Está por verse qué tanto puede inspirar este documental el presente del radicalismo, enfrascado en una interna y con expectativas de retornar al poder de la mano de Juntos por el Cambio. Pero lo cierto es que por estos días, circula entre la dirigencia del partido de Hipólito Yrigoyen el link al video que recupera la historia del movimiento juvenil que se organizó en torno a la figura de Raúl Alfonsín.
El audiovisual se titula La mejor juventud y es una realización de la Fundación Alem que rescata los testimonios de quienes hoy siguen siendo dirigentes claves y que rondan los 65, 70 años. Aparece allí el exdiputado y excandidato a gobernador, Ricardo Lafferriere, junto a otros como Mario Negri y Marcelo Stubrin (que se conocieron con Lafferriere en Nogoyá), Enrique Coti Nosiglia, Lilia Puig, Laura Musa, Jesús Rodríguez, Federico Storani y Facundo Suárez Lastra.
El trabajo repasa los orígenes de esta expresión de la juventud radical, nacida tras la conmoción por el derrocamiento de Arturo Umberto Illia, en 1966, y testigo luego de la experiencia del Cordobazo. En dictadura, y con un escenario político marcado por el exilio del líder del peronismo, motorizaban el reclamo de “elecciones limpias, sin proscripciones ni condicionamientos”.
Los entrevistados dan cuenta de su experiencia política, transitada especialmente en la Universidad, cuando aún no portaban el nombre de Franja Morada. En los 70, militaron el rechazo a la violencia política, que crecía como opción entre la juventud peronista y en sectores de izquierda. Argumentaban en favor de “la vocación mayoritaria” del radicalismo frente a las organizaciones armadas a las que se tildaba de vanguardia sin lazo con la comunidad.
Suárez Lastra elige un lugar particular para poner a la juventud radical en perspectiva histórica: “Queríamos un país hacia adelante. Éramos una fuerza superadora. Que reemplazara a la generación del 80, que ampliara pero que no destruya”. Reconocen coincidencias con el socialismo argentino en la decisión de “abrazar la causa de la democracia”.
El documental da cuenta luego del devenir en tiempos del Terrorismo de Estado, iniciado en 1976, con las sedes partidarias que no fueron confiscadas como había sucedido antes, durante los tiempos de Juan Carlos Onganía. Se recuerda el crimen del dirigente Sergio Karakachoff y la muerte en prisión, tras las torturas, de Mario Amaya.
Se enfoca en el estilo de liderazgo de Alfonsín, de la “voracidad intelectual” leyendo teóricos democristianos y socialistas europeos. Se repasa el rechazo rotundo del dirigente a la Guerra de Malvinas cuando el fervor patriótico ganaba cada vez más adeptos en el país.
El trabajo desemboca en el arribo a la democracia en la Argentina, con Alfonsín como referencia ineludible para encarnar esa etapa. La democracia, así, sin vueltas, era toda la promesa. “El principio de toda solución”, argumentaba la juventud. Y el Juicio a las Juntas, que nadie esperaba en serio que pudiera concretarse, era la utopía de una nueva etapa en el país.
El documental circula entre la dirigencia radical por estas horas. Comparten en redes sociales o por Whatsapp el vínculo al canal de youtube de la Fundación Alem. No sin un dejo de nostalgia de la propia juventud y de una democracia en ciernes que linkea con el discurso de Alfonsín, con “el rezo laico, la oración patriótica” del Preámbulo de la Constitución. Nostalgia que arriba con un pasado que aparece como irremediablemente allí, en el pasado. Podría ser visto de otra manera, con atisbos de ir en recupero de viejas experiencias. Pero no parece.
“La gente hacía largas colas frente a los comité para afiliarse al partido de Alfonsín”, aseguran los entrevistados en el documental. Hoy, en una democracia que cumple 40 años,
el radicalismo recupera poder de convocatoria. Transita una etapa en alianza con la centroderecha. Traduce en el presente, como puede, su propia historia.

