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Tres años no es nada

No fueron pocos los lectores que se sorprendieron con la noticia del domingo, que informaba sobre las aspiraciones del tres veces gobernador, Jorge Busti, de competir por un cuarto mandato en las elecciones de 2011. La sorpresa, para los que ven el p

¿Cuál es la razón para anticiparse a lo que ocurrirá recién dentro de tres años? Los que conocen el paño interno y a Busti en particular, no se sorprenden con el prematuro lanzamiento. Recuerdan que algo similar le pasó al ex gobernador Mario Moine, cuando transitaba su primer año de mandato. Busti lo enfrentó en 1992 y le fue mal: el entonces gobernador lo derrotó, con los intendentes como aliados. Esos mismos intendentes, sin embargo, se fueron con Busti unos años después cuando vieron que sería el siguiente candidato a gobernador del peronismo para las elecciones de 1995.

Sin embargo, cualquier traslación al presente debe tomar en consideración una importante diferencia. En su gobernación, Moine no pudo reformar la Constitución para habilitar su reelección, un beneficio con el que cuenta hoy el gobernador Urribarri, gracias a los consensos para la reforma que obtuvo Busti luego de las elecciones de marzo de 2007.

Las disputas para la sucesión son siempre intensas en los gobiernos peronistas. En un momento de la Convención Constituyente se llegó a analizar seriamente la posibilidad de no habilitarle la reelección a Urribarri. En el entorno de Busti lo explicaban como un beneficio a la gobernabilidad de la actual gestión, bajo la lógica de que Urribarri es un gobernador de circunstancias, que llegó al poder por obra y gracia de Busti y que la idea era que le cuide el sillón por cuatro años con una “continuidad positiva”.

Explicaban, por entonces, que la garantía de una gestión tranquila para Urribarri pasaba por pactar un regreso de Busti en 2011. Entonces sí, no habría palos en la rueda y Urribarri, con apenas 50 años, tendría su oportunidad una vez que el líder cumpla con su cuarto mandato y “si Dios y el pueblo así lo quiere” con el quinto, reelección mediante.
La construcción de naipes se derrumbó con la primera brisa de realismo: ya con la interna desatada por el conflicto del campo, hubiera sido un escándalo que se proscriba al Gobernador.

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Pero ¿por qué hablar ahora de 2011? Por una simple razón: la necesidad de mantener alineada la tropa bustista, en buena parte diezmada desde su salida del poder. No es que Busti hoy no ostente poder desde la Legislatura, es que ese poder puede resultar insuficiente para todo lo que tiene que contener.

Sin el manejo de los resortes del poder que otorga estar al frente del Ejecutivo, Busti ratifica su meta de mediano plazo, para que no queden dudas. Y con eso contiene, porque los suyos saben que las encuestas lo siguen favoreciendo y que su olfato canino para preservarse sigue intacto.

Sin ir más lejos, basta con repasar 2008: se subió al palco del campo en mayo, cuando la posición dura del oficialismo le hacía correr el riesgo de perder el favor del electorado no sólo rural, sino de todos los pueblos del interior, y se reunió con Kirchner en octubre, cuando –en buena medida gracias a Cobos- el conflicto se desarticuló y los chacareros dejaron de conmover al electorado de clase media, a pesar de que su situación económica es, debido a la baja de los precios internacionales, peor que antes de la resolución 125. No importan tanto los hechos, como la percepción que de los hechos tenga el electorado.

Busti ratificó ahora su objetivo mayor (que había declarado públicamente el mismo día que le entregó el poder a Urribarri) para que no queden dudas, tras la suerte de pacto de convivencia que había firmado con el Gobernador para que la interna no termine lesionando la gobernabilidad.

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En el ámbito de una reunión de su sector –la realizada el sábado en Villaguay- receptó también el malestar de los legisladores que no son tenidos en cuenta por el Poder Ejecutivo y pidió a los funcionarios que no “discriminen” a los bustistas.

Lo curioso del caso es que quizá la mitad de los funcionarios de la gestión Urribarri son bustistas, algo que resulta lógico si se toma en cuenta que el liderazgo de Urribarri se empezó a construir recién el 10 de diciembre de 2007, dado que en el peronismo entrerriano lo que existe es el bustismo, y lo que se conoce como urribarrismo es, en todo caso, algo en formación.

La pelea Urribarri-Busti pone en un brete a todo ese funcionariado que prende velas para una reconciliación y que, como militantes, han atravesado un año difícil con las repetidas amenazas de actos paralelos a medias consumadas. Saben también que jugarse les puede salir muy caro ante un eventual reencuentro de los viejos socios políticos.

NNAAPablo Bizai, para El DiarioNNCC

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