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Un virus ajeno a Entre Ríos

Entre Ríos es de los distritos del país donde la opción nacional que divide a los radicales entre kirchneristas y lavagnistas no ha calado.

No sólo no hay radicales K entre la primera línea dirigencial —como ocurre en provincias como Mendoza, Río Negro, Santiago del Estero, Corrientes, Buenos Aires, Tierra del Fuego— sino que en la Convención Nacional donde el radicalismo dio su apoyo a la candidatura presidencial del ex ministro de Kirchner, los delegados entrerrianos se abstuvieron de votar, porque pretendían una fórmula íntegramente radical.

Aquí, la boleta de la UCR del 28 de octubre (los candidatos a legisladores nacionales por Entre Ríos y a convencionales) irá pegada a la fórmula Lavagna-Morales, pero sólo por disciplina partidaria. En el último congreso radical, el debate nacional se soslayó y apenas si se esbozó al final de una reunión de cinco horas, cuando los asuntos centrales ya habían sido resueltos y los congresales abandonaban las deliberaciones.

La elección de octubre es presidencial, pero paradójicamente el asunto nacional no está presente en la interna radical convocada para el 26 de agosto. Es una estrategia no convenida pero coincidente en las dos listas que proponen candidatos para legisladores y convencionales: responde a una razón de supervivencia política.

En una interna en la que se volverá a votar a padrón cerrado, definirse por Kirchner sería una agresión al corazón radical de los afiliados, implicaría quedarse directamente fuera de la interna. Y hacerlo por Lavagna puede resultar imprudente en este momento; ya habrá tiempo para abordar la cuestión nacional en la elección de octubre. O no tanto, si es que los comicios se provincializan desde el justicialismo.

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La pureza radical de Entre Ríos siempre estuvo libre del virus K. O casi. En marzo del año pasado se produjo un estornudo que preocupó a muchos. Fue cuando un grupo de 13 intendentes de la UCR viajó a Buenos Aires para participar de una reunión en la que se pretendía destrabar proyectos de obras públicas presentados ante el Ministerio de Infraestructura de la Nación. En ese encuentro, se les explicó que las gestiones se verían agilizadas si, a cambio, los intendentes radicales se sumaban al “proyecto del Presidente”.

La noticia causó entonces un considerable revuelo, pero lo que podía entenderse como un desembarco de Kirchner en el radicalismo entrerriano terminó por licuarse con el paso del tiempo.

El debate no estuvo presente en la interna de ese año —a pesar de que rozaba a quien terminó siendo el candidato a la gobernación, Gustavo Cusinato– y, como se dijo, tampoco lo está en la actual, donde los impulsores de aquel diálogo con el gobierno nacional están repartidos en las dos listas.

La otra oportunidad en la que se habló de Kirchner con firmeza puertas adentro de la UCR fue en los días previos a las elecciones provinciales del 18 de marzo. Aunque nunca se hizo público, fue un secreto a voces el intento de acercamiento con segundas líneas del gobierno nacional por parte del candidato a intendente Sergio Varisco.

Por aquellos días —y también por éstos— dirigentes de distintas extracciones internas coinciden en sostener que, de haber ganado la intendencia de Paraná, Varisco se hubiese convertido en el primer radical K de peso en la provincia.

Es que en la identificación de sectores de la UCR con el proyecto nacional hay poco de persuasión y mucho de necesidad de parte de quienes tienen responsabilidades de gestión en un país que en los últimos años ha visto concentrada la disposición de sus recursos en la discrecionalidad del Poder Ejecutivo Nacional. Y, por como vienen las cuentas municipales, Varisco hubiese necesitado como el agua del auxilio nacional si hoy fuese el intendente electo de Paraná.

Fuente: El Diario

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