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La marca de los politólogos en Entre Ríos

Desde 2006, la UNER forma licenciados en Ciencia Política con un perfil particular, propio de la Facultad de Trabajo Social. Barberis, vicedecano de la unidad académica, aseguró que en estos 15 años la disciplina va haciendo su terreno en la provincia, en frontera tensa con contadores, abogados, comunicadores.
Luz Alcain
Por: Luz Alcain
@luzalcain

En 2006, cuando se abrió la carrera de Ciencia Política en la Universidad Nacional de Entre Ríos (UNER), la Facultad de Trabajo Social se pobló de gente de distintas generaciones que tenían pendiente un vínculo más “académico” con la política. La mayoría de esos primeros ingresantes a la institución, entonces en calle La Rioja, eran militantes de partidos y organizaciones sociales, asesores, analistas con mucha lectura pero sin título, sabedores sin credenciales aunque con experiencia propia en los asuntos del poder y la sociedad.

Pasados 15 años de aquello, la carrera ya es una opción conocida también por estudiantes que terminan sus estudios secundarios. De aquellos primeros pobladores de la licenciatura, algunos se convirtieron en los primeros egresados de un total de entre 50 y 60 politólogos recibidos de la UNER.

El paso del tiempo hizo que la disciplina ganara cuerpo en la vida institucional de la facultad lo que se vio reflejado en la decisión que un politólogo, por primera vez, acompañara desde el Vicedecanato la nueva gestión que inició en abril la Licenciada en Trabajo Social, Mg. Sandra Arito.

El rol recayó en Pablo Barberis, docente de Análisis Político, santafesino, egresado de la Universidad Nacional de Rosario (UNR). Además, por el puesto que ocupa, también tiene a su cargo la Escuela de Gobierno, Estado y Sociedad de la unidad académica, área desde la que se articulan propuestas de capacitación de distinto formato y se plasman iniciativas de extensión.

“Nos ha tocado a los politólogos aportar un poco nuestra mirada. Empujamos, con la otra disciplina, para el mismo lado, apostando a que las ciencias sociales sigan teniendo un lugar de relevancia en los debates, con la intención de llevar a las agendas públicas nuestras propuestas formativas”, resaltó Barberis el proceso en curso.

–Esta carrera que dicta la UNER se organizó en un principio como una especie de subsede de la Licenciatura en Ciencia Política que dicta la Universidad de Rosario. ¿Hacia donde derivó ese origen? ¿Cómo se fue perfilando la propuesta de Entre Ríos?
–En un primer momento, ante la ausencia crítica de politólogos formados en la región, Rosario fue un poco una marca por cuestiones geográficas, por cuestiones sociales y políticas dado que la coordinadora en ese momento (Cristina Díaz) era de la UNR y trabajó hasta que se jubiló en las dos universidades. Los concursos fueron abiertos pero Rosario era el lugar más próximo con una masa importante de politólogos, distinto a lo que podría ser Córdoba o Buenos Aires.

–¿Es muy diferente el plan de estudios al que ofrece la universidad privada, la UCA?
–En realidad son muy contemporáneas las cuatro carreras de la zona del litoral (UCA Paraná, UCA Santa Fe, UNER y Universidad del Litoral). La propuesta de la UCA es directamente el calco de lo que se da en Buenos Aires. Tienen una organización distinta y funcionan las sedes como anexo de Puerto Madero, con el mismo plan de estudios. En la UNL el proceso de creación de la carrera tiene que ver con improntas propias de la vida interna de la facultad, un proyecto más atado a las Ciencias Jurídicas y también a la Sociología y con una relación más directa con Rosario. El proceso de acá fue más autónomo si se quiere, con la convivencia con Trabajo Social en ciclo de formación común, con las dos terminalidades.

–¿Qué particularidad aporta al perfil del politólogo la convivencia con el Trabajo Social que dio origen a esta facultad?
–Te aporta una mirada de lo social que los politólogos de Rosario en general no tenemos. Es una manera muy distinta de pensar el problema en la situación, encarnado en las particularidades de un territorio, una región. El politólogo que ve más un diseño institucional desde el perfil de la administración, se pierde un poco ese mayor contacto con una base que nutre parte de la comprensión del problema.

–¿Cuáles son las orientaciones que presenta la carrera?
–Se forma en un perfil más de administración y de políticas públicas (Formulación y Gestión de Políticas Públicas) y otro más si se quiere de análisis de coyunturas (Análisis Político Regional Latinoamericano)

–¿Cuál ha sido más elegida?
– En general suele cooptar más caudal el perfil de administración.

–Hay más salida laboral en esa materia
– Es la orientación que elige gente que piensa la organización del Estado; el diseño, implementación y evaluación de políticas públicas. Y es un poco lo que estaba en un estado de demanda mayor quizá en la zona porque no había politólogos formados con ese perfil.

–¿Cuántos estudiantes hoy están cursando la carrera y cómo fue la evolución de la matrícula a lo largo del tiempo?
– Hubo un furor primero. Después un momento de amesetamiento. Llegó después un descenso y nos pusimos a trabajar muy fuerte en 2018, 2019 para repuntar la matrícula. El balance post pandémico no está muy cerrado. Es difícil hacer un diagnóstico porque no es solo la cuestión del ingreso. Hay un tema con la permanencia. Difícil un balance a menos de un año de haber cerrado las aulas para ofrecer un ciclo de formación virtual que implicó un desarraigo de la facultad. Si bien esa situación nos sirvió para recuperar gente que se había ido quedando en el camino y que pudo regularizar materias de nuevo, eso se dio junto con la experiencia de chicas y chicos que venían a hacer una carrera, se virtualizaron de prepo y hoy estamos viendo en qué estado están, cómo van elaborando su trayecto, como planifican el retorno pleno. Hoy por hoy hay alrededor de 400 estudiantes cursando la carrera.

