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Bordet, Frigerio y el centro

El Gobernador y el ex ministro del Interior se preparan para el 2023 con el olfato en su tierra. El tono del escándalo del espionaje ilegal como hoja de ruta. Identidades y algo más.

El caso del espionaje ilegal pareció ser el inicio de la campaña electoral. Y lo fue, pero no con el impacto imaginado. No porque el tema no lo amerite, sino porque quienes ponen el capital político son las dos figuras más importantes de uno y otro rincón del ring: Gustavo Bordet y Rogelio Frigerio.

Fue el Gobernador y el dirigente más taquillero de la oposición quienes le pusieron un tope a la polémica en torno a una maniobra que la justicia investiga.

Más allá de los hechos, los actores y el contexto, los dos hombres de quienes dependió la gobernabilidad en los últimos años en la provincia leen el mismo libreto electoral. Entre Ríos forma parte de esa franja que se pintó de amarillo, junto con Santa Fe y Córdoba, en las elecciones nacionales de 2019. Bordet, Omar Perotti y Juan Schiaretti se impusieron con un frente justicialista  en elecciones desdobladas.

La atención en el centro es lo que han elegido el mandatario y el ex ministro del Interior. No pensando en las elecciones legislativas, sino en el plano de identidades que se perfilan para el 2023. Cuando en Paraná se pintaba en la calle “Bordet igual Macri”, el Gobernador se alzó con casi el 58 por ciento de los votos en una elección netamente entrerriana. Meses después, con otro contexto, otros candidatos y una campaña permanentemente televisada, el peronismo perdió. El periodista Pablo Bizai, de Página Política, escribió hace dos semanas, antes que estalle el escándalo de los espiados, la siguiente nota:

El documento del PJ que preside Bordet responsabilizó a Frigerio. Fue la parte testimonial de la trama que sucedió la semana pasada. Lo que indica el manual. Pegar. Pero lo identitario llegó en boca de Laura Stratta, que apeló a la idea de “republicanismo”, concepto del que se jacta la oposición y que sólo tiene su anclaje en el electorado moderado. El del centro.

Antes, Enrique Cresto y Edgardo Kueider evitaron cargar las tintas contra el ex ministro y candidato, quien durante los últimos años se sentó con ellos para negociar alguna ley en el Congreso o fondos para la provincia. El director del Enosha y Stratta tiene las mismas pretensiones que Frigerio. El senador expresa siempre al Gobernador.

El endurecimiento del peronismo tendría como consecuencia inmediata un corrimiento a uno de los rincones del ring y descuidar ese centro. Quizás por eso el documento del PJ no llevó firma. Tampoco hubo expresiones kirchneristas estampadas en algún texto, excepto el proyecto de comunicación de Blanca Osuna.

La seguridad es un tema que cala en provincia de Buenos Aires y tiene capacidad de perforar cualquier número en un trabajo de opinión pública. La seguridad, también, es un tema que debería afrontárselo desde una plataforma teórica e ideológica que dirima entre los que comen todos los días y los que no. Sergio Berni no es de ese palo. Su perfil encajaría perfecto en el gabinete de Jair Bolsonaro, aunque él diga que su única jefa es Cristina Kirchner. ¿La vicepresidenta llamará a su soldado para ponerlo en caja cuando dice las barbaridades que dice en televisión? Los silencios también son tácticos en la meca del kirchnerismno.

Frigerio no motorizó ninguna de las movilizaciones “libertarias” en el marco de la pandemia. Prefirió el perfil bajo en el caso Etchevehere y Grabois. Evitó embanderarse con el “abran ya las aulas” que promovió el ala dura de su coalición que encabezan Macri y Patricia Bullrich. Es que el ex ministro del Interior se apronta para pelear en Entre Ríos.

Según supo Página Política, existe una idea de sentar en una mesa a un equipo de Bordet y otro de Frigerio para empezar a conversar un acuerdo político en torno a una reforma al sistema previsional. “Si coincidimos que esto no puede esperar, hagásmolo, y pongamos la cara todos”, comentó un frigerista.

Cuando se conoció la semana pasada que el cronograma de audiencias del primer juicio de Sergio Urribarri sería durante septiembre y octubre, es decir en el momento más álgido de la campaña, la única voz que se escuchó fue la del imputado. La del propio embajador en Israel y Chipre. Y fue para decir que será el momento para demostrar su inocencia. Nada denuncias del cualquier por parte del oficialismo sobre la ejecución de un lawfare o poniendo en dudas las fechas para favorecer a la oposición en un contexto electoral. Como se contó en la siguiente nota, los discursos de Alberto Fernández y el alegato de Cristina no motivaron a Urribarri a reaccionar de manera diferente de como lo hizo:

Llamó la atención que la noticia de Urribarri no haya tenido el impacto, por su embestidura diplomática, en los medios nacionales como sí la tuvo el supuesto “vacunatorio vip” que habría implementado Martín Piaggio.

Israel está lejos. Gualeguaychú muy cerca.

Fuente: Página Política
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