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OPINIÓN

¿Cuál es el principal freno al desarrollo nacional?

El economista dio una mirada global de lo que debería ser un modelo de desarrollo. Enumeró inconvenientes y posibilidades de superarlos.

Por Roberto Schunk (*)

 

Contrariamente a las exposiciones de los economistas ortodoxos, las cuales son replicadas ampliamente por los sectores de la derecha y, por medio de la cual se sostiene que el freno al crecimiento económico está dado por el déficit fiscal, desarrollo a continuación algunos argumentos para comprender cuales son las restricciones que impiden el desarrollo de nuestro país e intento explicar cómo la dominancia externa opera generando la identificación de “País Subdesarrollado Especial”.

Buscando analizar los determinantes que operan retrasando el desarrollo económico de la Argentina y argumentando que es la restricción externa, la variable que funciona como freno del desarrollo local, intento refutar algunas de las teorías de los economistas ortodoxos.

Comencemos por comprender que la ortodoxia dice que el déficit fiscal es la causante de las crisis para ocultar el hecho de que lo que realmente la causan es el endeudamiento externo. La lógica de los sectores afines a la dominancia utiliza el “Modelo de las Tres Brechas”, mediante el cual se analiza el equilibrio macroeconómico.

Cuando la ecuación del producto está equilibrada, la economía está en equilibrio, por tanto es desde aquí que la ortodoxia plantea que para que este equilibrio exista, “se debe ajustar la brecha fiscal, es decir, el déficit fiscal”.

Es el mercado el que opera sobre dos de estas variables: 1- Es la tasa de interés (la que) equilibra, a través del mecanismo de mercado el déficit del sector privado; 2- El sector externo se equilibra a través del tipo de cambio.

Por tanto, el único sector que no depende del mercado, sino que responde a criterios políticos es el sector público, el cual se encuentra siempre en la mira de los conservadores con frases como “gastan más de lo que recaudan”, alegando que para que exista inversión, debe haber ahorro.

Este mecanismo responde indudablemente a la dominancia externa ya que, como anteriormente se explicó: “se oculta el hecho de que lo que realmente causa (el freno al desarrollo), es el sector externo”.

La ortodoxia argumenta que es en síntesis la conducta del sector público y el déficit fiscal la causante de todos los males pero, ¿qué es lo que pasa con el sector externo?

Lo que sucede es que los países periféricos, como Argentina “tienen lo que se llama elasticidades de ingreso diferenciales con los países desarrollados”, es decir que para que nosotros podamos crecer necesitamos aumentar desproporcionalmente las importaciones, independientemente de lo que pase con el gasto público. Este es un punto de vista similar al expuesto por la Vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner en su alocución en la CTA la semana anterior. Por otra parte, los países centrales pueden crecer sin la necesidad de importar más.

Lo que sucede en consecuencia es que cada vez que nosotros crecemos, aumenta nuestro déficit externo porque necesitamos crecientemente importar bienes y servicios, sobre todo maquinaria, insumos y tecnología y eso es totalmente independiente del déficit fiscal. Es un problema de estructura productiva, y esto significa que cuando la economía por cualquier causa que sea, acelera su tasa de crecimiento, si no hay buenos precios internacionales o si no hay financiamiento externo, rápidamente entramos en el problema de la restricción externa.

 

El problema de ala “dominancia externa”

Los economistas heterodoxos sostienen que la clave se encuentra en lo que se denomina “Dominancia Externa”, a diferencia de los ortodoxos que creen en la “dominancia fiscal”.

Está empíricamente demostrado que en países como el nuestro el problema es la dominancia externa ya que, por cada punto de crecimiento del PBI, las importaciones terminan creciendo casi 3 puntos porcentuales y las exportaciones lo hacen a -0,4, en síntesis: en nuestro país exportamos lo que comemos, por lo tanto si aumenta el PBI, significa que consumimos más.

La única solución es, como dicen los estructuralistas: “un proceso de diversificación  y sofisticación de la estructura productiva que haga salir de esa trampa de ser exportadores de commodities”. Para ello necesitamos el Estado de nuestro lado, porque el mercado sólo no diversifica la estructura productiva. Jamás en la historia del mundo hubo un país que haya diversificado su estructura productiva solamente con el libre juego del mercado.

Esto se logra con un acuerdo entre el sector público y privado con políticas de desarrollo productivo- industrial como lo tuvieron todos los países exitosos.

 

La fenomenal deuda externa y la fuga de capitales

Lo descripto anteriormente demuestra que la dominancia externa es el problema fundamental en nuestro país, este freno al desarrollo perpetrado por el capitalismo para que los países de la periferia no puedan ser autosustentables, ya que para ser competitivos, carecen de recursos tecnológicos, servicios e innovaciones que priman la oferta de productos elaborados a nivel mundial. Ahora, en este marco, es necesaria también la mirada sobre la “fenomenal deuda externa y la fuga de capitales”.

