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La voluntad de ganar

La figura de Varisco representó hasta el último día una forma de hacer política. Pese a haber integrado una alianza “moderna” simpatizó con el vecino como lo enseñó la tradición partidaria.

Cuando se habla de la vieja política es, básicamente, una crítica a la misma. Los principales voceros de esa consigna, la de renovar la práctica política, han sido en buena medida sectores que no provienen de una tradición partidaria.

El fallecimiento de Sergio Varisco y la despedida de militantes, amigos y familiares coinciden en subrayar la vocación del dirigente que le dedicó las 24 horas de los 365 días del año a eso: la política. De la vieja.

La peor etapa de su carrera, la última, no le impidió caminar diariamente por la calle y recorrer cada rincón de la ciudad. Era interesante observar en un dirigente acosado por causas judiciales empalagosamente reproducidas en los medios locales y nacionales que podía mostrarse entre los vecinos sin inconvenientes. Más aún en momentos en los que el desprecio por la dirigencia es general.

Transitó la política sin guardaespaldas ni voluptuosos equipos de prensa con fotógrafos, escribas, asesores en redes. Una tarde, llegando a la casa de su madre, se encontró con un par de muchachos que lo empujaron y lo dejaron tirado en el suelo. Iba solo. Las especulaciones por su estado de salud en diciembre de 2018 hicieron dudar a la clase política sobre un posible abandono. No pasó ni cerca. Recorrió la ciudad, hizo caminatas y caravanas. Todas las actividades parecían una foto en sepia de la política. El candidato, en una camioneta, saludando a los vecinos. Bombos, pancartas y, al cierre, algún imprevisto de tinte policial.

La capacidad de movilización disimuló todos estos años las vetustas estrategias comunicacionales y la casi nula presencia en las redes sociales. Conociendo la ciudad como ninguno de los otros candidatos, la caminó en pleno hasta que se encontró con la derrota de las PASO.

Varisco debió enfrentar su peor momento político y personal en el más notorio silencio de su partido. Mientras su imagen era la portada de la prensa nacional, el presidente Comité Nacional de la UCR, el ex radical K, Alfredo Cornejo, decidió suspender la filiación del entonces intendente. Pero el radicalismo entrerriano no se animó a avanzar con el dirigente que más votos aportaba al partido y a Cambiemos en toda la provincia. Sin tener una condena, el Partido Socialista le pidió que renuncie a la Intendencia. Sus socios, que supieron servirse de la maquinaria electoral varisquista con cargos en el Concejo Deliberante, no esperaron una sentencia para sacar algún rédito en la feria de vanidades.

Hubo presión para que renunciara, pero Varisco no hizo lugar. Hubo, también, una propuesta indecente del gobierno nacional (o sea la nueva política), que consistió en entregar al concejal Pablo Hernández y a la secretaria de Seguridad, Griselda Bordeira, a cambio de salir ileso en la causa de narcotráfico. Se negó.

Estaba destinado a suceder a Sergio Montiel, como escribió el colega Pablo Bizai. La muerte del último gobernador radical sometió al partido a un largo recorrido de derrotas estrepitosas. Todos esos años oscuros para el centenario partido tuvieron a Varisco haciendo lo imposible para volver a la Municipalidad de Paraná. Apeló a lo peor para conseguir los recursos y sostener una estructura capaz de parársele al lado al peronismo estatal, de los recursos. Ganar o ganar. Como sea y con quien sea. Todo lo demás, que no fuera su boleta, era secundario. Podría sintetizarse a Varisco como “la voluntad de ganar”.

En 2015 vio la luz y la posibilidad de triunfo en la capital mientras su partido se resignaba a ser el furgón de cola de una propuesta que encabezaron un grupo de ceos que no venían de ninguna tradición política.

Varisco sintió que esta vez le iba el traje de ganador. Al de perdedor se lo venía poniendo desde el 2003 para enfrentar a Jorge Busti, con quien perdió por 10 puntos (44 a 34) en una elección que a nivel nacional le dio a Leopoldo Moreau sólo el 3 por ciento de los votos como candidato a presidente.

El fallecido dirigente expresó lo viejo de la alianza Cambiemos. Desde su estética hasta las formas de hacer política. Un referente del PRO ligado a Emanuel Gainza le contó a Página Política que en plena campaña cuando se cruzaban trabajos de opinión pública, el perfil del votante de Gainza era similar al de Adán Bahl, e incluso desde la tribu amarilla acusaban a los peronistas de copiarle la campaña.

Varisco hizo hasta el último día de vida, lo que quiso: política.

Fuente: Página Política
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