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Tiempo de descuento para unos comicios previsibles

A un mes de las elecciones presidenciales y cuando todavía resta el tramo más intenso de la campaña, el punto de partida presenta al oficialismo como favorito. La noticia pasará por saber si retiene o aumenta los votos de

En Entre Ríos no se pueden aguardar grandes novedades de las elecciones del 28 de octubre, al menos si se considera que las expectativas hacen presumir una consolidación del Partido Justicialista como fuerza mayoritaria y de la Unión Cívica Radical como primera minoría.

Este regreso a un tradicional esquema electoral bipolar se asienta en la dispersión de las fuerzas opositoras, básicamente en la desintegración de la Concertación Entrerriana, que en 2003 había roto el bipartidismo y que hoy aparece fragmentada en cuatro partes:

• Por un lado, y con Elisa Carrió en la boleta, está el Partido Socialista (Lisandro Viale, Santiago Reggiardo).
• Con la misma intención, pero hasta ahora sin Carrió en la boleta, se presenta el Encuentro Amplio Entrerriano (EAE), los radicales que integraron la coalición (Lucio Godoy, Ana D´Angelo, Eduardo Solari).
• El Partido Comunista (Jospé Iparraguirre, Ramón Cabrera) se alió ahora con el Partido Humanista.
• El Nuevo Espacio no participa, aunque una parte podría sumar para el EAE, mientras que otra, la de Gualeguaychú (Héctor de la Fuente) fracasó en su intento por conformar una alternativa kirchnerista en alianza con el solanismo.

Ese es el dato principal: la desaparición de la tercera fuerza electoral de los últimos años, que no fue una alternativa circunstancial como la lista 100, ese oferta pejotista que en las elecciones de marzo ocupó el tercer lugar como expresión de la interna peronista que no se hizo y que se terminó librando en las generales, con Julio Solanas como candidato a gobernador.

NNAAEl desafío oficialistaNNCC

El retorno de las primeras líneas de la lista 100 a las filas del PJ -han regresado los dirigentes que más votos obtuvieron- hace presumir que en octubre el oficialismo debe mejorar su performance electoral.

Si en marzo consiguió un 47 por ciento de los votos con un PJ partido al medio, con un candidato a gobernador que no era Jorge Busti y sin participación del presidente Kirchner en la campaña, en octubre debería superar con comodidad el 50 por ciento.

Con ese punto de partida, la noticia pasaría entonces por una elección en la que el PJ no alcanzase ese caudal. O, con más razón aún, que no pudiese igualar lo obtenido en marzo.

En este último caso, la boleta sábana que tendrá en una punta a Cristina Fernández y en la otra a Jorge Busti encabezando la lista de candidatos a convencionales le serviría al Gobernador para relativizar el significado político de haber obtenido menos votos que el gobernador electo Sergio Urribarri en marzo.

Lo cierto es que nunca se puede comparar una elección con otra; aun cuando se hicieran en el mismo año, los contextos siempre difieren.

De marzo a octubre no sólo pasó que el creciente cuadro inflacionario modificó la percepción que se tiene de la marcha del gobierno, sino que lo que se pone en juego es otra cosa.

Si en marzo Busti puede sostener con acierto que se plebiscitó su gestión (que ese 47% no es en modo alguno un capital propio de Urribarri), en octubre lo que se elige antes que nada es Presidente de la Nación. Y eso es lo que se empezará a notar con más intensidad en los próximos días.

NNAALa oposiciónNNCC

La otra noticia que eventualmente podría arrojar la elección que ocurrirá en un mes es que la UCR no consiga recuperar en Entre Ríos su rol de principal fuerza opositora, sea porque la candidatura presidencial del peronista Roberto Lavagna signifique un salvavidas de plomo para esa recuperación (que los radicales voten a Carrió o a López Murphy y con eso dispersen el caudal provincial); sea porque la interna dejó heridas sin cerrar; sea porque la reforma constitucional no fue la oportunidad que algunos esperaban para aumentar el favor del electorado.

En ese caso, la expectativa pasaría por ver quien ocupa ese lugar. En teoría, cualquier propuesta está en condiciones de hacerlo. Pero si se repara en el nivel de instalación de las candidaturas presidenciales, luego de Lavagna con la UCR quedan dos: Carrió como aglutinadora del voto no peronista, republicano, con fórmula socialista pero más corrida a la derecha, y Alberto Rodríguez Saá, en su intento de juntar los pedazos rotos del peronismo no kirchnerista.

En este último caso, el espacio que integran Augusto Alasino, Héctor Maya y Aníbal Vergara debería ser algo más que una alternativa de catarsis para peronistas ofendidos por haber quedado fuera de los favores del kirchnerismo o el bustismo. Y, francamente, una performance tan alta de un hombre tan popularmente desprestigiado como Alasino sería una noticia de tapa, que merecería un profundo análisis sobre las motivaciones del electorado entrerriano.

En el caso de Carrió, se necesitaría de una avalancha de votos a favor de la fundadora del ARI que hoy no se vislumbra, una ola que sea tan grande como para obrar el milagro de convertir al socialismo de Entre Ríos en un partido de masas.

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