Por Emiliano Gómez Tutau (*)
No pretendo describir desde afuera lo que ocurrió con la reforma previsional. Quiero aportar una lectura política: Frigerio tomó una derrota legislativa del peronismo y, con inteligencia, comenzó a darle un sentido más profundo. Y construye el sentido que necesita para mostrar autoridad, dividir a la oposición y exhibir a un peronismo que tenía mayoría, pero no pudo ejercerla; que contaba con los números, pero no logró convertirlos en fuerza. Desde ahí construye su relato sobre los veinte años de gobiernos peronistas y siempre se pregunta: si gobernaron tanto tiempo, ¿por qué no resolvieron los problemas que ahora denuncian?
La pregunta es parcial e interesada. Pero omite parte de la historia y no se responde solamente enumerando las instituciones, los derechos y las políticas públicas que se construyeron. Esa historia debe defenderse, pero se defiende construyendo una mayoría capaz de continuarla. Y una mayoría no se construye hablando solamente de lo realizado. Se construye representando lo que todavía falta. Ya no es un dato curioso lo que informa el Centro de Economía Política Argentina, en un análisis elaborado sobre datos oficiales del Banco Central, donde muestra que 15.453 jóvenes entrerrianos de entre 18 y 24 años están en situaciones de riesgo crediticio medio, alto o irrecuperable. Más de 9.000 ya son considerados deudores irrecuperables. Son jóvenes que ingresan a la vida adulta sin estabilidad laboral, sin capacidad de ahorro y con una deuda que condicionará su posibilidad de alquilar, estudiar, emprender o acceder nuevamente al crédito.
Y esto no es una epidemia de irresponsabilidad individual ni una simple falla de educación financiera. Es una crisis de ingresos, trabajo y oportunidades. Entre noviembre de 2023 y abril de 2026, Entre Ríos perdió 8.821 puestos de trabajo registrados. La cadena arrocera, además, proyecta una caída cercana al 30% para la próxima campaña, la mayor retracción en 26 años.
No hay que olvidar que Frigerio prometió liberar las fuerzas productivas, hacer crecer al sector privado y generar empleo. Por ahora, su mayor fortaleza no está en haber transformado la economía entrerriana, sino en haber ordenado políticamente su espacio y aprovechado la dispersión del adversario. Ahí está el verdadero problema del peronismo.
Frigerio se esfuerza por instalar que el peronismo pertenece al pasado: una estructura pesada, envejecida, incapaz de explicar por qué no hizo determinadas transformaciones. Además, dice que carece de autoridad para conducir las que vienen. Y cada derrota legislativa alimenta ese sentido; es decir, se transforma en una derrota política.
La boleta única papel pretende profundizar esa estrategia: si el peronismo no encuentra una jefatura política, la falta de cohesión provocará una fragmentación exagerada. Sin horizonte común, la continuidad histórica pierde valor y cada dirigente encuentra incentivos para construir su propia opción de futuro.
Se podría imaginar que una fuerza política también se construye con la épica de su historia. “La Mano de Dios” no habría emocionado de la misma manera sin Malvinas, sin Inglaterra y sin todo lo que ese partido representaba para los argentinos. Del mismo modo, no vivimos el partido contra Inglaterra de Messi y la Scaloneta como un partido más; mucho menos ellos. Cantaron el himno proyectándose en esa historia, la camiseta ganó peso, la pertenencia aumentó y todos jugaron dentro de la misma historia.
Cuando una organización deja de ofrecer un imaginario de éxito construido sobre su historia, las nuevas generaciones dejan de verla como un lugar desde el cual transformar la realidad. Empieza a dar lo mismo construir adentro que competir desde afuera. Por eso no dio lo mismo esa bandera que decía “Las Malvinas son argentinas”, y mucho menos en un triunfo.
Por eso no alcanza con convocar a la unidad. La unidad sólo tiene sentido cuando organiza una fuerza que se define a ganar. También se puede perder estando unidos. Sin nada que nos defina, sin nadie que nos exprese, la unidad es apenas una fotografía.
La victoria y la derrota no sólo definen quién gobierna; también ordenan retrospectivamente el sentido de las acciones. Muchas veces, la diferencia entre quién es reconocido como patriota y quién es condenado como criminal está determinada por el resultado de la confrontación.
Si Estados Unidos hubiera sido derrotado en la Segunda Guerra Mundial, sus bombardeos sobre ciudades japonesas probablemente habrían sido juzgados por los vencedores desde otra categoría moral. La historia no concede autoridad solamente a quien tiene razón. Se la concede a quien logra construir la fuerza necesaria para sostenerla.
Eso necesita hoy el peronismo entrerriano: una jefatura política que ordene intereses, posiciones y prioridades; que dialogue con la generación que busca trabajo, crédito y futuro; y que convierta esas demandas en una mayoría social. Porque nadie se incorpora a una fuerza para administrar su derrota.
Las generaciones que vienen continuarán la historia del peronismo únicamente si encuentran en ella una posibilidad real de transformar el presente y conquistar el futuro.
Frigerio todavía no cambió la estructura productiva de Entre Ríos. Pero está usando cada fractura del peronismo para convencer a la sociedad de que es el único capaz de conducirla.
Por eso el peronismo no puede regalar más derrotas. Cada derrota que no se explica, no se ordena y no se transforma en aprendizaje, acerca un poco más la idea que Frigerio quiere instalar: que el peronismo ya no tiene futuro.
(*) Concejal de Paraná por el PJ.
Fuente: Página Política


