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Sin alternativas a la vista

En tiempos como estos, aún próximos a elecciones presidenciales, se suelen extrapolar conflictos, problemas o contradicciones nacionales a escenarios que, como el provincial, responden a otra lógica, se mueven con otros tiempos y

Algo de eso hay en las evaluaciones que se hicieron tras las elecciones del 28 de octubre, particularmente en torno al interrogante de qué partido, fuerza política o, más aún, qué dirigente ha quedado en situación de liderar la oposición más fragmentada de la que se tenga memoria en la provincia de Entre Ríos.

Esa es una entrada que por estos días se ha hecho desde algunos medios para analizar el nuevo mapa político que han dejado los comicios presidenciales en el país. Y en Entre Ríos, con un resultado tan esperado como el que se dio (la consolidación del PJ como el partido único del distrito) la fuerza política que quedaba en segundo lugar pasó a ser la noticia.

Pero una cosa es estar en el segundo lugar, retenerlo como la UCR el domingo (con lo justo y sin remontar su piso) y otra es liderar la oposición. Para eso hacen falta dirigentes con nombre y apellido, con una trayectoria, con determinadas identidades y convicciones que encarnen esos liderazgos. Eso es justamente lo que no hay en Entre Ríos.

Y no sólo en la oposición: al peronismo le ha sido imposible hasta ahora superar el personalismo de Jorge Busti y, por la trama de poder que el Gobernador en retirada ha tejido a futuro, a Sergio Urribarri le será igual de complicado construir un liderazgo propio. Pero ese es otro tema, o no tanto.

Una diferencia sustancial entre el escenario nacional y el provincial es que Entre Ríos presenta para los próximos cuatro años un universo de gestiones uniforme, monocolor.

No hay en la provincia la expectativa que ofrece a partir de diciembre el mapa nacional, donde tanto la oposición de centro izquierda como la de centro derecha tienen la oportunidad de demostrar que son capaces de hacer desde el gobierno y nada menos que de distritos tan importantes como el de la provincia de Santa Fe y la ciudad de Buenos Aires.

Las principales ciudades de la provincia, en cambio, estarán conducidas por justicialistas, para más datos, por justicialistas que salieron del riñón de Busti: José Carlos Halle en Paraná, Gustavo Bordet en Concordia, Juan José Bahillo en Gualeguaychú. Y la lista sigue.

En Entre Ríos no hay un intendente que implique lo que Hermes Binner en la Nación, el Partido Socialista no gobierna en ningún lado, por primera vez ha conseguido un diputado nacional, básicamente porque pegó boleta con Elisa Carrió y la Coalición Cívica es un espacio político en formación, que carece de partidos constituidos.

Tampoco hay una Tierra del Fuego: no puede haberla, el ARI ha sido disuelto en 2006, cuando Juan Domingo Zacarías volvió al peronismo y se llevó los afiliados, que ahora se buscar volver a reunir para refundar el partido que abandonó Carrió.

Del macrismo ni siquiera se puede decir nada porque su crisis le impidió competir en las elecciones pasadas: directamente está fuera del mapa electoral entrerriano y sus socios de Recrear quedaron por debajo del 2 %.

Lo que resta es un radicalismo con su caudal de votos y sus responsabilidades de gobierno reducidos a su mínima expresión desde 1983. Y sin liderazgos: Arturo Vera llega al Senado de la Nación con lo justo y sin poder conservar esta vez su propio capital político en Federal y a Gustavo Cusinato octubre no lo libró de su responsabilidad en el piso histórico de marzo, como postulante a la gobernación.

Lo único que queda para evitar el enquistamiento del partido único en Entre Ríos (para evitar que la oposición se resuelva en la propia interna del PJ y no haya más alternativas) es que las fuerzas políticas no peronistas al menos consigan acordar un control de gestión en serio, ciertamente distinto al que se vio en el período que se apaga en un mes.

NNAAPablo Bizai, para El DiarioNNCC

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