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OPINIÓN

Apostillas de los pañuelos

Los autores de este texto, Montesino Mársico y Boeykens, analizan el significado de los pañuelos en el marco del debate legislativo del aborto legal. Apuntan que el pañuelo se ha convertido “en un símbolo de lucha y supone “una victoria del capital simbólico de la lucha de las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo.

Por Camila Montesino Mársico y Marcelo Boeykens

El pasado 30 de diciembre de 2020 a las 4.04 a.m. se dio sanción definitiva por parte de la cámara de senadores de Argentina al proyecto de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE), convirtiéndose finalmente y luego de muchos años de lucha fundamentalmente del movimiento feminista, en ley.

La Ley que fue sancionada constituyó una iniciativa enviada por el propio Poder Ejecutivo Nacional, promesa de campaña del Frente de Todes en las elecciones del 2019. Sin embargo y cómo sabemos, la demanda y el Proyecto fueron históricamente impulsados por el movimiento feminista y los sectores de izquierda, tomando un fuerte impulso con la irrupción del #NiUnaMenos en 2015 y el debate parlamentario sobre la legalización del aborto que conformó la llamada “Marea Verde”.

A partir de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito constituida en 2005, entendiéndose ambos procesos “como manifestaciones del movimiento feminista que han permitido transformar sus repertorios de acción y las relaciones de estas transformaciones con el ciclo político y económico argentino actual” (Tesoriero, 2019), se logró que, algo que hasta hace unos años parecía inalcanzable, se convierta en Ley.

La masividad que alcanzaron las movilizaciones del movimiento feminista tanto el 8 de marzo, el 3 de junio y el 8 de agosto de 2018 con más de un millón de personas en cada fecha, lo que Dora Barrancos nominó como “feminismo de masas” (Barrancos, 2018), fue el quiebre que llevó a que hoy, después de tantos años de lucha, se convirtió en la conquista por el derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito.

Estas luchas históricas del movimiento feminista adoptaron como símbolo el pañuelo verde, resignificando el pañuelo blanco que distingue a las Madres de la Plaza de Mayo, esas mujeres que en abril de 1977 se organizaron para reclamar información sobre el paradero de sus hijos e hijas detenidos desaparecidos por el terrorismo de Estado en la Argentina.

Las Madres de la Plaza de Mayo comenzaron a reunirse en la plaza principal de la ciudad de Buenos Aires el sábado 30 de abril de 1977, cercana a la Casa Rosada. Allí era el punto de encuentro para organizarse y poder peticionar a las autoridades de facto por sus hijes desaparecides, de manera conjunta y no individualmente. Al principio fueron 14 y una de las madres Azucena Villaflor,[1] propuso: “Individualmente no vamos a conseguir nada. ¿Por qué no vamos todas a la Plaza de Mayo? Cuando vea que somos muchas, Videla tendrá que recibirnos”. Al principio permanecían sentadas, pero al haberse declarado el estado de sitio, la policía las expulsó del lugar, obligándolas a “circular”. Fue así que comenzaron a rondar. Luego, para poder identificarse entre ellas en la Peregrinación a Nuestra Señora de Luján en octubre de 1977, decidieron ponerse un pañuelo blanco en la cabeza, en realidad eran pañales de tela. De esa manera surgieron los dos símbolos que representan mundialmente la lucha de las Madres, por un lado las rondas de los jueves a las tres y media de la tarde alrededor de la Pirámide de Mayo; y otro, el pañuelo blanco en la cabeza.

Años más tarde, el símbolo de los pañuelos como estandarte de lucha, como señaláramos, es retomado por la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, visibilizando esta demanda en particular con el característico verde que conocemos.

Es interesante traer aquí los aportes de Virginia Cano y Laura Fernández Cordero quienes conversan con Judit Butler en Buenos Aires en el marco de una entrevista en septiembre del 2015. En sus diálogos se abren múltiples nudos como forma de interrogar biografías y luchas. Este encuentro queda plasmado en un libro que prolongan las primeras dos autoras que mencionamos. Resulta interesante citarlas, ya que retoman algunas problematizaciones acerca de la lucha en la calle, la memoria militante y el uso de lo público como esfera de disputa del poder. Ellas plantean que la ocupación del espacio público con diversas manifestaciones que se dan una y otra vez de muchas maneras van generando una memoria viva que produce múltiples sentidos y abre territorios inesperados.

