes contradicciones – que, como se excusan los peronistas, resultan incomprensibles para los que no son peronistas, porque el peronismo, explican vagamente, “es un sentimiento”- se salven con el jefe que está volviendo de las sombras: Eduardo Duhalde figura también en la amplia lista de los referentes a los que sigue Maya, y la última vez que Duhalde estuvo en Paraná fue invitado por Busti, allá por el lejanísimo agosto de 2008.

En fin, nada nuevo bajo el sol. Busti se reúne con Alasino ¿A quién puede asombrar? Confirma que los vaivenes ideológicos son la regla. Alasino fue la expresión más dura del menemismo que Busti siempre se cuidó de aclarar que no profesó, aunque haya sido en los 90 –como Reutemann en Santa Fe – un prolijo ejecutor en Entre Ríos de las políticas menemistas. Tanto, que al final de esa década impulsaría a Maya para sucederlo en la gobernación.

El ejemplo es el PJ porque fue la noticia de esta semana, pero la misma regla ha guiado al resto de los partidos. No hay razones ideológicas que expliquen los alineamientos de los últimos años: todo es pragmatismo.

Esa es la razón que llevó a Busti a tomar como compañero de fórmula en 2003 al primer kirchneristas de Entre Ríos, Pedro Guastavino; es también la razón que hizo ultra K a Urribarri, aun a costa de enfrentarse a los productores agropecuarios en el epicentro del conflicto de campo y de perder su primera prueba electoral.

¿Una utopía?

Quizás algún día las instituciones funcionen y un gobernador no necesite de alineamientos forzados para reclamar lo que es de su provincia. Quizás algún día la dirigencia vuelva a discutir política desde las convicciones y el tema no sea el poder en sí (cómo llegar y cómo mantenerse en él) sino para qué se lo quiere. Quizá algún día el electorado no defina su voto por Gran Cuñado. Quién te dice.

Pablo Bizai, para El Diario

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