Hace 5 años la política argentina asistía a un hecho que la convulsionaría: Julio Cobos enterraba en el Senado un proyecto de ley que había surgido a raíz de la resolución 125 que implicaba un incremento en las retenciones a la exportación a sectores agrarios. El hecho legislativo, en concreto, fue el inicio de un proceso que lo estudiará la historia, la sociología y las ciencias políticas.
Se quebró el bloque oficialista en el Congreso, pero ante todo se partió el peronismo. En ese entonces, mucho más que la columna vertebral del kirchnerismo. Era el 90 por ciento del gobierno.
El año 2009 encontró un pejotismo dividido y un nuevo actor político dispuesto a pelear electoralmente: el campo. Atilio Benedetti dejó el Consejo Empresario de Entre Ríos para convertirse en candidato a diputado nacional por el radicalismo. Terminó encabezando una lista inesperada: lo secundó la dirigente de la Sociedad Rural, Hilma Re; y el titular de la Federación de Asociaciones Rurales de Entre Ríos (Farer), Jorge Chemes. A los dos últimos dirigentes se les desconocía actividad política antes del estallido.
En el PJ entrerriano se limaron algunas asperezas. Sergio Urribarri y Jorge Busti decidieron conformar una sola lista bajo la consigna “unidad en la diversidad”. Fue la frase que se utilizó para explicar las diferencias que se extendieron durante un año. No resultó. Se impuso el frente que encabezó la UCR. Captó buena parte del voto útil. Muchos peronistas pusieron en las urnas la boleta de Héctor Maya, que representaba al Peronismo Disidente. En ese escenario perdió el oficialismo.
Deglutida la derrota, el peronismo provincial inició un nuevo proceso de desmembramiento. Surgió el Frente Entrerriano Federal (FEF). Los disidentes se mantuvieron. Busti se encolumnó a la candidatura de Eduardo Duhalde y Urribarri esperó cuál de los Kirchner sería el líder a seguir. El antikirchnerismo peronista esperó a Carlos Reutemann hasta último momento y, una vez descartado, observó los movimientos de Daniel Scioli.
Busti aglutinó a la mayoría de los diputados y Urribarri se quedó con la mayoría del Senado. Esa fue la ecuación que garantizó la gobernabilidad. Los intendentes no se movieron, excepto Diego Lara (María Grande) y José Carlos Halle (Paraná), que se pasaron a las listas del bustismo. Dirigente que no tenía responsabilidad institucional se iba al FEF. Los Cresto, por mencionar un espacio en el seno del peronismo, fue un caso.
Murió Kirchner. La política quedó ante otro terremoto. Una buena parte de la sociedad se vio ante la necesidad de reflexionar sobre lo que había generado aquel hombre.
La Presidenta pasó a ser la dirigente con mayor imagen del país. Los desertores del peronismo creyeron que duraría pocos meses el luto y también los números auspiciosos que marcaban las encuestas. No fue así.
Urribarri abrió las puertas para su reelección y sumó a José Allende, los Cresto, al solanismo, a Raúl Taleb (aunque sin promesas) y otros dirigentes más. Derrotó con comodidad a su verdugo de 2009 y dejó en tercer lugar, a unas centésimas, a su viejo amigo.
El gobernador se aferró al kirchnerismo y goza de la confianza presidencial. Como en 2009,la Presidenta desconfía del peronismo y desde aquella elección que lo tuvo a su marido como la cara de la derrota emprendió la construcción de un aparato “paralelo” al peronismo que hoy, a groso modo, forman parte de Unidos y Organizados. Muchos de esa cantera se convirtieron en funcionarios de peso o legisladores. Un ejemplo espejo en Entre Ríos es, quizás, Jorge Barreto. Tiene grandes chances de convertirse en diputado nacional. Una anécdota: a comienzos de 2011 llamó a la redacción de Página Política un importante dirigente del bustismo para preguntar por Barreto, a quien desconocía. El joven militante lo había embestido fuertemente a través de un comunicado. La anécdota pinta, un poco, las transformaciones de los últimos 5 años.