Es decir, los derechos no se conquistan, las disputas no se ganan, ni se convoca una multitud de personas por una misma causa, todo de un día para el otro. La irrupción de movimientos tales como el 3-J[2] o el 8-M[3], como tantos otros ejemplos que podríamos mencionar, no son momentos de inflexión sin historias que los preceden. En el caso de la marea verde mucho se ha escrito sobre su historia y múltiples experiencias que la atraviesan: una experiencia militante, de resistencia, de encuentro, de invención, comunión, la lucha de sus precursoras, todo ello forma parte de su presente hasta llegar a la gran victoria del 30 de diciembre del año pasado.

No estamos diciendo nada nuevo, sin embargo, queremos apuntar aquí la importancia del pañuelo como símbolo de lucha. Este también tiene historias de resistencias, esperanzas y victorias, ya conocidas por todes, o eso esperamos. La continuidad, conjunción, o vínculo entre el pañuelo blanco y el de la Campaña por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito ha sido mencionada en múltiples artículos del tema, la hemos visto en ilustraciones muy emotivas y la han corporalizado las propias protagonistas como las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo luciendo el verde característico. Empero, pudimos ver que surgía otro pañuelo, más reciente, y con un mensaje contrario, por no decir contradictorio, “el pañuelo celeste” relacionado con sectores conservadores y clericales.

Es en este hecho que surge lo que entendemos como una paradoja. El pañuelo de las Madres y Abuelas que se resignificó como símbolo de luchas por la conquista de más derechos fue apropiado como símbolo para visibilizar la lucha de sectores negacionistas y contestatarios a la ampliación de esos mismos derechos. Aquí se puede encontrar un paralelismo con la ambivalencia de lo que las autoras reclaman como “la calle”. La calle como lugar de resistencia y debate pero también como espacio de disputa. La calle como “Lugar de cobijo y de protesta, herramienta de negociación y sitio de despedidas, “la calle” es en nuestro imaginario político y en nuestra experiencia activista un campo de batalla, un territorio de resistencia, un lugar de invención y de encuentro, un punto de fuga transitorio. También, sitio de frustraciones, represiones, pérdidas y reapropiaciones conservadoras.” La calle es para las autoras un espejo de nuestra sorpresa al ver pañuelos celestes que representaban una contradicción a la propia historia de este símbolo. Podemos ver que este tipo de re-significaciones o disputa por lo que representan algunos símbolos no es algo meramente coyuntural: “Las manifestaciones más masivas en contra de los poderes de precarización neoliberal que se suscitan a lo largo y ancho del globo también son muchas veces apropiadas por los poderes políticos, mediáticos, judiciales y civiles a través de estrategias de neutralización, invisibilización, criminalización e incluso represión de la protesta y la manifestación pública”.

Como señalamos, esta mirada posible habilita una paradoja. Por un lado encontramos que el uso del pañuelo celeste irrumpe los significantes que hemos construido en torno al pañuelo militante de las Madres, Abuelas y la Marea Verde. El pañuelo celeste como una contradicción, es decir, al mismo tiempo que reconoce en ese símbolo un estatus activista o de reivindicación, niega su propia historia por la lucha que encarna. Por otro lado, es posible hacer otra lectura en torno al uso del pañuelo celeste, es la construcción del pañuelo como símbolo cuyo significante es un reclamo, una lucha, una causa común. Conocemos los pañuelos verdes, los naranjas, los violetas. Los pañuelos forman parte de nuestro registro imaginario acerca de lo que entendemos que es militar por una determinada causa: para ella se generan de forma creativa logos, se usan diferentes colores, se proponen nuevos cánticos, hasta slogans, todo ello también se acompaña con pañuelos.

En la paradoja coexisten las dos miradas, por un lado el uso de los pañuelos celestes como reapropiación de una historia de lucha y, en el mismo momento de su reapropiación, se invisibilizan sus significantes históricos. Asimismo, y de manera contradictoria, el uso del pañuelo celeste como novedad de una victoria en el campo de la disputa por los significados sociales. Una victoria en el capital simbólico: el pañuelo representa la lucha. Y esta representación viene nuevamente a poner en valor la fuerza de Madres y Abuelas y la disputa de la Marea Verde en la esfera pública.

