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Ramos, una voz primera en señalar el valor económico del trabajo del hogar

Sara Liponezky realizó una semblanza de la figura de Jorge Abelardo Ramos, al cumplirse 100 años de su natalicio. Lo rescató como pionero de la necesidad de darle valor económico al trabajo en el hogar, idea que inspiró la jubilación de Amas de Casa en Entre Ríos.

Por Sara Liponezky

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Hemos asistido a varios homenajes post mortem a lo largo de nuestra vida. De compatriotas valiosos, por sus méritos en la cultura, la ciencia, la política o el servicio a la comunidad entre otros.También de gestas cuyos actores ya no están.

Casi siempre y aun compartiendo la causa, he pensado que hay una cierta injusticia, no del destino, sino de la mezquindad humana que se resiste a los reconocimientos en presencia, condicionada por inclinaciones o preferencias, siempre subjetivas.

Pero ocurre que aquellos seres que intentan opacarse, tienen una luz propia, marcan huella más allá de la voluntad de sus contemporáneos, siguen irradiando y trascienden su tiempo. La cita sería interminable, basta con nombrar a Eva Perón que, si bien fue intensamente amada y odiada en vida, adquirió una dimensión extraordinaria, inimaginable y allende las fronteras después, por la contundencia de sus acciones, un testimonio de hierro, insoslayable.

Y en esa nómina de argentinos está indudablemente Jorge Abelardo Ramos. Por su obra intelectual, su poderoso pensamiento, por la lucidez de sus textos que invitan a recorrer el pasado con un anclaje en el presente, polémicos, alumbradores de conciencias y caminos desconocidos, con un dejo de ironía y humor inteligente.

Siendo marxista renunció a todo dogmatismo para entender el drama peculiar de América Latina, poniendo en perspectiva actual el sueño de los libertadores como Manuel Ugarte. Fue un desafiante que analizó la historia sin eufemismos, demoliendo implacable y parado en una investigación sólida, los mitos y paradigmas aprendidos y repetidos escolarmente por generaciones. Un observador agudo y crítico sin especulaciones, de las inconsistencias académicas.

Una voz valiente y sin reparos frente a las injusticias, la dependencia, la colonización cultural y el status quo. Que tuvo la coherencia y la audacia- en los años 60- de reivindicar al Peronismo desde la izquierda cuando el PC y el socialismo liberal lo asimilaban al fascismo. Que defendió la causa soberana de Malvinas planteando judicialmente el embargo de todos los bienes y posesiones británicas en nuestro país. Un predicador incansable de ideas y convicciones rescatadas de las raíces de nuestra historia, “utopías” de nuestra juventud que encarnaron en grandes proyectos políticos al correr de los años. Porque tenían el rigor de nuestra realidad, contrario como él era a toda copia de moldes importados, llamaba “turistas de la revolución” a los adoradores de Fidel, el Che, Lenin o Mao, que no entendían la revolución nacional y despreciaban al peronismo.

Pero tuvo, ya en su última etapa una idea magistral, nunca antes planteada desde un movimiento político: la valorización económica del trabajo del hogar y el rol social del ama de casa. Ramos, un hombre de principios de siglo, tomó la proclama de Evita en “La razón de mi vida” y nos transmitió a todes, aunque convocando al protagonismo esencial de las compañeras, ese eje de lucha. Lo asumimos como parte indisociable de una propuesta de equidad y justicia social.

En esa dirección creamos los sindicatos de amas de casa, una figura absolutamente nueva en el universo gremial del país y una experiencia movilizadora para miles de mujeres cuya participación social, fuera de la familia, era escasa o nula. La respuesta masiva, comprometida y entusiasta de nuestras coterráneas fue formidable y para nosotros inédita. Por primera vez desde aquella elección nacional en 1973 vivíamos la emoción y la certeza del rumbo elegido de una manera tan concreta y colectiva. Con la agremiación y la movilización de las mujeres, empoderadas y resueltas a defender sus derechos a partir de nuestra convocatoria. Fue un aprendizaje compartido que nos fortaleció y de alguna manera facilitó nuestro ingreso a ciertos espacios en la estructura del Estado. Una fragua política que también agradezco al talento y la visión de Ramos.

Tengo para mí algunos recuerdos muy vívidos sobre ciertas expresiones de aquel irascible y simpático maestro, inolvidable y querido “Colo”. En esa coherencia conceptual sobre la equidad de género, se plasmó la fórmula que encabezó junto a Elisa Colombo en marzo de 1973. Entonces cerró un acto de campaña en Santa Fe fervorosamente, con un “Viva la Patria, que también es mujer”.

Fuente: Página Política
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