Una nueva trama de supuestas acciones de espionaje ilegal tienen su centro de operaciones en la Casa de Gobierno. En rigor, en los despachos de la autoridad máxima del Estado,el Gobernador; y su segundo, el secretario general de la Gobernación, una especie de jefe de gabinete. Este miércoles Rogelio Frigerio y Mauricio Colello denunciaron ser víctimas de espionaje y mostraron artefactos encontrados en sus lugares de trabajo.
La noticia remite, inmediatamente, al episodio que tuvo a Edgardo Kueider contando dinero sobre su escritorio, cuando se desempeñaba como secretario general de la primera administración de Gustavo Bordet. Esas imágenes que se mantuvieron bajo siete llaves durante la gestión anterior y se reprodujeron hasta el hartazgo en la de Frigerio fueron producto, efectivamente, de una operación de espionaje ilegal que tuvo como plataforma la interna peronista, cuando Sergio Urribarri estaba destinado a perder la presidencia de la Cámara de Diputados. Esos videos fueron llevados a la Justicia por Kueider en su momento, pero en los tribunales no pudieron avanzar en la investigación. Página Política lo contó en la siguiente nota:
Lo interesante de esta historia es que el año pasado, esta causa que está muerta en términos judiciales, se abrió en lo administrativo cuando se viralizaron los videos (que ya tienen sus años). El fiscal de Estado Julio Rodríguez Signes inició una investigación para verificar la procedencia de esos dineros, que todo indicaba en su momento que eran los fondos para gastos reservados.
Este expediente está en trámite.
Los artefactos hallados son de la época de Kueider. Interesante. Porque hubo dos intervenciones sobre el asunto: cuando el propio ex senador se encontró víctima de esa operación y años después cuando esos videos fueron parte de la comidilla, el año pasado. ¿Nadie revisó el sistema de cámaras y seguridad en esos lugares sensibles todo este tiempo? Pasaron más años de lo que consume una gestión. Podría tratarse de una impericia imperdonable.
La causa denunciada este miércoles recayó en el fiscal Santiago Alfieri.
En la segunda gestión de Urribarri ocurrió un episodio que no se conoce. El periodista Jorge Riani se había propuesto mantener una conversación en off con José Eduardo Lauritto, cuando éste se desempeñaba como ministro de Educación y Deporte. La charla se llevó a cabo en el despacho del funcionario, en Casa de Gobierno. Luego del encuentro, a Lauritto le hicieron saber, y le mostraron, la grabación de lo conversado con Riani. Este hecho se mantuvo en silencio todo este tiempo.
Bordet fue víctima de hechos similares en el marco de una investigación por espionaje a jueces de la Corte Suprema en la que se determinó que había también otras figuras públicas que habían sido “objetivo” de espías ilegales. Entre los nombres aparecieron dirigentes políticos, empresarios y periodistas. Click aquí para leer el informe.
En revista Cicatriz, en su cuarta edición en 2021, el periodista Juan Cruz Varela narró una interesantísima historia sobre el espionaje político en Entre Ríos.
Los espías son custodios de los secretos de un país. Pero de la construcción de ese secreto participan también políticos, jueces, fiscales y los policías que suelen ser ejecutores de esas tareas que muchas veces cruzan el umbral de la legalidad. El entrecruzamiento de la política con los servicios de inteligencia es permanente y trasciende los tiempos y los gobiernos. Desde las luchas independentistas hasta Perón y las dictaduras, de Montiel a Urribarri, cada uno a su manera, quisieron conocer los secretos y las miserias de sus adversarios. Aquí una historia que trasciende los tiempos.
Así se invita a leer desde la introducción. Aquí la nota:
Breve arqueología del espionaje entrerriano
Fuente: Página Política



