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Entre Ríos sin Busti

El patrón que prefirieron estatales y docentes

En tres períodos institucionales, no consecutivos, el exgobernador supo tener muñeca para sobrellevar los conflictos sindicales. Entre Montiel y Moine, Busti se constituyó en el mejor interlocutor para los trabajadores en la Casa Gris.
Luz Alcain
Por: Luz Alcain
@luzalcain

Hay memorables jornadas de lucha de estatales y docentes en la historia entrerriana, del 83 a la fecha. Casi nunca coinciden, en el almanaque, con la presencia de Jorge Busti sentado en el sillón de Urquiza.

Montiel, Busti, Moine, Busti, Montiel, Busti. Así fue la seguidilla de tiempos institucionales, a ritmo de cuatro años, a partir de 1983 y hasta 2007.

Busti, tres veces electo sin cláusula de reelección. Fue saltando con cuidado en un campo minado. Grandes conflictos han marcado la historia de lucha de los gremios. Casi siempre, Busti estaba en otro escenario, lejos de Plaza Mansilla. O en el Congreso de la Nación, o a cargo de la intendencia de Concordia, o como ministro de la intervención en la provincia de Santiago del Estero.

La Ley 8.706, que implicó la cesantía de más de 2.600 estatales, fue la marca para Mario Moine que gobernó entre 1991 y 1995. Miles de entrerrianos salieron a la calle en rechazo a la norma y los reclamos judiciales derivaron luego en revisión de los despidos.

La Ley 9235 supuso que para las fiestas de diciembre de 1999 quedaran en la calle alrededor de 4 mil estatales contratados. Sergio Montiel no volvió a firmar los contratos, como lo venían haciendo los gobiernos peronistas, durante 12 años, en el marco de la casi eterna Ley de Emergencia que impedía el pase a planta. Plaza Mansilla fue desde ese momento y casi por cuatro años escenario del conflicto, el desasosiego, los brindis con agua, los duros discursos.

Busti estaba en otro lado. A lo sumo era interlocutor de la dirigencia sindical -como lo fue siempre-, contacto con algún funcionario nacional que pudiera canalizar reclamos, nexo con algún juez que permitiera avizorar la suerte del reclamo en Tribunales. Primero por las cesantías, luego por la falta de pago de salarios, en el marco de la profunda crisis de 2001, con una provincia plagada de bonos.

Además de interlocutor con la dirigencia sindical, Busti -o el bustismo- tenía su presencia fuerte en esas instituciones gremiales. Pese a haber encarnado buena parte de los tiempos menemistas, tuvo buena muñeca para facilitar, asesorar, acompañar reclamos, organización, asistencia, presencia militante. La Multisectorial, actor clave de la protesta durante el segundo gobierno radical de Montiel, estuvo en sintonía con la construcción política del bustismo, la que se profundizó en el contexto del intento frustrado de juicio político al mandatario provincial.

Edgardo Massarotti, en ATE, condujo un gremio y un espacio sindical que apostó a las instancias de diálogo con Busti. La dirigencia más importante del gremio docente, Agmer, tuvo una vía de contacto, siempre, con el dirigente peronista o con quienes habían sido referentes de sus gobiernos en el Consejo General de Educación (CGE) como Blanca Osuna.

Para el sindicato de los trabajadores de la educación los tiempos de Busti constituyeron una puerta al diálogo, la que se hacía visible en comparación con los tiempos de Montiel o Moine. De todos modos, eso no redundó en que la huelga docente dejara de ser una herramienta o que incluso surgieran referentes de espacios del peronismo que enfrentaron a Busti, como Beatriz Montaldo que fue luego diputada provincial por el Nuevo Espacio de Emilio Martínez Garbino.

Del lado de Busti, se aportó para cultivar ese diálogo. También con UPCN, ya más directamente, con su secretario General, José Allende, como eterno integrante de las listas para la Legislatura.

Jamás se le hubiera ocurrido a Busti abrir un frente de conflicto con estatales y docentes de magnitudes que implicaran demasiado ruido frente a Casa de Gobierno. Siendo gobernador, no se le ocurrió descontar días de paro, por caso; y hubo también injustas cesantías por decreto que pasaron al olvido sin mayor ruido, sin mayor atención sindical ni judicial.

No hubo sordina para las políticas del neoliberalismo en Entre Ríos. Y en seis de los diez años menemistas fue Busti el que estaba al frente del Ejecutivo. Hubo desguace del Estado, de la industria y la riqueza nacional, pero el conflicto cotidiano, sectorial, por salarios, cesantías, adicionales, condiciones de trabajo tramitó por la vía del diálogo en esos tiempos. No es que estatales y docentes no fueron parte activa, protagónica de la resistencia a esas políticas. Hubo aquí la Carpa Blanca del ayuno docente; hubo acompañamiento a las oleadas de desocupados que dejaba el modelo. Pero la lucha era nacional. Y era el rostro de Carlos Menem el blanco de todas las críticas.

 

Fotografía: Diario UNO

Fuente: Página Política
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