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Soñez apela a Wilde para contestar a Zacarías

El ex diputado nacional, Federico Soñez, le cambió el tono a la polémica en torno a la sanción de una ley antitabaco en la provincia. Ahora cita al escritor irlandés Oscar Wilde, considerado uno de los dramaturgos m

El escrito que Soñez envió a NNAAPágina PolíticaNNCC se reproduce a continuación en forma textual:

Juan Domingo Zacarías se ha molestado conmigo por calificar de autoritaria la ley antitabaco que aprobó Diputados.

Me acusa de autoritario al intentar imponer las consecuencias de mi hábito a trabajadores obligados a servirme café, o alguna bebida más espirituosa, en algún área reservada para fumadores del bar de enfrente.

Vieja disputa esta, como lo demuestra la «Historia General y Natural de las Indias», publicada en 1526 por Gonzalo Fernández de Oviedo, donde puede leerse: «Usaban los indios desta isla, entre otros sus vicios, uno muy malo, que es tomar unas ahumadas, que ellos llaman tabaco, para salir de sentido…»

Bueno, al menos no podrá acusarme Juan de practicar hábitos foráneos, y menos de afrancesamiento, aunque debo reconocer que integro la originalmente francesa CCAAacadémie de fumeurs et d'amis de tabacCCCC, fundada en 1961 (década de excesos) en París en honor de Jean Nicot, embajador en Portugal de Catalina de Medici, y por cuyos afanes filológicos la nicotina es la nicotina.

Me acusa Juan de fumador. Le voy responder con un diálogo de CCAALa importancia de llamarse ErnestoCCCC :

LADY BRACKNELL: ¿Usted fuma?

ERNEST: Bueno, sí, debo admitir que fumo.

LADY BRACKNELL: Me alegra oírlo. Un hombre siempre debería dedicarse a algo.

Dirán que Oscar Wilde no es el mejor abogado para ciertas mentalidades. Puede ser, aunque a esta altura es muy difícil evitar la condena de los espíritus higiénicos.

Uno puede reírse, pero este tipo de leyes que pretenden disciplinarnos por nuestro propio bien son un ataque abierto al sentido humano de la vida, a la libertad, a la tolerancia, o al respeto de la diversidad como gustan decir los más modernos.

Invocar la salud de terceros es un insulto completo a la inteligencia, ya que un lugar reservado para fumadores bien puede ser atendido por fumadores o por aquellos que saben que las razones para enfermarse son tantas que sólo un loco malo puede intentar prohibirlas.

Ciertamente hay que respetar a los no fumadores. Nadie pide que se pueda volver a fumar en colectivos y aviones. No, los fumadores apenas pedimos que no nos discriminen más.

No estamos a la ofensiva. Yo no miro con ojos de asesino a la señora de la mesa de al lado que ha decidido compartir conmigo el espacio de un pub irlándes (no la misa de ocho) y que no parece dispuesta a fumarse nada.

Tampoco espero que se acerque para preguntarme «¿Le molesta si no fumo?»

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