Frente para la Victoria (FpV)
Un voto a la lista que encabezan Pedro Guastavino y José Lauritto es un voto a Urribarri. El Gobernador es el gran elector del oficialismo, que busca en estos comicios plebiscitar su gestión y aumentar los 20 puntos de diferencia sobre la oposición que, por comparación con el contexto nacional, en las PASO de agosto proyectaron a Sergio Urribarri como un posible sucesor de Cristina Fernández en 2015. La afirmación de ese “Sueño entrerriano”, como lo presenta la campaña del oficialismo, le permitiría además al gobernador ordenar la interna que se desatará en los siguientes dos años para sucederlo al frente del Poder Ejecutivo provincial, donde no tiene reelección.
En términos de representación legislativa, un voto al oficialismo implica consolidar la hegemonía del PJ entrerriano, que con repetir la elección de agosto se estaría quedando con dos de las tras bancas para el Senado y tres de las cinco para Diputados. Ante las posibles fugas que el oficialismo podría sufrir en el Congreso tras las elecciones, Urribarri garantiza «soldados» de la presidenta Cristina.
Unión por Entre Ríos (UPER)
Un voto a la lista que encabeza Alfredo De Angeli es un aval a una figura nueva en la arena política entrerriana y, al mismo tiempo al resurgimiento del más antiguo y tradicional liderazgo dentro del peronismo provincial, que expresa su socio político, el tres veces gobernador Jorge Busti, con su esposa Cristina Cremer a la cabeza de la lista de diputados.
En las PASO consiguieron desplazar a la UCR de su lugar de segunda fuerza electoral y si ahora mantienen o consolidan esa posición, Entre Ríos tendrá una representación en Congreso dominada por el peronismo, en sus dos versiones, oficialista y opositora. De Angeli es candidato de PRO, pero ha dicho que no tiene definido que bloque político integrará en el Senado en caso de resultar electo.
Por ahora la alianza De Angeli-Busti se presenta como transitoria, pero un buen resultado podría consolidarla como opción para 2015.
Unión Cívica Radical (UCR)
Un voto por la lista 3 es, ante todo, un aval al radicalismo como fuerza provincial que, a pesar de haberse ubicado en tercer lugar en las PASO, recuperó caudal de votos respecto a elecciones anteriores, en las que venía perdiendo de modo sostenido su potencial de fuerza alternativa.
También implica un respaldo al liderazgo de Atilio Benedetti dentro del centenario partido, ya que la lista de candidatos expresa sólo a su sector interno. En disputa por el segundo lugar con UPER, para su proyección política Benedetti necesita ganarle la pulseada a De Angeli y evitar pasar a la historia como quien, por primera vez desde 1983, hizo perder al partido la representación radical en el Senado nacional.
Por fuera de la siempre viva interna radical, un voto a la UCR implica, como lo decía el eslogan de campaña para las PASO, una apuesta al “equilibrio” en la representación política, dominada por el peronismo en sus distintas versiones que -advierten los radicales- podrían unificarse en el pos kirchnerismo y, como se ha visto con las reunificaciones en la provincia, acentuar la composición monocolor en el parlamento.
Frente Amplio Progresista (FAP)
Si de ampliar y equilibrar el cuadro de representación política se trata, un voto a los seguidores de Hermes Binner y Margatita Stolbizer en Entre Ríos es otra alternativa. Aunque con la perspectiva del voto útil, la apuesta al FAP como una variante de contrapeso político es más arriesgada: necesitan crecer unos cuatro o cinco puntos respecto a lo obtenido en las PASO y que el oficialismo decaiga en número de votos para aspirar a llevar un diputado nacional.
En cualquier caso, un voto por el FAP permitiría a este frente del Partido Socialista y el GEN posicionarse como una opción política que critica al kirchnerismo pero desde el progresismo, rescatando y avalando muchas de las medidas más socialmente transformadoras de la década.
Nueva Izquierda
Muy lejos de cualquier expectativa realista de obtener una banca, aquí la mera presencia de esta lista en las elecciones generales supone un objetivo de crecimiento alcanzado y superado en las PASO, cuando la ley le exigía un piso de votos del 1.5% del padrón electoral. Ahora el desafío de mínima es retener los votos de agosto (puede que varios hayan sido sólo para permitirle su presencia en octubre) y, naturalmente, crecer para posicionarse como una opción política que en varios aspectos plantea una agenda distinta a la de las fuerzas mayoritarias.

