A la cabeza de la lista de diputados nacionales de Juntos por Entre Ríos, Rogelio Frigerio se imponía en 2021 con una diferencia de 23 puntos sobre el peronismo de Gustavo Bordet. Era la primera vez que no hacía campaña para otro, sino para sí mismo, y el resultado lo posicionaba como el siguiente gobernador.
El contundente triunfo en aquellas elecciones de medio término hacía pensar que la continuidad peronista de dos décadas (Jorge Busti – Sergio Urribarri – Gustavo Bordet) llegaba a su fin. Los sondeos posteriores alimentaban la idea de que Frigerio arribaría con comodidad al poder, con una diferencia cercana a los 20 puntos, porque el peronismo venía, con Alberto Fernández y Cristina Kirchner, de hacer su peor gobierno nacional.
Se suponía que a fin de separarse de un gobierno nacional sin proyecto claro, paralizado por una interna expuesta y que en el último tramo aceleraba la inflación con Sergio Massa en su doble rol de ministro de Economía y candidato, Bordet desdoblaría las elecciones. Frigerio se sorprendió cuando, llegado el momento, el último gobernador peronista no convocó a elecciones provinciales y ató la suerte del candidato Adán Bahl a la del inflacionario Massa.
Pero en esa jugada de riesgo los peronistas entrerrianos estaban honrando su probada astucia para definir estrategias electorales. Acertaron al apostar a que, en una elección simultánea con boleta partidaria sábana, el emergente Javier Milei arrastraría a su candidato a gobernador, Sebastián Etchevehere, lo suficiente como para restarle muchos votos por derecha a Frigerio. Efectivamente fueron muchos. Y de casualidad no alcanzaron para lograr la continuidad del peronismo en el gobierno. Frigerio no ganó por 20 puntos sino apenas por 2.
Así arrancó Frigerio. Llegó con lo justo, con mucho menos de lo esperado. Y su gobierno fue, en muchos sentidos, mucho menos de lo que muchos esperaban. Centralmente, porque le tocó gobernar en un contexto de inédito desfinanciamiento a las provincias y fuerte retracción económica derivada del inclemente ajuste del primer y único gobierno libertario de la historia mundial. No tuvo pandemia, pero tuvo motosierra mileista.
En esa situación de debilidad, su estrategia fue siempre el apoyo. La confrontación nunca había sido lo suyo y mucho menos lo sería en un contexto tan extraño. Después de todo, Milei venía a hacer más o menos lo mismo que Mauricio Macri, pero sin gradualismo. Había una coincidencia de fondo.
Con más o menos grado de alineamiento, Frigerio nunca dejó de comportarse como un gobernador aliado a la Casa Rosada, aun cuando el pago por esa lealtad tardara en llegar, a cuentagotas. Y aun cuando esas coincidencias no le impidieran recurrir a la vía judicial para reclamar a la nación. Es emblemático, en este sentido, el planteo para que Anses cumpla con su parte en cubrir el déficit de la Caja de Jubilaciones de la provincia, el mayor desequilibrio de las cuentas públicas provinciales que ninguno de los gobernadores de este siglo se atrevió a corregir.
Supervivencia
Llegada la prueba electoral de mitad de mandato, Frigerio optó por la supervivencia. Al aliarse a LLA evitó el riesgo de una derrota en un escenario de tercios con votos compartidos. Y le salió bien: dos de los tres tercios de 2023 (el 41,6% de Juntos por Entre Ríos más el 18,8% de LLA) se unieron para polarizar con el tercio restante (el 39,4% del Peronismo). La suma de JxER y LLA de 2023 trepaba al 60%. Aliados, en 2025 retuvieron el 53%.
El precio de esa alianza fue un marcado retroceso en la representación de Juntos por Entre Ríos en el Congreso de la Nación.
El dato más fuerte, en este sentido, fue haberse quedado sin senadores propios que respondan al gobernador en una eventual tensión con la Casa Rosada.
Frigerio aceptó todo. Era eso o el riesgo de una derrota a mitad de mandato. Podría decir que si jugaba en un escenario de tercios y perdía, también se quedaba sin senadores. Pero decirlo sería asumir que podía salir tercero.
Como corresponde a un gobernador en ejercicio, Frigerio es el político más importante de la provincia. No sólo por los resortes de poder que maneja, sino porque es el que, por sí solo, reúne más votos. Tanto fue así, que en la campaña de ALLA ocupó un lugar central. Los candidatos, ignotos a su lado, lo secundaban en los afiches.
Sin embargo, el particular escenario electoral de Entre Ríos le hacía correr el riesgo de quedar tercero si no se unía a Milei.
Frigerio llegó al poder con lo justo porque en el camino le creció un competidor por derecha del orden nacional que le restó votos gracias a la simultaneidad electoral y a que todavía existía la boleta sábana partidaria. Gobernó con lo justo en medio de la escasez por el inédito recorte que desde el poder central aplicó el competidor por derecha que lidera, cada vez con mayor comodidad, todo lo que está desde la más extrema derecha hacia el centro.
Frigerio contribuyó a ese dominio con su aporte de campaña y con gestos muy concretos, como pedirle a su diputado nacional más cercano que haga el sacrificio de sumarse al bloque de LLA para darle a Milei la primera minoría.
Tiene, por ahora, la suerte de estar solo en la provincia. Mientras el peronismo siga hundido en su crisis; desarticulado, sin liderazgos emergentes, con la brújula rota para volver a representar a una mayoría, seguirá, como en 2021, siendo el favorito para la próxima pelea por la gobernación. No se atisban obstáculos en el camino de su reelección.
No parece que en dos años los libertarios logren construir un candidato a la gobernación que pueda pelearle un mano a mano en una elección desdoblada, sea porque en 2027 se vote en fechas distintas o por el desdoblamiento de hecho que en una elección concurrente impondrá –por primera vez en la historia– el uso de la BUP tanto para cargos nacionales como para provinciales.
ALLA tiene razones para reeditarse en 2027. Si en la reciente intermedia el peronismo logró retener casi todo el caudal de 2023 (sumadas las cuatro listas lo supera) bien puede volverse más competitivo en un escenario de tercios en el que se disputen cargos ejecutivos en cada localidad de la provincia. Dependerá, antes que nada, de cómo le vaya a Milei. Y, claro, también a Frigerio.
Fuente: Página Política





