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Juventudes políticas: un silencio que aturde

Problematizar, pensar salidas, orientar la acción, plantear propuestas, hacer visibles modos de ser joven elegidos como norte, rebatir estigmas, decir algo. Roles que debiera asumir la juventud que hace política, justo cuando su generación está en el ring (o en una fiesta clandestina).
Crédito Nicolás Rigaudi
Luz Alcain
Por: Luz Alcain
@luzalcain

La pandemia ha sido excluyente e ineludible tema del debate político desde marzo a la fecha. Y en ese debate político, cómo no, participan activamente los jóvenes que militan, que legislan, que son funcionarios, que se organizan en torno a una causa común.

Sin embargo, no ha habido desde las juventudes de los partidos una producción de sentido, una organización que dé cuenta de las particularidades que la pandemia supone para esos argentinos que tienen entre 15 y 30 años y que hoy están en el ojo de la tormenta.

A lo largo del larguísimo 2020 no hubo acciones, ni campañas, ni mensajes más o menos potentes en torno a lo que supuso para los jóvenes pasar la escuela secundaria o los estudios universitarios a la nube.

Menos aún respecto a lo que implicó para un adolescente mudar todos sus vínculos, con suerte, a un teléfono móvil, y habitar el encierro junto a los adultos, 24 por 24.

No hubo políticas públicas desde el Estado, a nivel nacional o provincial, que tomaran nota de las particularidades de esta franja etaria en cuarentena. Hubo escasa inventiva para atender a la infancia pero la hubo menos para jóvenes y adolescentes. Entre paréntesis: por estas horas anuncia el gobierno de Entre Ríos el Plan V (Plan Verano) con acciones y campañas a desarrollar en los puntos turísticos del mapa. Ojalá la propuesta llene vacíos.

No está medido aún cuántos estudiantes han quedado en el camino, entre complicaciones para la conexión, desinterés propio o de las instituciones educativas.

Tampoco desde la oposición hubo acciones promovidas desde los jóvenes para interpelar a su generación. Se dirá que el intendente de Chajarí, Pedro Galimberti, instauró la polémica opción de autorizar eventos de hasta 1.500 personas para evitar las clandestinas sin control. Pero no hubo jóvenes ni de su partido ni del peronismo o el PRO que tomaran la posta para promover, cuestionar o intercambiar en torno a esta política municipal.

Es un silencio que aturde el de las juventudes de los partidos políticos. Más aún cuando tantas representaciones se cruzan, se chocan, se complementan. Juventud, divino tesoro; que va la guerra; que ahora vota desde los 16; pero entra por una puerta y sale por la otra; juventud destinada a renovar la dirigencia; juventud pobre, empobrecida; juventud tilinga; la juventud está perdida; pedirles que “hagan lío”. Juventud que arriesga, que juega al filo, que da la vida; juventud que no arriesga nada, que pone en riesgo la vida ajena. Juventud de “las pibas” que se ganaron la IVE cuando moría el año del Covid.

Aturde porque la convocatoria a los jóvenes más resonante viene del lugar menos esperado: Patricia Bullrich y Miguel Ángel Pichetto instando a “construir el país de la libertad” desoyendo los cuidados que la pandemia impone; rompiendo los lazos de solidaridad social que son vitales para la población de riesgo.

El silencio de la juventud política aturde. Su voz es urgente. Problematizar, pensar salidas, orientar la acción, plantear propuestas, hacer visibles modos de ser joven elegidos como norte, rebatir estigmas, decir algo. Son roles indelegables de la juventud que hace política. Son roles que están haciendo mucha falta.

Fuente: Página Política
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