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Montiel, el radical que no hablaba de gasto público

Se cumplieron 10 años de la muerte del caudillo radical. Algunos apuntes acerca de las dificultades para recuperar su figura movilizando el debate político.
Luz Alcain
Por: Luz Alcain
@luzalcain

Ha pasado ya el día. 1 de noviembre de 2021. Se conmemora el 10º aniversario de la muerte de Sergio Montiel. Las evocaciones, a cargo de la dirigencia radical, eludieron los debates políticos que protagonizó el caudillo, sin atisbos de tibieza, tal como fue su estilo. El peronismo, por su parte, evitó referirse al aniversario de la muerte de quien ha sido, hasta el momento, su más duro contendiente.

En plena campaña electoral, bien podría haber sido Montiel motivo de rescate, de polémica, motor para la discusión política, oxígeno para el cruce de visiones respecto de políticas públicas. Pero no. Se prefirió “dejar en paz” la figura del dos veces gobernador. Recordar mirando el cuadro que lo representa en el Salón de los Gobernadores de la Casa Gris.

¿Por qué la inconveniencia de recordar a Montiel, más allá de la evocación sensiblera? En principio, no cabe dudas, traer al presente la figura del exgobernador, criticarla o destacar algún aspecto de su paso por la gestión pública, sería, en principio, ponerle a la campaña la pimienta que le falta, la pimienta que parece prohibida en el plato de la política electoral por estos tiempos.

Hay además un debate en torno al rol clave del Estado y al “gasto público”, tal como lo entendió el fundador de la Línea Radical de Entre Ríos, que complica las cosas en el escenario político, el actual y el de hace una década, o dos también.

A destiempo, su perspectiva intentó ser puesta en marcha cuando agonizaba la larga década de los noventa en la que el mandamiento menemista, continuado a rajatablas por el gobierno de la Alianza, dictaba que “nada de lo que deba ser estatal” permanecería en manos del Estado.

A contrapelo, en plena era de desguace de lo público, Montiel creó la Universidad Autónoma de Entre Ríos; inventó una tarjeta de crédito para los estatales que en los peores tiempos sólo cobraban por amparo judicial y en bonos federales, herramienta con la que además intentó auxiliar al comercio local porque el uso del plástico no estaba autorizado en empresas foráneas. En dos gestiones, sostuvo Líneas Aéreas del Estado (LAER); ensayó los primeros pasos a la fibra óptica con una empresa de telecomunicaciones; estatizó el Frigorífico Santa Elena; creó un medio de comunicación público, Canal 9; intentó el Laboratorio de Medicamentos; coló al Estado en un remate en el que no se lo esperaba para recuperar el Hotel Mayorazgo; defendió los recursos de la provincia y osó otorgarle al Banco Nación la función de agente financiero lo que lo llevó a un enfrentamiento con Domingo Cavallo, el rostro más representativo de esa “década” que arrancó en 1990 y explotó en 2001.

Además del vendaval de los tiempos del neoliberalismo, retomados sin ambages durante el gobierno de Cambiemos, Montiel tropezó con sus profundos errores políticos que hicieron naufragar varias de estas iniciativas. Sobran ejemplos para dar cuenta de la falta de un equipo de gestión que llevara las medidas planteadas a buen puerto. Pero además, su profundo antiperonismo y su desprecio por el sindicalismo estatal y docente, lo llevaron al despido de 4000 trabajadores, medida para la que no argumentó el “gasto público” sino, sin más, la revisión del pase a planta dispuesto luego de 12 años de gestiones peronistas que gobernaron bajo el imperio de una Ley de Emergencia.

Otro ejemplo: la eliminación de los códigos de descuento de financieras y mutuales, puso a salvo de la usura al salario de estatales, docentes, policías. En la volada, aprovechó a hacer caer los aportes sindicales y las cuotas a las mutuales gremiales, medida que ahogó a las organizaciones más importantes para los trabajadores.

Tanto era su desprecio por las columnas que movilizaban en reclamo de salarios frente a Casa de Gobierno que se confundían los tantos a uno y otro lado del pórtico de la sede gubernamental. Afuera, se recriminaba al gobierno que no cerrara LAER, empresa a la que se consideraba “un despilfarro” cuando en los hospitales no había “ni para curitas”. Afuera, unos meses después, todos los manifestantes se ponían en el pecho la tirita celeste y blanca que rezaba “Todos Somos Aerolíneas Argentinas y Austral” ante un eventual cierre de la línea de bandera. Su modo de dividir las aguas en el mapa político, impide aún hoy una recuperación de algunos ejes de su tiempo que podrían ser disparadores del debate político.

Se cumplieron diez años del fallecimiento de Sergio Montiel. La dirigencia política no produjo nuevos sentidos en torno a quien fue dos veces gobernador de la provincia. Desentonó profundamente con el neoliberalismo que fue voz única durante su segundo mandato. Desentona hoy también con las consignas de su partido, aliado del PRO en Juntos por el Cambio.

En oportunidad de fundar la necesidad de crear una Universidad entrerriana, apuntaba: “Sabemos que en este mundo en que vivimos aparecen contrapuestas dos esenciales posiciones, la de los que creen en la gente y lo traducen en la democracia; y los que creen en la ganancia y lo traducen en el mercado”, decía Montiel y convocaba a “no sujetar nuestra vida a intereses de un mercado que nos señala como prioridad absoluta el ganar dinero aun a costa de la dignidad de la gente”. Un mensaje absolutamente inaudible para los actores del tablero político tal como se muestra hoy, a dos semanas de las elecciones.

Fuente: Página Política

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