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Derechos Humanos

Un laberinto de agua para sacar a flote la memoria

Vuelos de la muerte en el delta. Desde 2003 hay voces, testimonios, un libro y un silencio en carne viva. Recién ahora hay una voluntad firme de la Justicia de ir por memoria, verdad y justicia. ¿Qué hay? ¿Qué se busca saber sobre los cuerpos que el terrorismo de Estado arrojaba sobre las islas entrerrianas?
Crédito El Cohete a la Luna
Luz Alcain
Por: Luz Alcain
@luzalcain

“300 mil hectáreas. El patio trasero de la dictadura”. Con la expresión, el periodista Fabián Magnotta circunscribe, en cuanto puede, la historia que cuenta en el libro El lugar perfecto.

Reúne allí la investigación que realizó recabando testimonios de los “vuelos de la muerte” sobre el delta entrerriano. Recupera Magnotta las voces de quienes vieron, o supieron, y hablaron o intentaron olvidar los vuelos rasantes de helicópteros que arrojaban bultos en los insondables cursos de agua de Paranacito.

El lugar perfecto rescata las sensaciones, decisiones, temores, actitudes que asumieron los pobladores ante la aparición de esos bultos que resultaban ser cuerpos, maniatados, torturados, arrojados allí, en el “patio trasero” de la dictadura.

300 mil hectáreas de tierra, agua, montes, juncos. 300 mil hectáreas en la que residen hacheros, pescadores, lancheros, artesanos del hilo sisal, miembros de fuerzas de seguridad, pobladores que por generaciones respiran la inmensidad, la soledad, las carencias y el silencio. Pobladores que saben bien de lo que hablan, saben bien lo que callan.

 

Expediente amarillento

La punta del ovillo asomó en 2003. Un agente de la Policía de Entre Ríos, hoy retirado, decide presentarse a la Justicia para contar lo que sabe. “Tengo algo adentro desde hace muchos años y siento que debo contarlo, que no me puedo ir de esta vida con eso adentro. Es un secreto que me acompaña desde hace años y ahora veo que se puede empezar a hablar de estas cosas”, dijo el testigo en el Juzgado de Instrucción de Gualeguaychú. Unos meses antes había asumido Néstor Kirchner con la firme voluntad de reabrir las causas por delitos de lesa humanidad.

El hombre dijo saber de la aparición de un cuerpo, metido en un tacho de 200 litros. Le contó su novia de entonces que el hermano decidió darle “cristiana sepultura” en inmediaciones de lo que era entonces la Escuela Nº 22.

La causa abierta fue girada a la Justicia Federal de Concepción del Uruguay. Allí durmió hasta ahora, con el agregado de algún que otro testimonio cada tanto. Quién si tomó la punta del ovillo fue Magnotta que arrancó un trabajo periodístico que culminó con un libro con el que se acercó a la Justicia para aportar lo investigado.

Desde fines del año pasado, y con más firmeza desde los primeros días de 2021, se imprimió una inusitada actividad a la causa, de la mano de la fiscal Josefina Minatta que tiene las riendas de la investigación. El juez Federal, Pablo Seró, ha puesto de manifiesto su compromiso con los avances que puedan lograrse, participando personalmente de las audiencias testimoniales y avalando la inspección ocular que por primera vez hizo la Justicia en el lugar de los hechos.

 

Para qué

A poco de haberse retomado la dinámica de la investigación, “no hay dudas para el juez, ni para el fiscal, ni para la querella que los vuelos existieron en el delta”, afirmó la abogada Lucía Tejera, querellante en la causa en representación de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación.

¿Qué tiene el expediente? Decenas de testimonios que dan cuenta de la aparición de un cuerpo, dos, seis, en distintos cursos de agua en el delta, atrapados en los juncos, dentro de tachos o cubiertos con mantas, o atados con alambres, en un caso se menciona el cuerpo de una mujer con un disparo en la cabeza.

¿Qué más? Lancheros, docentes, personal de seguridad, sepultureros, hacheros son consultados. Los testigos informan acerca de las reiteradas veces en que la aparición de un cuerpo ameritó la denuncia del caso ante la policía o la delegación de Prefectura. La respuesta fue siempre la amenaza permanente a la población, la obligación al silencio, la imposición de naturalizar en el delta la existencia de cuerpos sin identidad, allí, viéndolos pasar por el agua como se ve llover. Sin que nadie diga nada, nadie los vea. Así lo incorporaron los niños de entonces que hoy encuentran lógico haber cumplido la orden de sus padres de “no mirar”, “no preguntar”.

Con todo esto en la mano, con un expediente grueso, sin víctimas ni imputados, Tejera pone en claro la decisión de la Justicia que es acompañada por la querella: “El objetivo aquí es la búsqueda de restos. No estamos buscando responsables. Estratégicamente se ha decidido que todo quien vio, todo personal de las delegaciones de Prefectura de entonces, nos aportan como testigos más que como imputados de una posible complicidad. Acá en Paranacito no se planificaron los vuelos de la muerte”, subraya.

 

Lo que dice la memoria

También se ha planteado, desde la investigación, una perspectiva que se asienta en distintas estrategias y que va más allá de lo netamente jurídico, de los resultados que puedan darse en el hallazgo de restos NN.

