Si no fuera porque lo acusa el almanaque, nadie con cierta experiencia en procesos electorales que llegara hoy a la provincia podría afirmar que tras este fin de semana largo, Entre Ríos ingresa en los últimos diez días de una campaña electoral. Cuesta encontrar antecedentes de una campaña tan anodina como esta, en la que el habitual desinterés del grueso de los ciudadanos parece haber contagiado a la mayoría de los candidatos, que se han mostrado poco dados al debate político y a la difusión de sus propuestas.
Quizá la razón haya que buscarla en que esta es la primera elección legislativa precedida de unas elecciones primarias que, ya en agosto, dejaron la idea de que la suerte estaba echada y que poco y nada podía cambiar para octubre.
En este contexto, la principal tensión del proceso está en la disputa del voto opositor que plantean Unión por Entre Ríos -el frente entre el PRO y el peronismo opositor que impulsa la postulación del ruralista Alfredo De Angeli y de la diputada Cristina Cremer, esposa del ex gobernador Jorge Busti- con la UCR, que después de muchos años se presenta sin aliados. En las PASO, De Angeli desplazó con claridad al radical Atilio Benedetti en la puja por ocupar la banca del senador por la minoría y hubo un virtual empate entre ambas propuestas para la categoría de diputados nacionales. En definitiva, quedó abierta la definición por el segundo lugar.
También genera cierta expectativa la posibilidad de que el Frente Amplio Progresista (FAP) crezca unos puntos y alcance a ocupar una de las cinco bancas de diputados en juego, que en el sistema de distribución proporcional se la estaría restando a las tres que obtendría el oficialismo si se repitiesen los resultados de las PASO.
Esas son las principales definiciones que se esperan para el domingo 27, pero no las únicas.
Motivaciones
Al Frente para la Victoria no lo conforma los 40 puntos obtenidos en las PASO, que estuvieron bastante por debajo de las expectativas que se había creado en el propio oficialismo. Confían en que un mayor compromiso de referentes que no pusieron todo lo que podían en agosto les permitirá remontar esa proporción para apuntalar el “sueño entrerriano” de una proyección nacional del gobernador Sergio Urribarri. Sería un duro golpe para el oficialismo perder una de las tres bancas de diputados que Entre Ríos estaría en condiciones de sumar hoy para Cristina Fernández.
Con una interna en ciernes, que muchos esperan que se eche a rodar el 27 a la noche por la sucesión de Urribarri (que no puede ser reelecto), a ningún referente del PJ le conviene en principio hacer una mala elección en su territorio, sea cual fuere su grado de compromiso y lealtad con el Gobernador y su proyección nacional.
En algún plano es una lógica similar a la que alienta a Benedetti en la UCR para retener la representación en el Senado de la Nación que desde 1983 mantiene el radicalismo de Entre Ríos y que hoy está perdiendo a manos de De Angeli. En este caso, está claro, el desafió es más complejo para el radical, que está muy lejos de ostentar un liderazgo hegemónico dentro de la siempre irresuelta interna de su partido. Pero, en principio, tampoco a ningún radical le conviene quedar tercero en su territorio y desde ese lugar construir para 2015. Explican que en agosto muchos referentes no se movieron porque no había interna sino una lista única, que ni siquiera era una lista de unidad porque representaba sólo a un sector y que ahora es distinto porque cada jefe territorial juega su propio futuro.
Antes de que las PASO definieran el escenario electoral de Entre Ríos se especulaba que, en la puja por el segundo lugar, sólo servía una ventaja contundente del segundo sobre el tercero. Se creía que de ese modo se podría captar una amplia franja del electorado opositor que, sin una identidad política definida, sólo buscara la alternativa que le garantizara mayor poder de fuego contra el gobierno.
Eso no ocurrió y, con una diferencia no tan amplia a favor de De Angeli, la UCR busca convencer a ese sector del electorado diciéndole que es la auténtica oposición; que del otro lado está Busti (recuerdan que sus intendentes y legisladores volvieron al PJ de Urribarri luego de ser electos como opositores) y que De Angeli no tiene un pensamiento político definido y podría terminar jugando con el kirchnerismo o con lo que venga después en el peronismo. Naturalmente, los radicales evitan mencionar que en junio lo esperaron hasta último momento para cerrar un acuerdo electoral.
Lo que define
Suponiendo que el partido radical despierte de la modorra de agosto, el segundo lugar se estaría definiendo entre los votos que pueda juntar una estructura partidaria revitalizada y lo que pueda seguir sumando la mediática figura de De Angeli, con el aporte que ahora promete el bustismo para fiscalizar la elección.
Lo demás, es secundario: la reciente historia electoral de Entre Ríos ha demostrado que poco importa al grueso del electorado que Busti se acerque a Massa y que eso choque con el alineamiento de De Angeli con Macri, o que el jefe del gobierno porteño apoye las pasteras en contra de la posición de Unión por Entre Ríos, entre otras incoherencias propias de un frente multicolor y sin historia común. Tampoco que los radicales cuestionen tanto hoy a De Angeli cuando a mitad de año lo buscaron para cerrar un acuerdo electoral.
En los trazos gruesos de la elección la suerte parece haberse echado en agosto y lo que queda por resolver puede resultar poco, pero no es menor en términos de definición del escenario político provincial. No es lo mismo que la minoría sea para la UCR o para un candidato de PRO y el peronismo opositor, y tampoco que el FAP asome o no como una fuerza alternativa en Entre Ríos.