–¿Cómo funciona la cohorte que se abrió en Gualeguaychú?
–Allí cursan alrededor de 40 estudiantes de Ciencia Política y unos 150 de Trabajo Social, una carrera esta última que tenía una gran demanda en toda la costa del Uruguay. Se nos propuso desde el municipio de Gualeguaychú abrir Ciencia Política pero pensamos que lo mejor era ir con las dos carreras, intuyendo que estaba este interés fuerte y no nos equivocamos.

–¿En qué aspectos de la política se van a dar las primeras marcas de la formación de politólogos en Entre Ríos?
– Entre Ríos tiene una complejidad geográfica muy interesante. No hemos podido llegar todavía con temas que creo que son herramientas que hoy pudieran ser fundamentales en las administraciones locales, pienso en modernizaciones en los escalones iniciales. Lo interesante de esta complejidad geográfica es que muchos han venido, se han formado, han vuelto a sus ciudades con alguna propuesta de realizar alguna capacitación que a las administraciones les viene cada vez mejor para la formación de recursos humanos, para generar herramientas de administración. Se da una retroalimentación interesante. En lo que es administración, la Ciencia Política tiene muchas cosas para decir, con cualificaciones técnicas que van llegando, con lenguajes novedosos en las administraciones que suelen ser el reservorio de los diseños originales que han sido craneados en general por contadores y abogados.

–Se va moldeando un campo propio.
– Y sí. Una especie de capilaridad a partir de la cual determinadas cuestiones que van entrando en agenda, porque los discursos de la administración se van modernizando un poco a la fuerza desde Buenos Aires hacia el interior. Pero de a poco se va conociendo nuestra expertise y esto se logra con el laburo mismo, en la cotidiana. Por ejemplo, en Estadística, la especificidad del politólogo afina mucho mejor para observar estos datos para la función pública. O la comunicación política o institucional, campo en el que el aporte de los politólogos es clave para la dimensión política de un mensaje.

–La proximidad del 2023 muestra a un oficialismo peronista viendo cómo retiene el poder y a una oposición que se relame con chances ciertas de triunfo. En este escenario, ¿se convocan politólogos?
–Hay al respecto una serie de malas noticias. (María Eugenia) Vidal es politóloga; (Patricia) Bullrich es politóloga; Laura Alonso es politóloga. Lo que ha mostrado el PRO y el gobierno anterior es que no hay nada del registro profesional de un politólogo en esa gestión. Por el contrario, está la marca de la fuerte tercerización al poder empresarial, fundamentalmente en consultoría y comunicación. En la administración, en la demanda de cuadros técnicos puede haber más aportes de la politología. En lo que es la rosca, la parte más del certamen, de lo agónico, de la disputa, el modelo es la consultora, empresas que facturan fortunas y que están disfrazadas de organización sin fines de lucro, desde Cippec a Poder Ciudadano. Funciona un poco así, empresas que aparece como asociaciones civiles, que forman, capacitan, toman mano de obra muy barata egresada de las facultades de CABA y el Conurbano. Y todo eso puesto a trabajar en función de un discurso de la agenda de la administración de los 20 años que se vienen.

–¿Y los partidos políticos?
–Los partidos hoy no forman masa crítica de cuadros pensando estratégicamente. Eso no existe más. Lo que viene es en términos de sociología política, estructuras partidarias que son esquemas de disputa que piensan muy bien el corto plazo, en función de intereses políticos muy dispares, que usan profesionales en todo el espectro ideológico. Y luego son esos los recursos que de alguna manera saltan a la administración pública. Nosotros no tenemos la idea de generar estructura de consultoras que se disfrazan de otra cosa. Esa agenda viene bajada desde Buenos Aires y está presente. Acá queremos generar cuadros técnicos comprometidos con la realidad en las que les toca intervenir, que desplieguen ahí, que echen mano a todas las herramientas que les hemos dado, y con un nivel de compromiso situado en los problemas del territorio.

–¿Cómo piensan la investigación, la producción de conocimiento desde la Ciencia Política?
–Hemos tenido experiencias muy positivas en investigación y apostamos también a la extensión, pensar en politólogos y politólogas que trabajen en los problemas concretos del territorio, imaginando el abordaje de problemas desde la experiencia, la vivencia junto a los agentes, ahí. Queremos fortalecer la extensión que es una tradición de esta facultad. Esto no tiene que ver necesariamente con la capacitación a terceros, con la provisión de servicios científico-técnicos sino con abordar un problema, recrearlo, darle un cauce para que la sociedad tenga una respuesta de la universidad. Necesitas científicos encuadrados en lo que pide Conicet, con sus líneas de investigación priorizadas a nivel nacional. Pero por otro lado es interesante producir conocimiento en base a lo que se tiene enfrente, que sea valioso para el territorio, que la universidad le agregue valor a la región.

Fuente: Página Política
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