Fue la semana pasada, quizás la última vez, que Blanca Osuna tomó un micrófono para dirigirse a los presentes en forma directa. La jornada refiere a la apertura de la temporada estival y a la inauguración del complejo natatorio en la Toma Vieja. Habló dos minutos en el medio del desorden y las ansias de varios jóvenes por tirarse a las piletas. Ese corto tiempo le alcanzó para dejarles una tarea a quienes la escuchaban: “defender lo público”. Ese es el concepto que cultivó desde el primer día de gestión: la idea del espacio público.
Es irrebatible que la intendenta saliente prometió más de lo que hizo, como el borde costero que no llegó a concretarse, pero también es cierto que toda la zona de la costa y el balneario Thompson están en mejores condiciones que cuando asumió hace cuatro años. Se amplió la apertura que corre por detrás del puerto, se derribó un muro que aislaba al barrio El Morro y se proyectó una calle que desemboca en el río con la idea de una costanera en Puerto Sánchez.
Hace apenas tres días recorrió el Mercado Sud, una obra que pone en valor un espacio pensado para la venta de productos locales. “Es primo hermano del Mercado de La Paz, que lamentablemente Paraná perdió para que se haga un shopping”, se despachó. Teléfono para José Carlos Halle, pero también para Sergio Urribarri. Ambos se mostraron juntos para la inauguración luego del largo desencuentro político que los había distanciado.
Los terrenos del Hipódromo, que la intendenta convirtió en plaza, estaban destinados a un emprendimiento privado en el gobierno de Halle.
También hay que decir que Osuna se subió a trenes que no le pertenecían pero le convenía estar arriba. El caso más concreto es el estadio único. “No hay multitudes reclamando un estadio único” se sinceró cuando fue consultada por la mega obra anunciada junto a Sergio Urribarri a días de la elección que la llevó al Palacio Municipal y hoy no sólo no se levantó una solo ladrillo sino que la sospecha por corrupción merodea esa ya sepultada iniciativa que supo estar en el Presupuesto de la provincia con montos millonarios.
Relación con el peronismo
La jefa comunal, cuando decidió diferenciarse de algún contrincante, eligió a Halle. Solo el impasse de la campaña donde ambos eran supuestamente “aliados” oxigenó ese enfrentamiento. En plena actividad proselitista ante las PASO, militantes aliados a la intendenta repartieron un fin de semana volantes que daban cuenta de todas las deudas en materia de gestión que recién se empezaron a saldar – según decía la papeleta – a partir del 2011. Esto ocurrió en un escenario adverso en las encuestas y en el marco de un forzado acuerdo político con sus predecesores Halle y Julio Solanas.
Se alzó como intendenta empujada por una ola que puso a Cristina Kirchner y Urribarri en la cima de los porcentajes electorales conocidos hasta entonces. Con una carrera legislativa a sus espaldas, Osuna tomó las riendas de la Municipalidad en un contexto diferente al su antecesor. Estuvo alineada con los gobiernos provincial y nacional. No obstante, la alianza con la Casa Gris, en algunos momentos, parecía ser más el “fuego amigo”. Gozó de la estructura de medios oficialistas y eligió con cuidado con qué periodistas hablar. A Página Política no le concedió una sola entrevista.
Urribarri oxigenó a Osuna del embate del sindicato municipal, sin embargo Hugo Vásquez solo levantó la voz en la Cámara de Diputados controlada por el gobernador para decir las peores cosas de la intendenta.
La jefa comunal se relacionó con su gabinete con un látigo en la mano. Integrantes de su equipo le tenían miedo. Es, al menos, lo que han confesado más de uno en off de record. A su viceintendente, Gastón Grand, lo enfrentó desde el día uno.
No fue una estratega política. Mucho menos pragmática, herramienta que el peronismo maneja con excelencia. Dos anécdotas la ilustran. Apenas unos días de haber asumido dispuso una inspección en los boliches que pertenecían a Miguel Marizza y que habían promocionado las fiestas de Noche Buena. Sus inspectores encontraron irregularidades y la intendenta los mandó a clausurar. No se trataba de un simple empresario de la noche, sino del zar de la construcción en la provincia y preferido de Urribarri.
Durante la última campaña, en unos de los barrios que recorrió, un vecino pidió por su moto secuestrada. La respuesta de la jefa comunal que buscaba su reelección dejó helados a quienes la acompañaban: “Habrá estado en una situación irregular”. Una cortesía poco habitual en la campaña.
De las encuestas del oficialismo y la oposición surgían siempre los mismos datos: la gestión era calificada como “buena” y la imagen de Osuna como “mala”.
Osuna fue la primera jefa comunal de Paraná que, a partir de hoy, la historia la empezará a juzgar.


