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Entre Ríos ya le dijo que no a la ley de lemas

El sistema que Massa sugiere adoptar para las elecciones de este año ya fue rechazado por el grueso de la dirigencia entrerriana. Lo querían sectores del kirchnerismo en 2018, como alternativa a la reforma electoral que impulsaba Bordet ese año. Finalmente no prosperó. Tampoco la reforma de Bordet.
Pablo Bizai
Por: Pablo Bizai
pablobizai@gmail.com

El recuerdo de lo ocurrido hace casi tres años en Entre Ríos es oportuno a la luz del actual debate nacional sobre qué hacer con las PASO en tiempos de pandemia. Es que la posibilidad de adoptar un sistema de lemas, o doble voto simultáneo (que implicaría unificar las primarias y la general en una sola elección) es una de las variantes que se ha venido manejando para reducir los riesgos sanitarios y que este fin de semana  cobró vigor con las declaraciones del presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa.

Massa dijo que este año «preferiría que se votara en un solo día» a través de un «acuerdo de las fuerzas políticas que evite la realización de las PASO, o con la realización de las PASO el mismo día que la general».  Remarcó que “no hace falta someter a los argentinos a ir a votar dos veces”.

En Entre Ríos fueron sectores del más duro kirchnerismo los que en 2018 impulsaron los lemas. Lo hicieron en el marco de la interna con Gustavo Bordet que impidió el avance de la reforma electoral impulsada por el gobernador en su primer mandato.

Lo que se evaluó entonces fue que un sistema de lemas evitaría lo que había ocurrido en las elecciones legislativas de 2017 (las últimas en las que se votó sólo diputados nacionales, como va a pasar este año), cuando muchos de los kirchneristas más puros que participaron de la interna de agosto no votaron luego en la general de octubre a los candidatos elegidos por el gobernador Bordet, con el aval de sus antecesores Sergio Urribarri y Jorge Busti.

En esas valoraciones se reparó en lo que implicó el tan cuestionado sistema para el peronismo de Santa Fe entre 1991 y 2004, cuando el gobernador Jorge Obeid promovió su derogación, luego de llegar al poder a pesar de haber obtenido menos votos que su rival socialista, Hermes Binner.

Lo que pretendían diputados provinciales del kirchnerismo en 2018 era suprimir las PASO y que todo se defina en un mismo acto electoral. Que cada partido pueda presentar a las elecciones generales más de un candidato para un mismo cargo y que todos los votos obtenidos por los candidatos de un mismo partido sumen para el que juntó más sufragios.

La única variante con la tradicional ley de lemas que rigió en Santa Fe entre 1991 y 2004 era que se proponía limitar el número de candidatos a llevar por un partido para el mismo cargo. Se trataría –decían entonces– de un sistema de lemas «acotado», o más «ordenado».

La otra gran diferencia, es que se pretendía combinarlas con la boleta única. Se buscaba avanzar con algo similar al proyecto que desde un sector del peronismo de Santa Fe referenciado con Agustín Rossi se intentó impulsar en diciembre de 2012 y que recibió un fuerte rechazo de arco político santafesino, incluida la facción del kirchnerismo que lideraba María Eugenia Bielsa.

 

El que pierde acompaña

La ley de lemas permite a un partido resolver su interna en la elección general. En lugar de hacer una interna previa, los distintos candidatos de un mismo partido o alianza (lema) se presentan directamente a la elección general como sublemas. En el escrutinio, todo lo que juntó cada lista interna (sublema) se suma a la que obtuvo más votos dentro del lema (partido o alianza).

Es una interna que se resuelve en la general y que, al desarrollarse en un mismo acto, asegura el cumplimiento de la segunda parte del conocido apotegma peronista: el que gana conduce, el que pierde acompaña. Obligadamente, sin posibilidad de ninguna fuga, cada uno de los votos de los candidatos que perdieron la interna suman para el que la ganó.

Un ejemplo que sirve para entender el sistema es lo ocurrido en las PASO de 2015 en Paraná, cuando el precandidato a intendente de Cambiemos, Sergio Varisco, obtuvo unos 15 mil votos más que la candidata que ganó la interna del Frente para la Victoria, Blanca Osuna. Pero el Frente para la Victoria fue la fuerza más votada, al sumar los sufragios obtenidos por Gastón Grand, Rubén Almará y Daniel Elías, que compitieron con sus boletas cortas contra la entonces intendenta. “Osuna sueña con una ley de lemas”, chicaneó entonces Varisco.

 

Distorsión

La historia ha demostrado que los lemas pueden distorsionar la voluntad popular. Como lo ha evidenciado la experiencia santafesina en forma reiterada. En 1991 el radical Horacio Usandizaga fue el candidato a la gobernación más votado, pero Carlos Reutemann se quedó con el gobierno porque la suma de los sublemas justicialistas tenía más votos que los radicales. En 1995 volvió a ser Usandizaga el más votado, pero el justicialista Jorge Obeid se alzó con la gobernación por idéntico motivo. Y en 2003 el socialista Hermes Binner fue quien más sufragios reunió, pero Obeid fue gobernador gracias a la suma de los sublemas peronistas. Obeid derogó los lemas en 2004 y el peronismo perdió Santa Fe, dando paso a los gobiernos de Binner, Antonio Bonfatti y Miguel Lifschitz.

De cualquier forma, la principal distorsión del voto se da en cargos ejecutivos (un voto a un gobernador o intendente que pierde suma para el que gana la interna del partido) y no tanto en una elección legislativa, porque las bancas se asignan en forma proporcional a los votos obtenidos, con representación de minorías, si las hubiere.

Un problema adicional de los lemas es que no hay manera de votar un partido en las primarias (quizá para avalar la continuidad de un partido chico) y a otro en la general (ya con un sentido de voto útil). El votante sabrá (o debería saber) que al votar una lista de una color político está sufragando por cualquier candidato de ese sello. Lo esperable es que la confusión y desconocimiento se potencien si proliferan los sublemas.

Si se adoptan los lemas, también se eliminaría el efecto “encuesta” de las PASO, que instalan un escenario para la general  y que muchas veces motivan cambio de voto entre una elección y otra. Por ejemplo, un antiperonista que vote al partido de José Luis Espert y Javier Milei  en las primarias de agosto, pero para octubre se incline por el voto útil a favor de Juntos por el Cambio.

Fuente: Página Política
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