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OPINIÓN

Dirigente del PRO prefiere partir el país al medio

Representaciones acerca de la Argentina, sus problemas y las reglas de juego de la política. En un texto en redes sociales de López Osuna.
Luz Alcain
Por: Luz Alcain
@luzalcain

Más allá de los límites físicos, las fronteras y los mapas, un país se dice, se define, en una serie de identidades que conviven, que contrastan y se enfrentan; un país se va moldeando en torno a distintas culturas, diferentes relatos de la historia y del presente. La memoria se amasa con variadas técnicas.

Cierto es que hay memoria en la Argentina de las veces que se quiso montar un modelo de país sobre “el desierto”, sobre la nada que en tiempos de Roca era la tierra habitada por indios y por gauchos.

Cierto es que otras tantas veces las diferencias las saldó el terrorismo de Estado expresando a los poderes fácticos, invisibilizando, eliminando literalmente a los rostros de la resistencia, a quienes expresaran una Argentina distinta. En dictadura y también en democracia molestan a veces quienes sobran cuando se piensa un país para pocos.

Son menos habituales las “utopías” en torno a saldar las diferencias con la metáfora de un país partido en dos; de un “desierto” en el que ya no haya necesidad de convivir aunque eso nunca sea cierto del todo; desde 1880 para acá, son menos comunes las representaciones de un país en el que se pudiera mandar al destierro, a otra parte del territorio, a todo aquel con el que no se acuerde.

La política ha hecho de la Argentina y sus rumbos la escena de la disputa. Desde 1983 a la fecha fue la democracia la forma en que se encontró para dirimir estos debates, estas “argentinas” en pugna. Pero hay veces que la democracia es frágil y que quien pierde las elecciones prefiere partir el país al medio antes que protagonizar el debate político.

 

La utopía de López Osuna

Un dirigente del PRO expresa su “utopía” sin muchas vueltas. Edgardo López Osuna, excandidato a intendente, excandidato a vicepresidente del PRO por la lista derrotada en la interna partidaria, acompañó en Facebook su manifiesto con la foto de un peón rural.

Postula allí López Osuna “que dividamos el país en 2”. “La solución: llévense medio país, la mitad que prefieran, nos da igual. (…) Y hagan la patria socialista. Lleven a sindicalistas, punteros, zurdos parásitos, empresarios prebendarios. Todos los que viven de nuestros impuestos, juntitos, puteando”, propone y dobla la apuesta y cede “la pampa húmeda” para dejar en la otra mitad del país “los 8 millones que aportamos”.

Desafía a los “no aportantes” a comprobar en 10 años vemos qué país es más pobre. Cede también “el Conicet, el Papa, Grabois y Lázaro Baez. Que los gobierne Milagro Sala con su justicia” a cambio de “los fachos que se levantan de madrugada para trabajar y pagar impuestos”.

Cede López Osuna, también, la potestad de prohibir en el otro país “el glifosato, la minería, la siembra directa, los despidos” y autoriza a “pagar 3 aguinaldos por año”.

En la Argentina de la que López Osuna propone un éxodo habrá “escuelas en la que los niños pueden ir cuando quieran y en la que las chicas vayan mostrando las tetas”. En cambio en sus escuelas se exigirá dedicación y habrá premios para los mejores “con becas en empresas”.

En su caso, “es innegociable” que la Facultad de Filosofía y Letras no funcionará en su pedazo de Argentina. Concluye afirmando que sólo tolera el país y este gobierno “para ver si podemos escapar de ese gran grupo que nos viene viviendo hace 70 años”.

 

Representarse el país

Se trata de una metáfora, ciertamente. Si no López Osuna diría qué parte del país asume la deuda con el FMI; qué parte recibirá del Estado los beneficios del ATP para pagar salarios en pandemia o cómo harán frente a salud, educación, seguridad. Tal vez todos esos servicios serán privados en mitad de la Argentina.

No dice si los vulnerables deben quedarse todos de este lado del mundo. O, si los acepta, harán un fondo común para hacer frente a la AUH, o a las pensiones. Dejó en claro, sí, que las leyes laborales y los derechos humanos corren de la frontera para allá. La foto del peón rural es emblemática al respecto: el Estatuto que lo protegió ante la patronal es de 1944, es símbolo de los 70 años que aborrece el dirigente del PRO. La ley original la dictó Juan Domingo Perón, la derogó la dictadura en 1980 y la reinstauró como Ley 26.727 el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner en 2011. Demasiado para la utopía de López Osuna.

Si no fuera metáfora, nos diría López Osuna que desecha la formación en ciencias sociales y literatura, si en cambio financiarán la educación superior en otros campos. O si le sobran ingenieros y entonces, tal vez, no le hagan falta Universidades, ni públicas ni privadas.

Es una metáfora de fuerte adhesión en un sector de la población; una “utopía” que destila odio, intolerancia, desprecio. Un dirigente político descarta las reglas con que juega la política y la democracia. Se ha dicho que el PRO es el partido de la derecha que aprendió que se llega al poder por voluntad popular. Aunque a veces, la voluntad popular se sienta sólo como asfixia.

Fuente: Página Política
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