La candidatura presidencial parecería ser la consigna que mantiene a todos los peronistas con el pico cerrado. Pero esa afirmación es a medias. Lo que sucede es que la figura de Sergio Urribarri está al tope, y cómoda, en cualquier encuesta realizada en el territorio provincial. Nadie se enemista con el más taquillero.
Dirigentes enrolados en el Frente para la Victoria movieron el avispero las últimas semanas. Uno de ellos fue Domingo Daniel Rossi. El intendente de Santa Elena fue la primera voz en cuestionar al gobernador por la forma en que se eligieron los candidatos en las elecciones del año pasado. Luego presentó un proyecto de reforma de la Ley Castrillón. Sus opiniones personales no hicieron mella en Casa de Gobierno. Al poco tiempo Urribarri llevó una comitiva a su ciudad para inaugurar la obra de la costanera.
La semana pasada Rossi fue uno de los jefes comunales (el otro fue Luis Erro de Gualeguay) que viajaron a Concepción del Uruguay para recibir a Daniel Scioli. Antes había revelado que los intendentes coincidían en bajar la candidatura de Urribarri para la primera magistratura e impulsarlo como candidato a completar la fórmula con el ex motonauta. Nadie desmintió la información publicada por Página Política y que rebotó en otros medios.
A los tres días Urribarri convocó al PJ, ratificó su candidatura presidencial y garantizó apertura para 2015.
El diputado Juan José Albornoz es el otro dirigente que no tuvo palabras muy elogiosas. Puso toda la estructura del Movimiento Evita a disposición de los vecinos que quisieron desalojar tras una medida judicial. El gobierno avanzó con esa decisión y les envió al Grupo de Inteligencia Armada (GIA). El legislador, que tributa a la precandidatura de Jorge Taiana, le dijo de todo a los responsables, menos que lo que se estaba haciendo era progresista. En la bolsa cayeron autoridades provinciales.
Antes de estos episodios Albornoz se había convertido en el único legislador del oficialismo en votar en contra de la promocionada ley de narcomenudeo impulsada por el Poder Ejecutivo. Con motivo del escandaloso desfalco en la Administradora Tributaria de Entre Ríos (ATER), el dirigente de Gualeguay se despachó en durísimos términos contra el fiscal de Estado, Julio Rodríguez Signes, quien se mostró en desacuerdo de su proyecto de ley de eliminar el sistema de compensaciones de deuda entre proveedores del Estado y el fisco.
José Eduardo Lauritto –cuenta la literatura que se suele narrar en los pasillos de Casa de Gobierno- ha presentado su renuncia en más de una oportunidad. Del ministro de Educación nunca se sabe. No confirma ni desmiente nada. Cada tanto dice y hace cosas. Tras las elecciones legislativas se quejó de que desde Paraná se entrometan en el peronismo de su distrito. Hace 15 días se reunió con Scioli y el viernes le abrió las puertas de la Universidad de Concepción del Uruguay (UCU). Él no fue.
No hubo represalias. El martes fue uno de los oradores en un acto en el Centro de Convenciones de Concordia, donde el gobierno provincial y la Comisión Técnica Mixta de Salto Grande entregaron aportes para escuelas, clubes, instituciones intermedias y deportistas destacados.
El diputado Pablo Mendoza, se sabía pero ahora se confirmó, simpatiza con la Ola Naranja. El viernes estuvo sentado al lado del bonaerense en la sede de la UCU. El martes fue de los que compartió –junto a todo el bloque y José Cáceres- la vaquilla en el Club Náutico para despedir el año. Se corrió el rumor que su escapada a Concepción del Uruguay le podía costar la vicepresidencia del cuerpo. No pasó nada.
Los precandidatos a suceder a Urribarri tienen buena relación entre ellos. Algunos comentarios fuera de micrófono suelen ser más sabrosos que las previsibles declaraciones o las poses ante las cámaras. Mientras tanto, el gobernador les dice a todos que quien quiera jugar que juegue. La Ley Castrillón invita a encolumnarse y jugar a ganador o a apostar a todo con la posibilidad de quedarse sin nada. Quizás la misma norma sea la que ordene el tablero.

