Un grupo de docentes que presentará lista para la elección de consejeros de Humanidades, ha manifestado su inspiración en las consignas de la Asamblea Interclaustros y la Toma del Rectorado que fueron puntales de la lucha por la normalización de la Uader.
“Para nosotros lo primero es reivindicar lo que fue la asamblea y la toma. Es nuestro punto de partida para convocar a los docentes, para afianzar un proyecto político académico para la facultad”, afirmó Juan Fraiman que remarcó que tal cosa implica tomar nota de “las características de la Facultad de Humanidades, una facultad complicada, dispersa, heterogénea, fragmentada”.
Laura Naput añade a esta descripción: “La Facultad tiene todos los niveles de formación docente, tiene escuelas primarias y medias que dependen de ella, está extendida en toda la provincia, tiene sedes en Concepción del Uruguay, en Gualeguaychú, en Concordia”.
No dan a conocer la lista porque “todavía no está definida” y “llegado el momento la definiremos en asamblea pero tenemos claro que no partimos de un nombre”, dijeron para diferenciarse de los otros espacios.
Al respecto, y consultados acerca de lo que está en debate en la elección de consejeros docentes, Naput afirmó: “Por ahora no se debate nada. Si las propuestas van a pasar por alto con qué principios y propuestas se identifican porque, en realidad lo que van a poner en debate son las personas, la política estará ausente”, dijo en una crítica al espacio que integra Angelina Uzín Olleros como una de las candidatas a decana. “Queremos que en esta primera escena democrática que tendrá nuestra facultad exista la posibilidad real de discutir políticas”, insistió Naput.
Nacionalización
“Cuando uno defiende la autonomía, no habla de una entelequia. Eso se expresa en conductas claras. Y en defensa de la autonomía y el cogobierno denunciamos el proyecto de nacionalización porque a esto la Universidad no lo discutió. Es un buen ejemplo de heteronomía”, criticó la docente.
“Aspiramos a tener un Consejo Directivo que no sea un espacio de gestión si no de discusión de políticas de formación para los docentes, de definición de la currícula, de líneas de investigación. Y esto supone proponer un modelo de gestión totalmente distinto”, dijo.
Al respecto, Naput, que ha sido consejera de la UNER, comparó el proceso distinto que atraviesa la Uader: “La Uader plantea desafíos muy interesantes, precisamente porque se trata de una universidad nueva. Recién ahora hay órganos de gobierno y me gustaría que estemos a la altura de las circunstancias. Esto implica no solo definir candidatos si no tener consciente que esos órganos de gobierno son los que tienen que definir las políticas académicas, las políticas de extensión, de investigación. Eso lamentablemente en otras universidades no sucede y los consejos directivos son órganos que resuelven lo que se decide en otro lado pero no deliberan”.
Concluyó en la comparación que “la Uader, por el propio proceso de lucha que implicó la normalización, tiene la posibilidad de constituir órganos de cogobierno en serio”.
Fraiman y Artucio se explayaron luego en la necesidad de que ese cogobierno se extienda en toda la red institucional de la Facultad, en los consejos de carreras disímiles, en una apuesta que busca, por un lado, descentralizar decisiones pero por el otro fortalecer el Consejo Directivo con las inquietudes y los debates de cada carrera que “no reclaman autonomía si no ser reconocidas”.
Autonomía
Consultados por la relación que postulan entre la Uader y la sociedad entrerriana, y a su vez con el Estado provincial, Fraiman marcó “la historia particular que se da con la Uader, en relación al Estado provincial”. “La Asamblea y la toma implicaron la lucha en función de la autonomía que quiere decir que la Uader no esté sujeta, coaccionada por los imperativos del gobierno de turno ni de ninguno de los poderes fácticos”, dijo Fraiman.
“De ningún modo la autonomía es sólo un derecho. Es responsabilidad social”, definió enfáticamente Naput. “De ninguna manera suponemos una Universidad aislada si no una Universidad responsable del rol social que tiene que cumplir en la región, con los hijos de trabajadores que forma, con los docentes, todos los docentes que forma. Vaya si no tenemos un rol central. Se trata de que lo discutamos en la universidad quienes somos parte de la sociedad entrerriana como lo somos los docentes, los estudiantes, los graduados, los no docentes”, añadió la licenciada en Historia.
“La autonomía no es sólo autarquía, no supone que la Universidad haga con sus recursos lo que le parezca. La autonomía es la condición de posibilidad de generar un conocimiento prometedor. Si la Universidad toma sus decisiones por intereses mezquinos, partidarios, sectoriales, por los intereses de una empresa, por las influencias de la iglesia católica, la Universidad está imposibilitada de producir algún cambio en la sociedad de la que forma parte. A la inversa, la autonomía, el cogobierno son condiciones de posibilidad de una Uader mucho más comprometida con su tiempo”, remarcó la docente.

