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Un tal Rivas, sí. Jorge. Jorge Rivas, socialista. Socialista y kirchnerista y no sólo por simpatía o convicción, también es parte del gobierno K, en un puesto muy, muy alto: es el segundo de Alberto Fernández. Rivas viene a hacer campaña a Entre Ríos, pero no lo trae el Partido Socialista. No. Nada que ver. […]

Un tal Rivas, sí. Jorge. Jorge Rivas, socialista. Socialista y kirchnerista y no sólo por simpatía o convicción, también es parte del gobierno K, en un puesto muy, muy alto: es el segundo de Alberto Fernández.

Rivas viene a hacer campaña a Entre Ríos, pero no lo trae el Partido Socialista. No. Nada que ver. Los socialistas de acá, con Lisandro Viale a la cabeza, están en otra: van con la boleta de Elisa Carrió, se ufanan de ser los dueños exclusivos del sello Coalición Cívica, que propone para la presidencia de la Nación a esta dirigente chaqueña que cuando habla guiña un ojo, no se sabe por qué, y que no vive en el Chaco y se alegra por el triunfo K en su provincia y que fundó el ARI, pero ya no pertenece al ARI, o sea que es una candidata sin partido, amiga de un tal Prat Gay que viene de la JP (Morgan, área Mercados Emergentes).

Rivas —decía— viene a Entre Ríos de la mano de Juan Domingo Zacarías que, como su nombre no deja lugar a dudas, es peronista. Es más, los archivos indican que Rivas vino varias veces a Entre Ríos por invitación de Zacarías. Pero esas otras veces la cosa era un poco más clara: Zacarías era el principal referente del ARI en Entre Ríos (si, el ARI, el partido al que Carrió ya no pertenece no se sabe muy bien por qué, lo mismo que Zacarías) y Rivas, socialista, era una suerte de aliado natural. Como ahora. ¿Se entiende?

Zacarías, como buen peronista, hace diez años llegó al Congreso de la Nación en las listas de Jorge Busti, el gobernador tercer mandato y, por eso mismo, “líder indiscutido del peronismo entrerriano”, según lo anuncian en los actos.

Una vez que se sentó en su banca, Zacarías se dio cuenta que el menemismo (que llevaba entonces siete años de gobierno) no era una cosa buena y, entonces, se volvió opositor.

Ahí lo conoció a Rivas, y a Carrió, claro. Ahora, el propio Zacarías recuerda que también por aquellos días de férrea oposición al menemismo-bustismo entabló amistad con una tal Cristina Fernández. Antes ni lo mencionaba.

Zacarías, diez años atrás, tenía como compañero en las listas del menemismo a un tal Emilio Martínez Garbino, que luego se propondría como candidato a gobernador por una coalición provincial que dio en llamarse Nuevo Espacio y que luego, no se sabe bien por qué, se rebautizó Concertación Entrerriana.

Cómo le explico. Que en esa Concertación estaban todos: Martínez Garbino, Zacarías, y Viale y algunos radicales como Lucio Godoy que también quieren ir con Carrió en las elecciones de octubre pero —no se sabe bien por qué— no lograron ponerse de acuerdo con los socialistas para presentar una boleta común y, entonces, en lugar de unir fuerzas, separan debilidades.

Hoy no está nadie con nadie, ni la Concertación quedó, no se sabe bien por qué.

De esas cosas no hablan. Van, vienen, fundan y funden partidos y coaliciones, se unen y desunen sin mediar razones aparentes, entendibles. Razones políticas, ideológicas, ideas, posiciones, visiones del mundo y de la vida, opiniones, argumentos, algo que se pueda someter a debate. Algo que permita explicar —desde el razonamiento político y no desde los intereses individuales o sectoriales— por qué no habrá una boleta de la Concertación en octubre, por qué no existe más el ARI, por qué los que comulgan con Carrió no son capaces de ponerse de acuerdo.

Misterios de la nueva política. Para explicarlos, Carrió guiñaría un ojo.

(Pablo Bizai, publicado por El Diario)

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