Las crónicas políticas por estos días no difieren mucho de lo que sucedía cuatro años atrás cuando Sergio Urribarri se hacía cargo del Poder Ejecutivo y Jorge Busti de la Cámara de Diputados bajo el lema de la “continuidad positiva”.
El inicio de la primera gestión urribarrista tuvo como primera novedad el pase de los diputados que habían llegado a sus bancas en la Lista 100 del Frente para la Victoria y la Justicia Social encabezada por la fórmula Julio Solanas y Enrique Tomás Cresto. El lote de legisladores que dio el salto estuvo integrado por Lidia Nogueira, Rubén Adami, Hugo Berthet, José Salim Jodor y Daniel Bescos. Era, en la jerga, el bautizado “Grupo Talleres” que se había enojado con Busti por elegir a Urribarri como el candidato a sucederlo.
Busti logró que el peronismo – que en sus dos versiones había sumado el 66% de los votos – se reunifique a los pocos días de la gestión y, con esa mayoría, se vote sin sobresaltos el Presupuesto y la necesidad de la reforma constitucional, que se terminaría concretando al año siguiente y habilitando a Urribarri para ser reelecto.
El cierre de la campaña en marzo de 2007 (las elecciones fueron desdobladas con las nacionales) había sido en duros términos. Cresto tuvo las palabras más duras en la explanada de la Municipalidad de Paraná. Dijo que su propuesta venía a terminar “con lo viejo” de política en la provincia. Urribarri le enrostró a Solanas llevar en el binomio a un dirigente cuya familia había sido parte de la historia “más rancia” de Entre Ríos.
Relación de fuerzas
Busti consolidaba su hegemonía en Diputados, mientras el gobernador intentaba contrarrestar formando un bloque urribarrista. Se constituyó, pero no duró demasiado. Allí estaban Eduardo Jourdán, Juan Domingo Zacarías, Jorge Maier, Hugo Vásquez y Patricia Díaz.
Llegó el conflicto con el campo y con él se terminó de quebrar el peronismo. Busti se subió al palco de la dirigencia rural. El grupo que respondía al mandatario se desarmó: la mayoría se pasó al bustismo, menos Zacarías y Maier que fueron y vinieron durante los cuatro años en la Legislatura. De ahí en adelante Urribarri no pudo contar con la Cámara de Diputados, excepto con la voz de José Cáceres, quien trató de cerrar heridas que ya estaban demasiado abiertas.
En las elecciones legislativas de 2009 el oficialismo forzó un acuerdo que tuvo como concepto “la unidad en la diversidad” sellado en un congreso en Villaguay. Los candidatos fueron Cristina Cremer, Raúl Barrandeguy y Raúl Riganti. La esposa de Busti encabezando la lista tuvo al entonces presidente de Diputados al frente de la campaña. Se perdió a manos de la alianza del radicalismo con sectores del campo.
El crestismo, de la mano de Enrique Tomás, refundaba el Movimiento Unidad del Peronismo Entrerriano (Mupe) para jugar con Busti en el 2011. El kirchnerismo en baja y el Peronismo Federal como una alternativa peronista al oficialismo en alta fue una ecuación que se mantuvo hasta un poco antes de la muerte de Néstor Kirchner, el 27 de octubre de 2010. Es día se produjo un giro. Hubo un reconocimiento social a la gestión y a la figura del ex presidente.
Urribarri mantuvo –como lo indica el ABC de la política y la gestión – a los intendentes aún en los peores momentos. Hoy los vuelve a tener a todos.
En los últimos días el gobernador sumó también a los diputados que llegaron a sus bancas en el Frente Entrerriano Federal: Diego Lara, Juan Carlos Almada, Rubén Almará y Vásquez. “Iba a pasar más tarde o temprano”, dijo hace unas horas y en soledad Rosario Romero.
El 23 de octubre pasado s Enrique Cresto se convirtió en senador provincial y Julio Solanas en diputado nacional. Ambos en la lista de Urribarri.
Los comicios del año que viene lo encuentran al gobernador con la suma total de la dirigencia peronista, y al ex gobernador con su brújula en Buenos Aires. Este martes estuvo al lado de Hugo Moyano, a quien el 1º de mayo de 2010 cuestionó por movilizar a Paraná haciendo uso de la estructura del Estado.
Nada más ni nada menos que el peronismo, más que un partido, un movimiento.

