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La UNER reforma su estatuto con 150 propuestas en la mesa

El estatuto vigente es de los 80. Está en marcha una reforma global aunque en etapas, con la participación de comunidad universitaria. Sabella decidió no presentar una propuesta de la gestión pero tiene opinión. Cree que lo atinado sería “una reforma que lleve a la UNER por canales medios, consensuados por el 70, el 80% de la comunidad”.
Luz Alcain
Por: Luz Alcain
@luzalcain

Dos años antes de dar esta entrevista, exactamente, el 16 de marzo de 2018, Andrés Sabella presentaba su propuesta como candidato a rector en una asamblea de docentes, estudiantes y autoridades universitarias.

En ese marco expuso su pretensión de lograr un proceso de debate de la reforma del Estatuto de la Universidad Nacional de Entre Ríos (UNER). La norma data de mediados de los 80 pero que fue casi calcado del que en los 60 dictó para sí la Universidad Nacional del Litoral (UNL).

El 16 de marzo del 2020, Sabella puede dar cuenta de que el proceso está en marcha. El puntapié inicial lo dio el Consejo Superior en septiembre de 2019, aprobando la necesidad de la reforma. Una comisión ad hoc, con integración de todos los claustros, avanzó con una agenda de trabajo y definió algunas pautas acerca de cómo y cuándo.

Acerca del cómo, la decisión fue abrir el debate a la participación de la comunidad universitaria; acerca de cuándo se postuló la necesidad de plantear una reforma en etapas, esquema en el que se planificó la primera instancia para mediados del corriente año.

Tres días después de la entrevista, la Argentina entró en cuarentena por la pandemia de coronavirus, instancia que no es posible predecir hoy de qué modo podrá modificar los tiempos planteados. Pero la pretensión de la comunidad educativa, en principio, es lograr después de un año la segunda etapa de la reforma, más profunda y fruto de un proceso de debate más rico.

Oportunidad y condiciones

El Consejo Superior aprobó en septiembre la necesidad de la reforma. Había sido planteada por nota del rector al cuerpo, junto con la definición de cuatro objetivos para el proceso en marcha: 1) subsanar cuestiones formales que han generado interpretaciones, diatribas, inconducentes en el plano jurídico-institucional; 2) actualizar las normas que generan incoherencias, fundamentalmente las que se dan con los convenios colectivos de trabajo de docentes y de no docentes, convenios que son posteriores al estatuto de UNER; 3) posibilitar la integración de la Universidad, refuncionalizando los cometidos de los órganos de gobierno e incluso que se habilite deliberar en la posibilidad de contar con nuevos espacios; 4) adecuar a las nuevas concepciones que sobre las funciones universitarias se han venido debatiendo y propiciando en diversos foros, así como hacerse eco de los novedosos perfiles en el desempeño de ellas.

“El estatuto es de mediados de la década del ‘80. Pero es un estatuto que prácticamente toma como modelo el de la UNL. Este estatuto tuvo un par de pequeñas modificaciones, la última en 2004 cuando se aprobó la incorporación de los no docentes con voz y voto en los cuerpos colegiados y a los jefes de trabajos prácticos (JTP) en los consejos directivos”, repasó Sabella en diálogo con Página Política.

“Claramente, el estatuto es un estatuto que atiende a las necesidades que se plantearon en la década del 60, responde a la realidad social, educativa y política de los años 60. Hay que lograr una estructura legal que esté en consonancia con la realidad política, social, institucional del presente”, redondeó la idea el rector.

Acerca de la modalidad de debate de esta reforma, planteó: “Vamos por un camino complejo que es el camino que marcó la comisión ad hoc que es abrir a la comunidad universitaria el debate, que diga la comunidad universitaria qué quiere reformar”.

Para la primera etapa, a mediados de este año, se plantea una reforma en Consejo Superior y luego en Asamblea Universitaria que cumpla con los objetivos 1 y 2, asuntos formales que no suscitan mayor debate. La reforma que responda a los objetivos 3 y 4 son los que quedarán para una instancia de discusión más rico, que demandará más tiempo y cotejo de voces encontradas.

150 propuestas

El proceso en marcha, luego de una primera intervención de los consejos directivos de cada facultad y una sesión del Consejo Superior, avanza con 150 propuestas de diferente envergadura, desde textos que abarcan distintas temáticas hasta asuntos muy puntuales.

No hubo una propuesta de la gestión de Sabella aunque el personalmente y el equipo del Rectorado han aportado en sus ámbitos de discusión y elaboracion de propuestas. “Entre las 150 propuestas hay de todo, hay algunas que se repiten, otras que son absolutamente contradictorias, hay iniciativas inviables como la que propicia para el claustro estudiantil el 50% de la representación lo que contradice la Ley de Educación Superior. Ahora, los consejos directivos debatirán en base a un compilado de estas propuestas, opinarán sobre cada una de ellas, dirán las que seguirán en agenda y la prioridad que tienen”, repasó Sabella el proceso en curso.

Para la primera etapa de la reforma, se plantea dejar las propuestas vinculadas a “salvar errores, zonas poco claras del estatuto, asuntos que han generado conflictos, impugnaciones, planteos judiciales en la última elección de rector acerca de los requisitos para votar, por ejemplo. Son cuestiones formales que el Servicio Jurídico ha tenido que resolver con interpretaciones”.

Otra cuestión es la actualización de la norma con relación al régimen laboral de docentes y no docentes ya que los convenios colectivos de ambos sectores son posteriores al estatuto.

Asuntos de fondo

Para un año después quedaría la reforma de fondo, con las propuestas vinculadas al cogobierno, la representación y función de los claustros, el rol de las facultades, sus atribuciones, su relación y dinámica en el marco de la Universidad.

“No le escapamos a estos temas. Lo que sí es importante conocer qué grado de consenso hay para discutirlos”, tanteó el panorama Sabella que adelanta su criterio al respecto: “En la Argentina, en general, se hace difícil transitar por caminos medios y nos vamos de extremo a extremo. Cada uno que empieza a gestionar cree que debe ser fundacional”, apuntó y en este marco propuso “lograr una reforma que, además de ser consensuada, intente llevar a la organización por canales medios consensuados; no sería bueno forzar decisiones que no estén masticadas debidamente. Tal vez hay cuestiones que comparte el 51%, bueno, vayamos por modificaciones que comparta el 70, el 80% de la comunidad universitaria”.

Para Sabella, en el cúmulo de aspectos que implica la reforma, pone de relieve la necesidad de “repensar las funciones de los consejos directivos para dinamizar la organización, para darles el rol político que tienen que tener y evitar un poco el rol administrativo, burocrático”.

Además, adelantó un debate importante el torno al rol del claustro de graduados, de fuerte preponderancia en la vida institucional de las facultades -programas de estudio, necesidades de capacitación, posgrados, aportes en investigación y extensión-; aunque de dudosa relevancia en el Consejo Superior que define los destinos de la Universidad pero también de nueve facultades de disciplinas distintas a las del graduado que conoce, a lo sumo, acerca de la suya.

Finalmente, Sabella mostró interés en debatir una actualización del modelo de universidad. “Las universidades creadas después de 2000 tienen un modelo totalmente distinto. Son universidades en las que hay un Consejo Superior que marca claramente las políticas institucionales académicas, de investigación y extensión. Las facultades actúan en función de esos lineamientos establecidos institucionalmente por la Universidad”, describió. Puso como ejemplo la UNL que se ha agiornado al respecto, fortaleciendo la identidad de la Universidad a la que aportarían cada una de las facultades de la institución santafesina.

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