El acuerdo electoral de Frigerio con Milei de 2025 se fundó en razones de gobernabilidad: cuidar la relación con el gobierno nacional en un marco de fuerte ajuste a las provincias y evitar un escenario electoral de tercios que podía llevar a una derrota a mitad de mandato.
Por una razón de supervivencia política, Frigerio pagó un precio caro: perdió poder de fuego en el Congreso de la Nación al ceder los dos senadores de la mayoría a LLA y quedarse sin delegados propios en la Cámara del Congreso de la Nación donde están representadas las provincias.
En 2027, el precio a pagar sería todavía más caro: afectaría el control de la Legislatura provincial. Si consigue su reelección como candidato de una alianza con LLA, Frigerio tendrá en la Cámara de Diputados un bloque oficialista con un buen porcentaje de bancas de LLA sobre las que no tendrá predicamento, porque responderán a la conducción política de Milei. Más detalles, en la siguiente nota:
El acuerdo con LLA se funda en razones de gobernabilidad, pero al mismo tiempo proyecta problemas de gobernabilidad que se acumulan con los que vienen de 2025, porque los senadores nacionales de LLA representarán a Entre Ríos hasta 2031, es decir, hasta el final de un eventual segundo mandato de Frigerio.
Mientras Milei siga conservando expectativas de reelección –requiere, como mínimo, que se reactive la industria, la construcción y el comercio– el escenario será para Frigerio igual que en 2025: estará obligado a aliarse para no dividir el voto no peronista. Es decir, estará obligado a ceder poder para retener el poder.
Sólo alianza
Lo único que podría cambiar este esquema es que la alianza electoral transitoria con LLA mute a una coalición de gobierno. Que la evolución de la política lleve a una mayor confluencia con el gobierno de Milei, que tiene en lugares clave de la gestión a exfuncionarios del gobierno de Mauricio Macri, de buena relación con el gobernador que, durante los cuatro años del gestión de Cambiemos, fue ministro del Interior. De hecho, Frigerio fue el mandatario que más visitó la Casa Rosada este año.
Esa nueva coalición debería replicarse en la provincia, con Frigerio como jefe. Entonces sí: los senadores nacionales por Entre Ríos acordarían su posición con el gobernador y los 18 diputados provinciales del bloque oficialista de un eventual segundo mandato serían leales a Frigerio, como los 18 de ahora.
Pero, hasta aquí, el acuerdo de LLA con Juntos por Entre Ríos nunca pasó del estatus de alianza electoral. No hubo una integración de LLA al frente provincial que lidera Frigerio. No se avanzó hacia una nueva coalición o algo que se le parezca. Ni siquiera se intentó formar un interbloque en la Legislatura.
Cada uno siguió por separado con lo suyo. Una cosa fue la elección y otra, la gestión. Bien lo atestigua el Partido Socialista, que en el plano electoral se fue de Juntos por Entre Ríos en rechazo a la alianza de Frigerio con Milei, pero nunca se apartó de la bancada oficialista en Diputados y, por el contrario, pasó a ocupar cargos en el Poder Ejecutivo.
El PS, la UCR y el Movimiento Social Entrerriano –principales aliados del PRO en el frente que llevó a Frigerio al poder– son espacios muy críticos de las políticas libertarias. Justifican la alianza estratégica de Frigerio con Milei, pero preferirían que el año que viene haya desdoblamiento para eludir el costo de defender al Presidente en una campaña para una elección simultánea.
En este contexto, parece improbable que el acuerdo con LLA pase de alianza a coalición en Entre Ríos. Cada vez que pueden, referentes de la primera línea del gobierno provincial aclaran que las coincidencias con el gobierno nacional no son absolutas. Que el gobierno de Entre Ríos tiene otra idea sobre la obra pública, la educación o la salud.
No importa que medio gabinete de Macri gobierne con Milei. Frigerio mantiene una prudente distancia que le permitiría salvar la ropa en el caso de que el experimento libertario termine fracasando.
Más para la oposición
La contracara de integrar a LLA dentro del bloque de 18 diputados del oficialismo es que un eventual segundo gobierno de Frigerio le estaría dando más espacio a la oposición. Si la elección se polarizara, el peronismo podría aspirar a ocupar 16 bancas, en lugar de las 11 de ahora.
La mayoría estaría siempre ajustada y pasaría a depender de LLA. Es decir que, en el mejor de los casos –una reelección–, Frigerio gobernaría a partir de diciembre de 2027 con una Legislatura más difícil que la actual.
Como un remedio que buscaría mitigar esa enfermedad podría funcionar la candidatura a gobernador de Daniel Rossi en alianza con fuerzas vecinales. Al intendente de Santa Elena, que este año fue expulsado del PJ, le tendría que alcanzar para ocupar al menos un par de bancas. Votarían junto a Frigerio y probablemente serían más leales que las de LLA.
Es la fórmula que utilizó el peronismo en épocas de abundancia, como 2007 y 2011: presentarse dividido a la elección, cosechar bancas por ambos lados y luego unificarse en Diputados para alcanzar una holgada mayoría artificial.
Eran otros tiempos. Si es verdad que en el país la fuerza mayoritaria ha pasado a ser el antiperonismo, el antídoto podría funcionar. Aunque Rossi, qué duda puede caber, mantenga una inconfundible identidad peronista.
Fuente: Página Política