De la mano con la discusión central presentada la semana anterior por la vicepresidenta, podemos observar que cada vez una parte más importante del esfuerzo de las y los argentinos tiene que asignarse al pago de los servicios de la deuda externa, abortando de esta forma cualquier proceso de inversión real con trabajo nacional.

A esto debe agregarse la fuga de capitales que, desde la última dictadura militar, nuestra burguesía ha escogido como método para el crecimiento de su capital y cuya operatoria explicaré más adelante.

 

País subdesarrollado “especial” en  América Latina

El planteo de tomar a la Argentina como “País Subdesarrollado Especial” surge del trabajo llevado adelante por docentes de la Facultad de Ciencias Económicas de la UNER bajo la conducción de Ignacio Tomás Trucco (docente de desarrollo económico UNER y UNL e investigador asistente del Conicet en el IHUCSO): Ignacio Tomás Trucco. (2022). La paradoja del endeudamiento argentino: un acreedor en permanente crisis.

El perjuicio que están generando estos grandes actores nos han afianzado como “país subdesarrollado especial en América Latina”, dado que nuestro país es acreedor neto del resto del mundo, es decir que, Argentina ha prestado más de lo que debe. Basta con revisar la Posición de Inversión Internacional publicada por el Indec para observar que los activos externos de los argentinos alcanzaron en el tercer trimestre de 2021 los u$s 413.288 millones, mientras que los pasivos suman 290.774 millones de dólares.

Esta posición “inusual en los países periféricos” demuestra que los activos argentinos en el exterior superaron en un 40% los pasivos externos.

¿Cómo explicamos entonces que un país como Argentina, con la capacidad de formar activos externos (acumular moneda fuerte en una proporción tan superior a sus pasivos externos), se encuentre en procesos de crisis de deuda recurrente?

Simple, por un lado el Estado está fuertemente endeudado mientras los privados tienen unos excedentes notables de activos externos y, por otro, los activos externos acumulados por los privados constituyen activos de bajísimo rendimiento, incluso rendimientos negativos, mientras que los pasivos son previsiblemente más onerosos.

 

El nudo gordiano

Una parte cada vez más importante del esfuerzo de los argentinos tiene que asignarse al pago de los servicios de la deuda externa que impiden o abortan cualquier proceso de inversión real con trabajo argentino, a lo que hay que agregar, la fuga de capitales de nuestra burguesía que desde la dictadura cívico-militar del ’76 ha adoptado para el  crecimiento de su capital.

Allí sin dudas es donde debe apuntar el gobierno nacional, a finiquitar este comportamiento absolutamente rentista que termina apostando cada tantos años a generar una gran devaluación, para valorizar los dólares que tienen en el exterior, tanto los declarados como los que disponen en paraísos fiscales con el objetivo de “comprar” a precios de remate activos argentinos como campos, empresas, etc., logrando la consolidación y profundización del poder económico, que en estos últimos tiempos se ha conformado como “esencialmente político”, buscando doblegar las estructuras de los gobiernos populares a través del manejo de grandes estructuras de opinión como los medios de comunicación hegemónicos y, poniendo en juego a parte del Poder Judicial.

 

Quizás todavía pueda hacerse algo

Antonio Gramsci decía: “Con el pesimismo de la razón y el optimismo de la voluntad, quizás todavía pueda hacerse algo”, y sin dudas, ese algo infiere un importante cambio de timón en las políticas económicas de un gobierno popular que necesita del apoyo de su pueblo para doblegar las intenciones de la dominancia externa.

Es quizás el momento y, parte de esto, suponen las luchas actuales de las militancias y los sectores de las y los trabajadores en cuanto a la discusión sobre la recuperación de la “Vía Navegable Troncal y el Canal de Magdalena”, la identificación como empresa testigo de YPF agro, la recuperación y puesta en funcionamiento para buques de ultramar del puerto de Diamante, la necesidad de definición sobre el puente Paraná-Santa Fe, la recuperación de nuestros ferrocarriles aportando a la red fluvial, la relación estratégica con el Estado Plurinacional de Bolivia y, otros temas que son de vital importancia para los intereses de las y los entrerrianos y, por supuesto de nuestro país.

Todos temas que se encuentran abordados por referentes de organizaciones políticas como Unión Ciudadana Entre Ríos y organizaciones sindicales e intelectuales que impulsan la recuperación de nuestra soberanía como punto de inflexión fundamental para el desarrollo económico y la grandeza de nuestra nación.

 

(*) Ex ministro de la Producción, economista, docente universitario y autor del libro Adonde va el excedente.  

Fuente: Página Política
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