El histórico debate televisivo, en 1973, entre los dirigentes sindicales Agustín Tosco y José Ignacio Rucci, es recreado por una obra teatral del director y autor Manuel González Gil.
La puesta, encargada por una organización sindical, ha tenido una inesperada respuesta del público y de la crítica en una serie de presentaciones que incluyó cinco meses en cartel en el Multiteatro del circuito comercial de calle Corrientes, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
La Unión del Personal Civil de la Nación (UPCN) decidió organizar la puesta en escena de El Debate en Paraná. Será el 17 de octubre, en el Centro Provincial de Convenciones (CPC), a las 21, con entrada libre y gratuita.
Rucci y Tosco protagonizaron el histórico cruce en vivo por Canal 11, el martes 13 de febrero de 1973, un mes antes de las elecciones que se realizarían en marzo. Fue durante el programa “Las dos campanas”, conducido por Gerardo Sofovich y con un panel de periodistas.
González Gil es autor y director de la puesta teatral que reconstruye ese episodio con las actuaciones de Enrique Dumont (Rucci) y Gabriel Rovito (Tosco).
En diálogo con Página Política, González Gil puso de manifiesto el modo en que las palabras de aquel intercambio resuenan en el presente que viven los trabajadores en la Argentina de 2026.
–En su trayectoria como director y autor, hay un marcado interés por hacer teatro en base a hechos históricos. ¿Qué desafíos supone esa tarea? ¿Por qué le pareció relevante, particularmente, recuperar este cruce entre estos dos dirigentes sindicales?
–Sí, por distintos motivos la escritura de hechos históricos o de hechos que se vinculen a una memoria activa me estuvo rondando mucho tiempo. La Secretaría de Cultura de Buenos Aires me encargó un ciclo de obras a representar en las plazas. La Revolución de Mayo, con un ciclo que se llamó Patriotas. Presentamos cómo fue el proceso de Manuel Belgrano con la creación de la bandera o la llegada de Sarmiento, en un barco que venía de Estados Unidos, antes de ser Presidente. En los 90 también me gustó una idea de Santiago Kovadloff. “Inmortales somos todos”, decía Kovadloff porque todos nos sucedemos en el otro, habrá otro director que me suceda, habrá otra periodista. Los inmortales son pocos. Con esa idea escribí Porteños y después Porteñas, personajes inmortales que, sin modificar su edad, se instalaban en determinadas fechas: la primera vez que votó la mujer, el bombardeo a Plaza de Mayo, y otros hechos memorables. A esta propuesta me la propuso la Unión Obrera Metalúrgica que quería hacer algo en conmemoración a Rucci. Recordé que muchos años antes había leído un librito editado por la Universidad Nacional de Córdoba, con la transcripción de este cruce entre Rucci y Tosco. Desde ese momento pensé que allí había una obra de teatro. Ese debate fue una bisagra en la televisión, un programa que vio todo el país.
–Son dos dirigentes sindicales profundamente opuestos. ¿Se puede encontrar, en la obra, algún punto en común entre ambos?
–Encontramos a Rucci y a Tosco, dos sindicalistas absolutamente opuestos, en un momento muy especial del país. Claro que se unieron porque tenían, en principio, un enemigo común que era la dictadura. Decidieron unirse sabiendo que los dos tenían posturas profundamente diferentes, sobre todo en lo sindical. Tosco era un sindicalista absolutamente teórico, con unos principios que no los movía ningún tipo de conveniencia ni pragmatismo; Rucci era totalmente lo contrario, un político que lo único que buscaba era que todo el sindicalismo se uniera detrás de Juan Domingo Perón para retornar al proceso democrático que era lo primero en plena dictadura. Esto hizo que los dos se unieran aun siendo casi imposible. Nunca iban a coincidir, pero ante el enemigo común juntaron sus fuerzas.
–Rucci y Tosco hablan y representan a un trabajador, un sujeto al que se le han cambiado profundamente sus rutinas, sus condiciones laborales, sus mandatos históricos y sus lazos sociales. ¿Cómo resuena en el presente la voz de estos dirigentes en un tiempo tan distinto?
–Es conmovedor ver lo que pasa en la sala. Por ahí no tenés la absoluta dimensión de lo que significan esas palabras en el hoy, en el ahora que nos toca vivir. Vas a ver lo que provoca en los espectadores. Cada vez que hemos trabajado con un público absolutamente concientizado de lo que estamos hablando en la puesta, se termina casi cantando al unísono “esta es la unidad de los trabajadores”. La gente lo grita, lo canta, lo expresa, lo exterioriza, casi como una necesidad después de ver la obra. Escucharlos a Rucci y a Tosco, con posturas absolutamente antagónicas, pero sabiendo que lo más importante era el país, era la unión para combatir un frente común, inhumano, en el presente que está viviendo el país deriva en lo que pasa en el público. Es absolutamente conmovedor.
–A usted como autor, ¿le interesa ser fiel a aquel debate de 1973 o prefiere una recreación en función del presente?
–Yo como autor me obligo a ser fiel, me debo a eso. Quise ser absolutamente fiel. Casi no modifiqué los diálogos; invertí el orden, sí, pero para un crecimiento dramático de la obra. Me mantuve fiel a todo lo que se jugó en el diálogo. No era necesario hacer otra cosa: la connotación social la da el público y la realidad actual. Las palabras resuenan y empiezan a tener un significado absolutamente tremendo en la comparación con el hoy. No es necesario modificar un ápice de lo que dijeron porque es absolutamente vigente y conmovedor escucharlo en el hoy y ahora que nos toca vivir.
–¿Qué ha recogido del público desde que El debate está en escena?
–Desde que estrenamos han sido nada más que sorpresas. Cuando hablamos con la UOM, la mitad de las entradas de su auditorio, allí en Caballito, era para los afiliados de la UOM, y el resto para el público que sacaba entradas. A la semana, vemos que estas entradas al público se habían agotado. Un auditorio que no está en el circuito comercial. Después el Senado de la Nación la declaró de interés cultural a la obra. Le comenté a Carlos Rottenberg lo que estaba pasando, que había un interés genuino. Me propuso probar en la sala del Multiteatro de calle Corrientes. De forma impensada El Debate empezó a estar en calle Corrientes: enero, febrero, marzo, abril y mayo en el Multiteatro. La incursión casi comercial fue sorprendente. Fuimos nominados a los Premios ACE en cuatro rubros. Fue impresionante la respuesta. La obra ha sido una sorpresa constante. Ahora celebramos poder estar en Paraná, poder llevarla a un público consustanciado por el sindicalismo, que conoce las dificultades por las que se está atravesando. Buscamos que estas palabras puedan ser ubicadas en el entorno, en la realidad que estamos viviendo. Me parece verdaderamente hermoso que suceda.


