El resultado de las primarias del 14 de agosto, potenciado en Entre Ríos por las particulares reglas de juego que dejaron a muchos fuera de competencia, instaló la sensación de que ya no hay lucha por el poder.
Aunque esto último sea prácticamente indiscutido en el orden nacional y se acepte al menos una clara ventaja oficialista en el orden provincial, no todo está resuelto, hay mucho por definir el 23 de octubre. Sergio Urribarri podrá ser el favorito, pero nada tiene asegurado. Y a nivel de intendencias es mucho el poder en juego –la elección de Paraná es una de las que se perfila más reñidas- y también es importante la expectativa opositora en disputar la representación parlamentaria.
Sin embargo es muy poco el debate público que ofrece esta pálida campaña electoral. Con la foto que dejó la elección primaria del 14 de agosto, el oficialismo optó, con sentido común, por no hacer olas y se ha limitado a concentrarse en la gestión y afirmar su base militante para aceitar su poderoso aparato electoral. Y la oposición, después de un par de semanas de desorientación, se ha quedado virtualmente muda, quizá en la idea de que la crítica no paga en un contexto en el que la mayoría dice que está bien y espera estar mejor en los próximos años y donde, por eso mismo, han venido imponiéndose electoralmente los oficialismos de cada distrito.
En algunos sectores de la oposición se percibe un esfuerzo para ajustar el discurso de campaña a este nuevo contexto. Para Jorge Busti, por caso, ya no es que todo está mal por culpa de aquella “deformación trágica del peronismo” que a su juicio expresara el kirchnerismo hasta hace algunos meses. El candidato del Frente Entrerriano Federal dice ahora que las cosas están medianamente bien, que el país está mejor, pero que hay formas superadoras para aprovechar el buen momento.
Salvando las distancias que impone la pelea peronista, hay mucho de esto también en el discurso del candidato radical Atilio Benedetti.
A diferencia de lo que ocurre en el orden nacional, donde la competencia se plantea entre los opositores para disputar la mitad que no votó al gobierno, la forma en cómo se sufragó el 14 de agosto en Entre Ríos –sólo participó Urribarri en el orden provincial- genera cierta expectativa en algunos sectores de la oposición de recibir parte del caudal que en las primarias fue al oficialismo.
Frente
A nivel nacional la expectativa que abre el 23 de octubre se reduce a definir qué tan hegemónico será el segundo gobierno de Cristina. Se ha instalado la idea de que la elección sirve sólo para determinar qué tipo de contrapeso opositor se conformará en el Congreso, si uno peronista, si uno radical, si una versión más republicana de progresismo. A lo sumo, la definición más importante en términos de lucha política pasaría por resolver quién queda liderando la oposición. Ahí es donde emerge la figura de Hermes Binner, con todo el descalabro que eso supone para el radicalismo y el peronismo opositor.
En Entre Ríos el efecto Binner golpea de lleno en el Frente Progresista que encabeza Benedetti, en alianza con el socialismo y la Coalición Cívica. La necesidad de pegar su boleta con los candidatos a presidente de las tres fuerzas que integran la coalición, Ricardo Alfonsín (UCR), Hermes Binner (Partido Socialista) y Elisa Carrió (CC) pasó a ser vital para el candidato a gobernador del radicalismo después de la devaluación electoral que golpeó a Alfonsín tras su pobre desarrollo en las primarias, al tiempo que afectó el siempre inestable equilibrio interno en la UCR.
Los problemas para conseguir la habilitación judicial del triple pegado nacional desnudaron la fragilidad del acuerdo que sostiene al Frente Progresista. La duras peleas públicas entre radicales y socialistas que son parte de una misma boleta es justo lo que desaconsejaría el más elemental de los manuales electorales a tan poco de los comicios.
Macrismo
La tensión en el Frente Progresista contrasta con el relajado paso de campaña de PRO, que esta semana fue noticia por el atípico acto de lanzamiento de la candidatura a gobernador de Armando Saliva, cantando y tocando la guitarra junto a Mauricio Macri en la costanera de Paraná.
Al menos para lo que mostró para afuera, Saliva tomó casi como un dato sin importancia y hasta un positivo desafío al traspié judicial que sufrió el jueves para llevar a Eduardo Duhalde como candidato a presidente en la boleta.
Aunque en cualquier elección presidencial es en teoría siempre un problema competir con una boleta corta, la reacción no deja de guardar cierta lógica si se toma en cuenta que el acuerdo con Duhalde se cerró cuando el ex presidente generaba una expectativa importante, que el 14 de agosto se encargó de sepultar.
Ahora PRO tiene el desafío de demostrar cuánto puede reunir por si mismo, si eso le alcanza para la representación legislativa provincial que imaginaba capitalizar con parte de los 80 mil votos que en agosto juntó Duhalde en la provincia, y si consigue obtener una posición que sirva al horizonte presidencial que Macri se fijó para 2015.
Binner
El otro foco de atención de la elección provincial estará dado por la candidatura a gobernadora de Ana D´ Angelo, por el GEN, que se ha visto potenciada por su pegado con Binner. Los votos obtenidos en las primarias por la lista de diputados nacionales que pegada a Binner encabezó Osvaldo Fernández le permiten proyectar una interesante representación parlamentaria provincial. Dependerá, en buena medida, de si consigue retener la exclusividad del pegado con Binner, algo que se definirá esta semana.

