Por José Cáceres (*)
El golpe de Estado que derrocó a Juan Domingo Perón el 16 de septiembre de 1955 fue el quiebre más abrupto del orden democrático en toda nuestra historia. El golpe abrió una etapa de persecuciones, odio político e intolerancia, marcada por episodios luctuosos como fusilamientos, asesinatos, torturas, detenciones ilegales, suspensión de todas las manifestaciones políticas y democráticas, el robo y el ultraje al cadáver de Evita, entre otros hechos aberrantes. Una de las consecuencias directas de esto fueron los 18 años de proscripción del peronismo y la inestabilidad política e institucional.
La «Revolución Libertadora», aquella dictadura asumida en 1955, llevó adelante medidas netamente antipopulares como los acuerdos con el FMI y la subordinación internacional a las potencias imperialistas, la intervención de los sindicatos y cercenamiento de los derechos de los trabajadores, la derogación de las conquistas sociales, la anulación de la Constitución de 1949 que consagraba los derechos sociales en Argentina, etc., derrocando un gobierno que había llegado al poder con más del 60% de los votos de los argentinos.
Otro 16 de septiembre, pero de 1976, en uno de sus episodios más aberrantes, la dictadura genocida que comenzó el 24 de marzo de 1976 secuestró un puñado de jóvenes estudiantes secundarios de la localidad de La Plata que eran militantes de la UES. Fueron secuestrados por un grupo de tareas de los genocidas Ramón Camps y Miguel Etchecolatz en lo que la historia ha denominado como «La Noche de los Lápices». De los secuestrados esa noche hubo seis que nunca más volvieron: María Clara Ciocchini, María Claudia Falcone, Claudio de Acha, Horacio Ungaro, Francisco López Muntaner, Daniel Racero, a ellos debemos recordar como ejemplo.
Con el golpe del 55 se intentó borrar la historia y hacer desaparecer al peronismo. Pero fracasaron en todo sentido. El pueblo no lo permitió. Las dictaduras en nuestro país no solo emergieron para impedir la libre expresión del pueblo y para terminar con la política; lo hicieron para imponer políticas antipopulares que atentaban contra los intereses de la mayoría del pueblo, por eso hubo un golpe militar contra Perón y por eso hubo otro contra el peronismo, el último, más cruel y genocida, en 1976. El primero comenzó el 16 de septiembre de 1955 y el segundo tuvo como uno de sus hechos más aberrantes a La Noche de los Lápices, también un 16 de septiembre, hechos que hoy recordamos, desde el gobierno y luchando por devolver la felicidad al pueblo.
El odio que vemos hoy en sectores de la oposición en estos días es muy preocupante, el nivel de agresión, de falta de menosprecio a las instituciones y a la democracia nos recuerdan a aquellos días de odio de 1955 y a 1976. Algunas convocatorias que se hacen, especialmente por las redes sociales, se efectúan desde el odio de clases, desde la reivindicación de ideas y esquemas antidemocráticos que son incompatibles con el Estado de Derecho. Más grave es aún la adhesión de algunas figuras centrales de la oposición que adhieren a las consignas que se propagan en esas marchas y convocatorias.
Los éxitos recientes del gobierno nacional, como el acuerdo con los acreedores externos, los ha llevado a posiciones extremas. Si bien considero que son expresiones minoritarias, que acompañan también a dirigentes opositores con imagen pública muy deteriorada por la desastrosa gestión de Macri, es muy peligroso el odio político que siembran, fomentando la división, con argumentos falsos, racistas y discriminatorios, profundamente irracionales, que solo atentan contra la democracia, afectan un sano ejercicio del debate político y la convivencia colectiva. Debemos enérgicamente repudiar estas expresiones de la oposición.
(*) Ex vicegobernador. Actual diputado provincial. Secretario General del PJ de Entre Ríos.

