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Urribarri en la lista de renovadores del PJ

Néstor Kirchner quiere reducir el número de dirigentes en la conducción del Partido Justicialista. Es así que busca que la Mesa Directiva baje de 24 a 15 integrantes. Urribarri, forma parte de una lista de dirigentes &ldqu

Habrá que ver cómo le cae la mudanza de sus oficinas en Puerto Madero a la histórica sede del PJ de Matheu 130 en Capital Federal, en el menos glamoroso barrio de Once. Y cómo convive él, un tanto reacio a la iconografía partidaria, con las fotos de Perón y Evita y el busto del general que llevan décadas en el despacho del presidente del partido.

Pero más que pensar en cuestiones inmobiliarias, lo que desvela por estas horas a Néstor Kirchner es el nuevo esquema de funcionamiento y los nombres que lo acompañarán en su peronismo aggiornado.

El ex presidente mantiene conversaciones diarias con dos funcionarios del Gobierno que heredó su esposa: Alberto Fernández y Juan Carlos Mazzón. Este último es el encargado del trabajo hormiga para volver a poner en funcionamiento la herrumbrada maquinaria institucional del PJ. De esas charlas, comienzan a quedar claras algunas características que tendrá el nuevo justicialismo estilo K:

De los órganos partidarios: el Congreso Nacional, el próximo 7 de marzo, reformará la Carta Orgánica para reducir el actual Consejo Nacional del justicialismo, de 110 integrantes, a no más de 50 y la Mesa Directiva, el verdadero gobierno del partido, de los 24 sillones actuales a un máximo de 15. Hay acuerdo en que la Mesa debe ser «un organismo ágil y operativo, que pueda decidir a diario la posición del partido ante temas importantes».

De los grandes nombres: «No vamos a anunciar quiénes ni en qué lugar irán en la lista hasta después del Congreso», se atajan en el entorno kirchnerista, sabedores de que muchos acarician grandes expectativas y que la decisión del ex presidente dejará heridos. Primero, pretenden que el Congreso transcurra en paz. Allí se designará a la Junta Electoral, que será la encargada de convocar a elecciones para el Consejo Nacional entre mayo y junio.

Sin embargo, en las oficinas de Puerto Madero van ganando consenso ciertas ideas: Cristina no participaría del Congreso ni tendría, por ahora, ningún cargo partidario. Ella no está interesada y tampoco se la quiere exponer a rencillas entre compañeros.

Otro dato es que las acciones de Roberto Lavagna ya cotizan a la baja. «¡¿Vicepresidente primero?! La verdad es que su porcentaje de votos tampoco da para ser primera minoría», desafían con ponzoña en la Rosada, donde advierten que el ex ministro se debería conformar con la segunda o tercera vicepresidencia.

Una decisión tomada es que, más allá de las piedras que pongan los caciques bonaerenses, Daniel Scioli tendrá un lugar en el círculo cercano a Kirchner en la cúpula del PJ. Al gobernador se lo intentará preservar de la disputa con los caudillos bonaerenses. Por estas horas se evalúa si lo mejor es que ni aparezca por el Congreso provincial del próximo 22 y así brindarle un plácido salvoconducto hacia al Consejo Nacional partidario.

¿Eduardo Duhalde? «Ni nosotros lo queremos, ni él está interesado». Asunto terminado, aseguran en lo más alto del poder kirchnerista.

En la Mesa Directiva también habrá, desde ya, representación gremial (el titular de la CGT, Hugo Moyano, es número puesto), de la mujer y de la juventud (¿llegó la hora de Máximo Kirchner, el hijo del matrimonio presidencial?).

Del resto de la tropa: «Tiene que notarse la renovación que se produjo en estos años», advierten quienes trabajan en el armado kirchnerista. Y mencionan a los gobernadores Juan Manuel Urtubey (Salta), Jorge Capitanich (Chaco), Celso Jaque (Mendoza), Sergio Urribarri (Entre Ríos) y al intendente de Rafaela, Omar Perotti, como algunos de los nombres que deberían tener un lugar destacado en el Consejo. Alguno de ellos quizá vaya a la Mesa, pero no hay lugar para todos. El trajín cotidiano de la gestión en sus provincias no les deja mucho tiempo para las cuestiones partidarias.

De la doctrina justicialista: la apuesta más fuerte del kirchnerismo y de resultado más incierto es la que intentará redefinir al Partido Justicialista, «de una vez y para siempre», como una fuerza «progresista». «El partido de los derechos humanos, sociales y del trabajo», resumen ambiciosamente los K. Por eso sumaron a Lavagna, explican, que con sus matices representaría ese mismo espacio. Y por eso mismo, agregan, no habría lugar para los De Narváez, Puerta, Rodríguez Saá y Menem, que «están más cerca de los empresarios que de los trabajadores». El sueño que no ocultan es que éstos se den cuenta de que el PJ ya no los representa y se marchen en busca de su propio espacio de centroderecha. Soñar, se sabe, no cuesta nada. (Clarín)

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