Es así que la Fiscalía a cargo de Minatta ha decidido complementar su tarea con la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación; la Provincia, a través del Registro Único de la Verdad; el Municipio de Gualeguaychú con la Dirección de Derechos Humanos y con un equipo del Museo de la Memoria Popular que tiene vinculación histórica por cuanto Paranacito era hasta 1984 parte del departamento Gualeguaychú.

Todas esas patas han ido aportando en los avances a la causa, con trámites, registros de testimonios, sistematización de información, además de una hoja de ruta para la que también hubo asesoramiento del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF).

Esos actores, para arribar a la memoria, realizaron dos incursiones en la zona del delta, en dos lanchones y bajo la guía de Prefectura, para dar con quienes oportunamente dieron su testimonio en sede judicial y convocarlos a que reiteren sus dichos. Además, se buscaron nuevas voces entre los pobladores, bajo la guía de los lugareños que a veces colaboran, otras persisten en la regla aprendida para la supervivencia: el silencio.

“En los testimonios está todo muy latente. Los que hablan y los que no te quieren decir nada saben, saben bien de lo que estamos hablando. Y eso no lo escucharon en la radio”, describe Tejera.

La perspectiva transversal con la que la Justicia incursiona en el delta se asienta, también, en la convicción que los vuelos en el delta suponen una gran puerta para una enorme tarea de restauración de la memoria, de recuperación de historias de vida, de habilitar encuentros, conversaciones, intercambios que permitan exorcizar el miedo y el silencio que aún tiñe el agua del delta, a 45 años del golpe de Estado de 1976.

 

Pistas. Uno

En el marco de la causa, y a partir del aporte que ha hecho Magnotta con su libro, hay un cruce con otro expediente, el de la desaparición en 1988 del empresario Rodolfo Clutterbuck.

Un testigo asegura que el secuestrado fue inhumado como NN en el cementerio de Villa Paranacito. Detectan en ese marco que hay siete cuerpos NN que fueron sometidos a la investigación y fueron devueltos al cementerio luego de no dar con los restos del empresario desaparecido.

Surge ahora la posibilidad que estos cuerpos hayan sido arrojados por helicópteros de vuelos rasantes. Un sepulturero asegura que le entregaban restos sin los ataúdes para ser inhumados y que en alguna ocasión vio una mujer con una herida de arma de fuego en la cabeza.

Se pretende, ahora, acudir a los expedientes judiciales que amparen estos enterramientos, para determinar si hay huellas dactilares y cotejarlas con las que tiene el EAAF para ver si corresponden a desaparecidos durante la dictadura.

 

Pistas. Dos

Un testigo clave en la causa es un hombre de algo más de 70 años. Recuerda que en tres oportunidades, en 1979, fue a hachar a un sitio extraño, en el que había álamos como “recién plantados” y terrenos desparejos, intervenidos. Cuenta que dejó de ir, asustado, porque escuchaba gritos, llantos, insultos además de ver a lo lejos haces de luz como de linternas, iluminando la noche.

Guió por horas a una delegación de Fiscalía, del Registro Único, de la Secretaría de Derechos Humanos y el municipio de Gualeguaychú. Horas, un poco a ciegas, apelando al costado baqueano del testigo, recurriendo a la memoria de un hombre que nunca más volvió al lugar.

“Anduvimos más de 200 kilómetros”, explica Tejera y va indicando en un mapa la serie de riachos, arroyos, cursos de agua que fueron siguiendo en el lanchón mientras se iba el día.

Finalmente, arribaron al sitio tan mentado. La conmoción fue indescriptible. “Memoria, Verdad, Justicia”. Aparecieron a la vista los carteles inmensos de la señalización que se ha hecho de los centros clandestinos de detención en todo el país.

Habían llegado a la Quinta “El Silencio”, un predio ya en inmediaciones de El Tigre, que supo ser propiedad de la iglesia. A ese lugar fueron trasladados en 1979 todos los secuestrados de la ESMA mientras duró la visita en la Argentina de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). Allí permanecieron cautivos algo más de un mes, lapso durante el cual el edificio de Avenida Libertador fue intervenido de tal manera que cuando la visita de la CIDH se concretara no estuvieran los secuestrados y el sitio no coincidiera con los testimonios que habían dado los sobrevivientes ante el organismo internacional.

La Quinta “El Silencio”. La delegación entrerriana había llegado allí por otro lado. No por un documental ni por una visita guiada. Había llegado por el testimonio clave en una causa judicial que recién arranca. Guiados por un hachero que pensaba volver a una isla atestada de ánimas. Un hachero que supo, de golpe, 40 años después, que no escuchaba fantasmas. Supo que había estado en uno de los tantos sitios en el que se desplegó el horror.

“Memoria, Verdad, Justicia”, habrá leído los carteles este hombre al arribar a la isla. Esta vez iba acompañado. Había guiado a una decena de personas, atravesando todo el delta del silencio. Unos días después declaró en sede judicial. “Memoria, Verdad y Justicia” es hoy también su consigna.

Fuente: Página Política
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