Finalmente resulta ilustrativo traerlo al querido Julio Cortázar quién nos narraba, “Como no tengo nada de politólogo y mucho de poeta, veo el curso de la historia como los calígrafos japoneses sus dibujos: hay una hoja de papel, que es el espacio y también el tiempo, hay un pincel que una mano deja correr brevemente para trazar signos que se enlazan, juegan consigo mismo, buscan su propia armonía y se interrumpen en el punto exacto que ellos mismos determinan. Sé muy bien que hay una dialéctica de la historia (no sería socialista si no lo creyera), pero también sé que esa dialéctica de las sociedades humanas no es un frío producto lógico como lo quisieran tantos teóricos de la historia y la política. Lo irracional, lo inesperado, la bandada de palomas, las Madres de Plaza de Mayo, irrumpen en cualquier momento para desbaratar y trastocar los cálculos más científicos de nuestras escuelas de guerra y de seguridad nacional.” Es así como hoy vemos a sectores antiderechos empuñando también un pañuelo para representar sus propios intereses, porque el pañuelo representa la lucha organizada, la comunión en torno a una causa común, una de las maneras de visibilizar un reclamo, pero también una forma de atraer la atención por medio de un signo que les habla a todas las generaciones. Es decir, en el campo de la lucha social en la calle el pañuelo forma parte del capital simbólico construido en torno al coraje de las Madres y Abuelas de la Plaza. Es la construcción de un símbolo que habla de historia, resistencia, fuerza y victoria.

Es Ley, es Memoria, es Verdad y es Justicia, por les 30 mil y por las miles de pibas y mujeres muertas en abortos clandestinos.

 

[1] Azucena Villaflor de De Vincenti fue una de las socias fundadoras y primera presidenta de la Asociación Madres de Plaza de Mayo, quién fue secuestrada el día 10 de diciembre de 1977, permaneciendo en condición de detenida-desaparecida hasta el año 2005 en que fueron identificados sus restos que fueron incinerados y esparcidos alrededor de la Pirámide de Mayo.
[2] El 3-J refiere a la fecha 3 de junio, fecha en el cual bajo la consigna “Ni una menos” se dio nacimiento al movimiento feminista surgido en Argentina en 2015 bajo ese mismo nombre para luchar contra a la violencia contra la mujer y su consecuencia más grave y visible, el feminicidio.
[3] El 8-M refiere a la fecha 8 de marzo, fecha en el cual se conmemora el Día Internacional de la Mujer, que sintetiza una larga historia de luchas por los derechos sociales, laborales, políticos y económicos de las mujeres.

Bibliografía
* Tesoriero, Victoria (2019) “La Marea Verde como nuevo actor político. Cambios en el movimiento feminista argentino”, Editorial Revista Plaza Pública, Año 12-Nº 22, Dic. 2019.
* Barrancos, Dora, (2018). “El derecho al aborto es un derecho humano fundamental”. Disponible en: https://www.enestosdias.com.ar/2664-el-derecho-al-aborto-es-un-derecho-humano-fundamental.
* La Historia de Abuelas, 30 Años de Búsqueda. Segunda Edición. Buenos Aires 2007.
* Voloshinov, V. N. (1976) “El signo ideológico y la filosofía del lenguaje.” Editorial Nueva Visión, Buenos Aires. Disponible en: http://biblio3.url.edu.gt/Libros/2011/el_sig.pdf
* Bourdieu, P. (1997). Espacio social y espacio simbólico. Introducción a una lectura japonesa de la distinción. En I. Jiménez (Comp.) “Capital cultural, escuela y espacio social”. México: siglo XXI.
* Butler, J., Cano, V., Fernández Cordero, L. (2019) “Vidas en lucha. Conversaciones.” Edit. Katz, Madrid.
* Cortázar, J. (2011) Nuevo Elogio de la Locura. En “Obra Crítica III”. Edit. Alfaguara, Buenos Aires.

Los autores
* Camila Montesino Mársico. Estudiante avanzada de la Lic. en Ciencias de la Educación de la UNER, docente auxiliar alumna de la Cátedra Educación No Formal y militante por los DDHH.
*Marcelo Boeykens, es abogado Coordinador del Registro Único del Verdad de la Provincia de Entre Ríos y miembro de la Liga Argentina por los Derechos Humanos.

 

Fuente: Página Política
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